En el presente, la realidad tiene menos relación con los hechos que con las redes globales de información que se usan para validar un mensaje o una afirmación. Por lo que la verdad y la manipulación de ella están presentes en las tecnologías que se consumen diariamente. Un retroceso hacia la ficcionalización de las narrativas que pueden ser construidas para la creación de la verdad, de múltiples verdades que llevan a los sujetos a creer que existe realmente toda una construcción a la que le otorgan sentido y sobre la que completan las piezas faltantes en búsqueda de un propósito efímero. Es aquella necesidad de coherencia por la que, incluso si hay errores en el relato, se busca completar todo lo faltante y no caer en la incoherencia consigo mismo.
Todo esto, en sí, llega a ser una simulación; la simulación a través de una realidad alterna, de un conjunto de preceptos construidos, de un conjunto de relatos que están organizados para crear un sentido impuesto por un otro. Entonces, la realidad alterada donde se ejerce el poder es imperceptible, porque está moldeada y se moldea continuamente para que los sujetos no perciban que están condicionados completamente a múltiples realidades útiles para quienes comprenden el funcionamiento del poder.
En la línea del tiempo, los sujetos están mirando el pasado con nostalgia, esperando el futuro con ansia y olvidando siempre el presente, porque es ahí donde se ejecutan y desarrollan las consecuencias del poder pasado. Así, los sujetos no tienen ninguna oportunidad para reflexionar y pensar su condición, porque no están nunca en el presente de las consecuencias. Y si alguien o algunos procuran enfrentar el presente, sus afirmaciones son absorbidas como parte de las múltiples meta-narrativas; son convertidas en puntos de vista, en opiniones, en teorías conspirativas. Y cuando se crea una teoría conspirativa, también se crea una posición escéptica que la niega y que la ridiculiza frente al resto de opiniones, convirtiéndola en una de muchas, tan igual y sin valor destacable como las ideas más disparatadas de quienes viven en el pasado o solo en el futuro alterno.
Aquel paso del sujeto autónomo de la Ilustración al sujeto deconstruido del postmodernismo actual ha sido posibilitado por la creación de múltiples realidades que desnaturalizan al sujeto, quitándole identidad e imponiéndole múltiples identidades confusas, antitéticas e incoherentes, llevándolo a un sinsentido existencial.
Debido a que existe esta saturación de datos constantes frente al individuo, este no puede razonar, no puede criticar, no puede construir nexos causales y relaciones que den sentido a la estructura de manipulación. La no existencia de centros de autoridad y autoridades ad omnes permite que la vulgarización de toda la información cree verdades solo por la fuerza de la repetición y el número, no por su lógica interna referida a la exposición de hechos constatables.
Así, todo espacio de tiempo está ocupado por un múltiples fragmentos dispersos de otras realidades, de otras verdades; además, el movimiento de este mar de informaciones termina fluyendo, transformándose y distorsionándose. Ahora, todas las imágenes pueden crearse como las narraciones. Es una infinitud de significados y hechos aislados que son forzados a crear burbujas temporales para grupos e individuos, según el interés que exista.
A nuestro alrededor no existen órdenes como en tiempos de los viejos fascistas italianos o de los bolcheviques rusos; lo que existe hoy son formas sutiles de manipulación que condicionan nuestras respuestas. Pre-suasión, diría Robert Cialdini. Sin embargo, es la aplicación de la tercera cara del poder estudiada por Steven Lukes la que se usa para moldear los deseos y las percepciones que más adelante afirman nuestros deseos más profundos. Por lo cual, cuando se logra preestablecer los gustos del individuo, ya no hay que argumentar nada; solo disponer todas las opciones de las que el individuo cree escoger según un ilusorio libre albedrío.
Por lo que el individuo no solo está atrapado en un mar de datos confuso, sino que las opciones han sido preestablecidas para que cualquier elección sea favorable a otros intereses, nunca al suyo. Y así como somos aún mamíferos condicionados por nuestro cerebro primario, y porque consumimos más energía cuando pensamos lentamente para analizar los datos, es que somos fácilmente engañados por el uso rápido de nuestro cerebro, aquella mecanicidad que nos permite ahorrar energía, pero que nos expone vulnerablemente al engaño y la manipulación.
