Nunca he sido una experta en temas de fútbol. Aún no entiendo cuando dicen que un jugador está fuera de lugar y cosas así. Mientras muchos analizan tácticas, esquemas y estadísticas, yo empiezo viendo las camisetas y eligiendo al más guapo de cada selección. Pero este Mundial me he dejado llevar por las historias que hay detrás de cada partido, de cada equipo, por detalles que todos hemos podido ver y de los que hoy quiero escribir. Quizás te identifiques con alguno de ellos.
Cuando un partido enseña a levantarse
La selección de Ecuador puede dar una cátedra sobre este tema. Empezamos con mucha fe y entusiasmo, creyendo que íbamos a ganar desde el primer partido. Lo cierto es que encontramos a una selección de Costa de Marfil bien parada, que nos ganó por la mínima diferencia: 1-0.
Las esperanzas empezaron a decaer, pero de inmediato volvimos a confiar. Esta vez enfrentamos a Curazao, que por primera vez iba a un Mundial y que, en comparación con nosotros, tiene solo 156.000 habitantes, menos que muchas ciudades medianas de nuestro país.
Ante la inexperiencia de Curazao creímos que sería un partido medianamente sencillo, pero una vez más no se dieron los goles para ninguno de los dos equipos y el resultado final fue un empate que los isleños celebraron como un triunfo, dado que fue su primer punto conseguido en un Mundial.
El arquero de Curazao, Eloy Room, fue reconocido por realizar 15 atajadas, una de las mayores cifras registradas en un Mundial. Pero aún nos quedaba un partido más y este era el decisivo para definir la permanencia de Ecuador.
Las críticas y los memes no se hicieron esperar. Ya la esperanza parecía perdida. El técnico de la selección hizo una declaración casi despidiéndose y algunos fueron muy crueles con sus comentarios. Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido con Alemania, la fe parecía resurgir y contagiarse entre todos.
El partido terminó con una victoria para Ecuador por 2-1 y nadie lo podía creer. Hicimos lo imposible: ganarle a un gigante. Ahí estaba Ecuador, con un estadio lleno de una marea amarilla que gritaba y coreaba: "¡Sí se puede!", y sí que se pudo. Se notaba la rebeldía de los jugadores, ese deseo de imponerse ante una posible derrota.
Resurgir, empezar de cero, aprovechar la oportunidad como si fuera la primera y la última, esto fue lo que hizo la selección. Todos celebramos este triunfo como una gran victoria y es que la última vez que Ecuador pasó la fase de grupos fue en el 2006. Tenemos fe de seguir avanzando y, pase lo que pase, sabemos que con garra y actitud siempre se puede.
Porque, al final, a veces uno necesita un partido de fútbol para recordar que todavía vale la pena creer.
Nunca subestimes al rival
Hubo varios encuentros que dábamos por ganados para los equipos grandes, como Brasil y Marruecos, que terminó 1-1, o Inglaterra y Ghana, que empataron 0-0. Ni qué se diga de mi querido Ecuador, que remontó el marcador y terminó ganándole a Alemania.
El fútbol cambia constantemente. Equipos que hace años parecían invencibles hoy sufren para ganar. Otros que antes eran considerados pequeños ahora juegan de tú a tú con cualquiera. La historia pesa, sí, pero no gana partidos.
Creo que en cada encuentro hay que darlo todo, sin tener la percepción de que vas a ganar solo porque el oponente viene de un país más "pequeño". Y eso aplica para todo en la vida. Hay que ir lo más preparado posible, pensando que no importa el rival; el objetivo es ganar.
También miro las camisetas (y sí, a los jugadores)
Una de las cosas que empiezo a analizar es el uniforme. Veo su diseño, los colores y si están acordes con la identidad de cada selección. Hasta ahora mis favoritas son las de Francia, España y Noruega.
No, amigos, yo no analizo nada táctico, ni la línea de juego. Yo veo que todos estén bien uniformados, bien peinados y también elijo al más guapo de cada equipo. En algunos hay más de uno y, para qué negarlo, eso también me anima a ver el partido.
Y aquí les confieso algo: a mí sí me importa mucho que un chico haga deporte y tenga un buen estado físico. Creo que es una manera de demostrarse amor propio.
La fe también juega
Algo que me llamó la atención fue la cantidad de jugadores que hablaban de su fe sin miedo, orando dentro y fuera de la cancha, mostrando la Biblia en sus camerinos o haciendo publicaciones donde hablaban expresamente de Dios.
Esto me alegró mucho porque era reconfortante ver a varios jugadores unirse para orar al final de los partidos, abrazarse y dejar que la rivalidad terminara con el pitazo final del árbitro.
Más allá del resultado, me recordó que detrás de cada jugador hay una persona que también siente miedo, presión y esperanza. Personas que, como cualquiera de nosotros, buscan fortaleza en su fe cuando enfrentan uno de los momentos más importantes de sus vidas.
Las historias que uno adopta
Después del partido entre Curazao y Ecuador empecé a seguir a la selección de la isla y a enterarme de más detalles de su país y de cómo habían llegado por primera vez a un Mundial.
Admiré la alegría de su celebración tras el empate con Ecuador. Celebraban con música, bailes y una felicidad contagiosa. Su video para llegar al Mundial hablaba de su historia, del mar, de su gente y de su cultura, no solo del equipo.
Cada Mundial uno encuentra una selección, aparte de la propia, a la que termina apoyando. En mi caso fue Curazao. Me conmovió seguir los videos donde se veía a todo un pueblo unido por el fútbol.
Más que un equipo, sentí que estaba viendo a un país entero cumplir un sueño.
Finalmente
Ecuador ya está en los dieciseisavos de final y se perfila un partido muy duro frente a México. Pase lo que pase, estoy agradecida de haber visto a mi selección jugar en el torneo más importante del mundo.
Este Mundial nos ha traído temas de conversación entre amigos, pretextos para salir a celebrar, para compartir videos a diario y para sentirnos un poquitín expertos en fútbol. Aunque, como leen, en mi caso sé muy poco, amo gritar un gol y apoyar a una que otra selección además de la mía.
Sigamos apreciando el fútbol a nuestra manera, con nuestras creencias y con lo que representa para cada uno. Que nos siga uniendo y trayendo más alegrías que tristezas.
Tal vez nunca llegue a entender todas las reglas del fútbol, pero sí entiendo la emoción de un gol, la ilusión de un país y las historias que hacen que un Mundial se viva mucho más allá de la cancha.
Gracias por leer, amigos.
Con amor,
Una fan ilusionada con su equipo,
Paola















