Unas semanas atrás, vi en redes sociales a un apreciado amigo –quien a pesar de su avanzada edad, de vez en cuando se concede el capricho de asomarse a ellas por pura complacencia de la madurez– posar en una fotografía teniendo como fondo la colorida y elegante fachada de la reconocida librería la Feltrinelli en la Galleria Alberto Sordi de Roma. Mi amigo es un asiduo visitante de Italia por razones familiares por lo que, aprovechando la ocasión de una de esas visitas, quiso dejar constancia en dicha estampa de su devoción por los libros y también por el bello lugar que los contiene, uno de los puntos de referencia literaria más importantes sembrados en el corazón de la ciudad eterna.
El lugar es famoso por sus techos de cristal y la arquitectura de principios del siglo XX con su magistral estilo Art Nouveau, por lo que destaca como una de las librerías más bellas probablemente de Europa. En Roma existe una presencia masiva de librerías del grupo editorial fundado por Giangiacomo Feltrinelli y en todo el país la marca comercial la Feltrinelli opera con más de cien locales; así que mi amigo, un apasionado lector, no desaprovecharía esa oportunidad de inmortalizar su figura en uno de estos templos sagrados de los libros.
Al ver la foto, aparte de agradarme por su ocurrencia, me fue inevitable activar la mirada indiscreta de todo autor; esa que, como una vez escribí, se mantiene en testeo permanente de la realidad buscando la materialidad críptica que posee. Entonces me fui directo a mis archivos; esa cantidad de libros, revistas, folletos y manuscritos que he atesorado por años y que, a veces, provocan el merecido reclamo de mi mujer por su aparente inutilidad. Al concentrarme en la sección de viejas revistas, di con una antiquísima publicación que me ha permitido conectar esa imagen inocente con una historia de espías, conspiraciones e insurrección armada en Venezuela durante los años de la Guerra Fría.
En abril de 1965, en Venezuela, la policía política de la época y voceros del gobierno de entonces, anunciaron la captura del comunista italiano Alessandro Beltramini y su pareja Josefa "Pepita" Ventosa, cuando intentaba introducir suma de un cuarto de millón de dólares1 –una cifra astronómica para la época– destinados al movimiento insurreccional liderado por el Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El escándalo fue de tales proporciones que, las autoridades, con las evidencias en la mano, mostraban el suceso como una prueba contundente del financiamiento foráneo de la insurrección armada, apuntando directamente a Cuba y a la Unión Soviética.
El detenido era un ciudadano italiano, un hecho que internacionalizó aún más el conflicto que ya llevaba años en desarrollo. Este episodio sirvió como evidencia clave para que el gobierno venezolano acumulara nuevos reclamos ante la OEA sobre la injerencia del régimen de Fidel Castro en los asuntos internos del país; porque más allá de su rol como mensajero o «correo» –como se acostumbraba catalogar a estas figuras en el argot conspirativo–, al italiano se le vinculaba con la red de intelectuales y activistas europeos que simpatizaban con la Revolución cubana, específicamente con el círculo del editor Giangiacomo Feltrinelli.
Este influyente editor había publicado manuales sobre la lucha guerrillera y el libro de Régis Debray, ¿Revolución en la revolución?, suerte de fundamento organizativo e ideológico de la lucha armada en Latinoamérica conocido como el foquismo2. No deja de ser notable que fuera su sello el responsable de lanzar la primera edición mundial de la célebre novela de Boris Pasternak, Doctor Zhivago, que luego sería inmortalizada en el cine, precisamente, en 1965.
Aunque el rastro exacto del dinero se pierde en la bruma de la clandestinidad, la captura de Beltramini en 1965 ocurrió en el momento de mayor actividad del célebre editor como enlace financiero de la Revolución cubana en Europa. Por eso, para el gobierno venezolano de la época, el emisario italiano no era un mensajero aislado, sino parte de ese engranaje que unía los millones del aristócrata milanés con las montañas de Falcón y el Oriente de Venezuela; no obstante que, para la fecha, virtualmente el movimiento guerrillero ya estaba militar y políticamente derrotado, como se argumentaría más tarde en dura polémica por parte de quienes ya pensaban en un repliegue y retorno a la legalidad.
En 1967, el Partido Comunista de Venezuela fue anatemizado por Fidel Castro después que, en una recuperación de la lucidez, resolvió suspender, tras siete años, una lucha armada que ya estaba totalmente embotellada, amén de políticamente derrotada. En medio de aquella polémica, a la cual los cubanos dieron una dimensión planetaria, pues sus argumentos encontraron eco en toda la izquierda del mundo –¡hasta los inefables comunistas argentinos nos miraron sorna!–, pasé por Francia. Allí traté de explicar lo que ocurría. Típicamente, Sartre se negó a recibirme. A través de unos de sus secretarios me hizo saber que no tenía nada que hablar con un “traidor” (sic). Para honra de su inteligencia Simone de Beauvoir no solo me oyó sino que nos dio la razón. “Fidel ha ido demasiado lejos”, dijo en un momento de la conversación.