Por ello consumimos; consumimos porque creemos sin análisis que todo es necesario desde la conexión con instintos básicos, sesgos y condicionamientos culturales. Sumado a la saturación sobre nuestra percepción, la fragmentación de nuestro raciocinio es inevitable. Además, todo puede ser simulado: estructuras simuladas que, al ser fluidas, no dejan huellas estables que nos permitan reconstruir el engaño, porque las narrativas están superpuestas y, como placas tectónicas, van moviéndose; porque, si todo puede ser una percepción y narrativas, se pueden manipular y decodificar las percepciones y narrativas para superponerlas y moverlas constantemente.
En la simulación contemporánea, la desestabilización permanente de toda estructura consigue un moldeamiento constante, destrucción y creación constante, pero no hacia un fin de progresión, sino de regresión. A diferencia de los avances de la ciencia moderna, la simulación que se desarrolla en las sociedades humanas carece de sentido y propósito. Todo es más accidentado porque es difícil establecer una lectura de la realidad; esta se esconde detrás de representaciones y simulaciones que le dan forma a lo que los otros perciben como real. Posicionar un discurso, una marca, una afirmación instantánea no tiene ninguna relación con los hechos, sino con las técnicas que se usan para imponerlas ante los demás y que ellos lo crean.
Así, las múltiples narrativas desplegadas compiten por afirmarse en la virtualidad de la existencia. Es esto parte de las polarizaciones contemporáneas de los extremos que crean toda una arquitectura justificante de sus discursos, que en sus puntas extremas terminan creyendo en absolutos, en dogmas indiscutibles que van por detrás de la deconstrucción del sentido común. Esto es lo que posibilita los nuevos autoritarismos, y así la destrucción de Occidente como proyecto civilizatorio en nombre de múltiples afirmaciones incoherentes que se dirigen a absolutos de barbarie y confusión premodernas.
Entre toda esta confusión de narrativas, es destacable algunos de los mecanismos que explotan las vulnerabilidades cognitivas que tenemos los humanos, aquellos sesgos que nos llevan a buscar confirmar ideas o a consentir afirmaciones que provienen de una fuente con autoridad. Entre estos mecanismos, el descrito por Nir Eyal destaca porque se aplica constantemente en las aplicaciones digitales, en los servicios digitales y en la virtualidad de consumo masivo. Eyal estableció cuatro fases para que los individuos queden atrapados en un bucle repetitivo; estos pasos son: un gatillador, una acción, una recompensa variable y la inversión de esta en un nuevo gatillador. Es una trampa de atención y acción, pero también es un mecanismo de anticipación al deseo y la recompensa. Como Cialdini sostuvo en su mecanismo de pre-suasión, influir antes de que el sujeto lo note y luego ingrese en el bucle de Eyal solo reafirma la tercera fase de poder de Lukes; y, debido a que entre los tres se constata una concatenación lógica de sus análisis, es que el individuo postmoderno es incapaz de reconocer una puesta en escena, un engaño, una simulación.
Así, todos los mecanismos que se aplican sobre los humanos tienen relación con los mecanismos reales del poder, con el uso de psicología aplicada en base a explotación de sesgos o necesidades básicas, como se establecieron en la clásica Pirámide de Maslow. Por lo cual, las resistencias contra digitales son inútiles, ya que actúan dentro de aquellos mecanismos como bucle y estructurados en base a los sesgos de percepción humana. Independientemente de que se afirmen en uno de los extremos del espectro político, juegan en un mismo plano con reglas preestablecidas que hacen irrelevantes sus cuestionamientos y desafíos al orden dado.
Por lo cual, todos se hacen dependientes y comprometidos con los mensajes, mas no con las acciones que implicarían salir de aquellos entornos cómodos de repetición y reafirmación de sus creencias. Para evitar un desenlace y fin a un proceso, se desarrolla un estado continuo de expectativa a los resultados; como en el modelo de Eyal, hay un bucle de expectativas que no se satisfacen, pero que siempre están cercanas a ser satisfechas porque hay promesas de cambios que derivan en un punto posiblemente apoteósico que siempre vuelve a cero para iniciar su proceso.
Aquello sucede con las tecnologías que siempre ofrecen un nuevo dispositivo como vanguardia superior a todos, solo por un tiempo. Por lo que la memoria de un sujeto ya no tiene un proceso estable en relación al pasado y el futuro; es un presente constante que lleva a la ilusión de la juventud eterna o al olvido de las consecuencias futuras. No existe un proceso rastreable y ello permite que lo que experimentamos pueda ser tergiversado, reinterpretado y manipulado, ya que no hay un sentido que establezca fronteras, límites y barreras sobre lo que decidimos hacer y sobre lo que permitimos como base constitutiva de nuestra mentalidad.
Y, al no poder dar sentido a nuestra existencia y a nuestros recuerdos, la manipulación tecnológica puede darles un sentido, uno que elimine la reflexión sobre lo malo y solo se enfoque en lo bueno, reafirmando las zonas de confort que mantengan sujetados a los sujetos.
Por otra parte, a diferencia de las décadas pasadas, donde existía un álbum de fotos que permitía ver un proceso de evolución de un sujeto por las etapas de la vida, en el presente tiene cientos y miles de imágenes inconexas, sin fecha, sin orden, sin sentido. Lo que permite ilusoriamente creer que tenemos el registro de todo sin haber meditado por más de cinco segundos en cada imagen de esa múltiple vastedad de fragmentos similares e inconexos. Al eliminar el pasado y la capacidad de reflexionar sobre el mismo, no podemos ya aprender y todo se hace un flujo interminable que, por su volumen, no nos muestra un cuadro sino píxeles inconexos sobre nuestra vida.
Así, meditar el presente es imposible, solo es coexistencia sin planificación, solo deseo por el futuro sin reflexión, y nuestras acciones ya no están pensadas como un proceso hacia el desarrollo de nosotros mismos, sino como datos que luego usamos con la expectativa de un resultado anhelado que ya no se trata de nosotros, sino de la manipulación sistemática que nos usa como parte de la información global que entretiene al resto.
Además, considérese que una acción de influencia que sea de extrema derecha o extrema izquierda siempre es estéticamente atractiva; es medible por el compromiso de sus seguidores, es una marca rentable y es viralizable porque actúa en todas las plataformas que le dan existencia efímera y redituable. Lo que hace de las luchas políticas libradas en internet contenido nuevo que logra compromiso y se convierte en datos que se usan para reforzar el compromiso de consumo y dopamina para quien crea aquellos contenidos. No es una oposición al poder real de las armas o al poder político que controla el Estado; es una resistencia agradable y cómoda que entretiene sin hacer cambios importantes, sino solo como actos funcionales a la lógica de progresión que dio existencia a los dispositivos de manipulación.
Finalmente, todos los elementos dispuestos en estas reflexiones constatan que la creación de simulaciones para usos de control y manipulación son factibles, se podría analizar múltiples autores de la Guerra Fría, de la filosofía del s. XX o los estudios sobre la comunicación moderna solo para reafirmar y constatar nuevamente que todos los dispositivos tecnológicos están diseñados para construir la arquitectura global de penetración informacional que se itera mucho más rápido que el análisis humano y que con la llegada de la IA solo ha logrado la weaponization del conocimiento en contra de los humanos y en dirección a la incertidumbre y el dogma, coexistiendo para distorsionar tanto el pasado, el presente y el futuro, dejándonos fragmentos y alterrealidades que son usadas como armas geopolíticas y estratégicas. Es así que el poder contemporáneo que estudian los realistas es un poder que actúa coercionando de forma invisible, cognitivamente y desde la simulación informacional, moldeando percepción, deseo y acción, y logrando que el individuo llegue a creer que es libre dentro de aquellas estructuras simuladas y que aparentan ser la realidad.
Bibliografía
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Cialdini, R. B., & Goldstein, N. J. (2002). The science and practice of persuasion. Cornell Hotel and Restaurant Administration Quarterly, 43(2), 40–50.
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