(Petkoff, Teodoro. (1987). Del optimismo de la voluntad. Escritos políticos. Caracas, Venezuela: Ediciones Centauro, pp. 122-123)
El mundo se tensaba por los efectos de la Guerra Fría y, en Venezuela, aquel contexto no dejaba de tener aspectos controversiales. Por un lado, un sector asociado a la lucha insurreccional comenzaba a notar el fracaso de una estrategia impulsada desde inicios de los sesenta; por el otro, el bando restante permanecía convencido de su vigencia. Este dilema político culminaría, años después, con el proceso de pacificación democrática de la mayoría de los alzados en armas. Como una confidencia personal, debo anotar que, gracias a esa “recuperación de la lucidez”, la generación a la que pertenezco y la anterior a la mía no sucumbieron a la espiral de violencia política que ha sacudido a otros países latinoamericanos durante décadas; lo digo como militante y activista de una causa que, por fortuna, concibió aquel viraje histórico
De vuelta a la historia comentada tenemos que Alessandro Beltramini y su joven acompañante de nacionalidad española (nacida en Barcelona) –con apenas 19 años de edad y muy seguramente una imberbe militante y no la pareja sentimental del astuto italiano– fueron deportados en diciembre de 1965, apelando a los manejos diplomáticos y de protección que suelen invocarse en casos parecidos.
Tras su regreso, él mantuvo contactos con los círculos editoriales y políticos de Giangiacomo Feltrinelli y se dedicó a ejercer su profesión de médico. De la joven nunca más se supo; al menos no se tuvieron noticias de ella como personalidad política o simple activista de presencia esporádica. Su recuerdo es una especie de versión de Nathalie, la guía ficticia de la canción de Pierre Delanoë en Moscú que Gilbert Bécaud hizo famosa en 1964. Para la historia, quedaron como las piezas capturadas con las manos en la masa en una de las jugadas de espionaje más famosas de la crónica venezolana; posteriormente, sus vidas personales volvieron a ser propiedad privada una vez que cruzaron el Atlántico de vuelta a su punto de partida.
En efecto, esa época fue el escenario de operaciones clandestinas, historias de espionaje y contraespionaje donde personajes que parecían sacados del cine se movían entre continentes en misiones secretas, poniendo al mundo en vilo.
Como espejo de esa realidad ya no tan secreta entonces, durante ese periodo abundaron los filmes con esta temática. El legendario James Bond debuta en 1962 y, en 1965, El espía que surgió del frío (The Spy Who Came In from the Cold), estelarizada por Richard Burton, muestra la logística gris del espionaje: el movimiento de agentes y el manejo de fondos para financiar la subversión. Era, según la pantalla y la realidad que la nutría, el signo inevitable de aquellos años; una atmósfera que se revela con claridad en el testimonio que presento a continuación:
El millón de los chinos
Cercana la fecha en que debía recibir en Berna el millón de dólares aportado por los chinos, me dirigí a París a buscar a Enrique Gómez, mi compañero de aventuras en estos menesteres crematísticos, y esperar al primero de los mensajeros enviados desde Venezuela, quien debía trasladar la mitad de esa remesa. De la otra mitad se encargaría alguien a quien debían enviar a Zúrich. […]. En la embajada china nos cambiaron las cajas. Nos devolvieron dos parecidas en donde estaba el millón de dólares. Salimos con ellas, lo que no ha debido despertar sospechas, ya que era la tercera vez que ocurría. Luego nos dirigimos a una calle cercana, en donde el tráfico era más intenso, y tomamos un taxi hasta la estación del tren.
(Rodríguez Bauza, H. (2015). Ida y vuelta de la utopía. Caracas: Editorial Punto)
Los protagonistas de aquella jugada cinematográfica en Venezuela terminaron rehaciendo sus vidas en la mayor de las discreciones. Mientras tanto, el probable mentor y financista, el editor dinamita, Giangiacomo Feltrinelli, encontró años después un final coherente con la intensidad de su vida clandestina; según la crónica periodística de la época, la noche del 14 de marzo de 1972 murió en las afueras de Milán al estallar accidentalmente la carga de explosivos con la que intentaba sabotear una torre de alta tensión. Con su muerte, se cerró el capítulo de aquel millonario que financió utopías y revoluciones a ambos lados del Atlántico, dejando para la historia el recuerdo de un tiempo donde la realidad y la ficción del espionaje se fundieron en un mismo riesgo vital.
Notas
1 En la edición N° 495 del 9 de enero de 1966 de la revista Momento, de circulación nacional en Venezuela, se indica esta cantidad; sin embargo, en otras publicaciones se señala un monto de 330 mil dólares americanos.
2 Teoría propuesta por Regis Debray en su obra ¿Revolución en la revolución?, la cual postula que un núcleo reducido de guerrilleros (foco) tiene la capacidad de generar, mediante la lucha armada, las condiciones subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución socialista.















