En el Anfiteatro Flavio, más conocido con el nombre de Coliseo, se abre la exposición centrada en Troya, la más importante jamás realizada sobre este tema: 300 hallazgos, de los cuales unos 250 llegados de 19 museos de Turquía, que documentan vida y milagros de la ciudad narrada por Homero, en sus 3.000 años de historia, y que rememoran la legendaria fundación de Roma gracias a la descendencia de Eneas, huyendo de la ciudad destruida por mano de los Aqueos.
Estos descubrimientos se despliegan entre el segundo orden del monumento, el Museo del Foro, el Ninfeo de la Lluvia y las Jaulas del Palatino. Se trata de un mito que retorna a la actualidad histórica, si bien adornada de un aura fantástica. La guerra de Troya (o Ilión), según la historia y la literatura, consistió en un enfrentamiento legendario entre los troyanos y una coalición griega, que tuvo lugar hacia el siglo XIII a.C. y fue escrita por Homero en la Ilíada. Surgió porque la ciudad controlaba el paso de los Estrechos y constituía un obstáculo para la expansión griega hacia Asia. Los griegos dirigidos por Agamenón, obligaron a los troyanos a refugiarse en la ciudad y la sitiaron durante varios años. Hasta que, finalmente, Ulises consiguió conquistarla mediante la célebre estrategia del caballo de madera.
Esta iniciativa comisariada, entre otros, por Alfonsina Ruso y Bulent Gönültas, brinda al público un capítulo orgánico y científicamente actualizado de las vicisitudes históricas de Troya y Roma, entre leyenda y realidad, documentada por una narración unitaria que abarca más de tres milenios de civilización anatólica e itálica, enfocando el parentesco remoto que las vincula a lo largo del pasado: Asia Menor fue conquistada por la antigua Roma, y Eneas, citado por Virgilio en la Eneida, huyó de Troya, el cual según el mito, generó en Lacio, Rómulo y Remo que, amamantados por la loba capitolina, fueron los fundadores de Roma.
Nos introduce al recorrido en el primer nivel del Coliseo una réplica monumental del conocido Caballo de Troya, mientras que en el montaje del segundo nivel, se exhiben más de 300 piezas arqueológicas de algunos de los principales museos del país y de Troya y, entre éstas últimas, el núcleo más significativo incluye restos jamás expuestos anteriormente en Italia.
Se pueden admirar dos testimonios referidos a ambas civilizaciones, como la tablilla de arcilla, que registra el tratado formal entre el rey Mutawalli II y el soberano Alaksandu de Walusa, comprobando la relación entre la legendaria (W)Illios de los poemas homéricos con la Wilusa mencionada por los textos ititas y, así pues, con la verdad histórica de la tardía edad del bronce. Se destaca la estatuilla de la Diosa Madre de mármol sacada de la necrópolis de Porto Ferro en Cerdeña. Mientras las joyas de filigrana descubiertas en Troya se remontan a 2500/2550 a.C. Sorprenden los ajuares de la necrópolis de Santa Palomba (Roma) de las aristocracias de la Edad del Hierro. Por su lado, proceden de Castro (Apulia) la estatuilla de bronce de Atenas Ilíaca, colocada entre finales de los siglos V y IV a.C., acompañada de valiosos objetos pertenecientes al tesoro de la diosa. Y, especialmente, el relieve de fuente con una hembra de jabalí amamantando dos jabatos de Palestrina (Roma), que testimonian el mito de la edad del oro y del retorno a los orígenes troyano-romuleos, promovidos por el emperador Augusto.
Excepcionales presencias de algunos relieves de mármol de Afrodita, obras del arte romano imperial con mitos iliádicos, descubiertos en el templo dedicado al culto de Augusto y de la familia imperial; el sarcófago de mármol de Aurelia Boitane Demetria en el que aparecen esculpidos tres episodios de la Ilíada, del 212/225 de nuestra era; y el mosaico de Teti de los siglos III y IV d.C., encontrado en un conjunto termal de la Acrópolis de Xantos (Turquía). Estas obras junto con otros hallazgos enriquecen el recorrido que se distribuye a lo largo de un doble camino, literario y arqueológico, aportando una lectura crítica y comparada de las fuentes disponibles hasta ahora. A través de la narración de figuras emblemáticas como Paris, Helena, Casandra, Agamenón, Menelao, Aquiles, Eneas, Lavinia, Ascanio y Rómulo, este evento romano propone un viaje crítico y accesible en la memoria compartida del Mediterráneo, resaltando la eterna actualidad de mitos e historias que siguen constituyendo un puente entre pasado y presente.
En el segundo nivel una amplia sección se centra en la reconstrucción histórica, arqueológica y topográfica del sitio de Troya, valiéndose de un significativo grupo de pruebas procedentes de museos turcos, aportando una panorámica inédita del universo itita y de las diversas culturas de la Anatolia del III y II milenio a.C. Siguen la Guerra de Troya, el Viaje de Eneas, inspirado en las tradiciones literarias y de la documentación arqueológica, valorizando los sitios de la Italia meridional, de Sicilia y de Lacio, vinculados al héroe troyano. Se completa con el mito de Rómulo y la fundación de Roma, resultado del análisis de las principales tradiciones y la presentación de obras y testimonios figurativos de grande relevancia, que profundizan el proceso con el que los romanos elaboraron el propio origen troyano. La sección se concluye dirigiendo la atención a la edad augusta, a Virgilio y a la canonización de la saga eneádica.
Cabe indicar que la antigua ciudad de Troya no ha desaparecido, sino que tras la destrucción homérica fue reconstruida y ampliada muchas veces. Actualmente sus restos se encuentran en el sitio arqueológico de Truva, en la colina de Hisarlik, en la moderna Turquía noroccidental. En realidad, la verdadera ciudad de Troya fue habitada durante más de 3.000 años a.C. (desde 3.600 a.C. aproximadamente hasta la época bizantina). A causa de su posición estratégica, fue desmoronándose a causa de guerras y terremotos y vuelta a levantar más de 9 veces: fue reconstruida por los Griegos como Ilio y sucesivamente por los Romanos (se convirtió en un importante centro bajo el imperio). A continuación, siguió existiendo en época bizantina antes de ser gradualmente abandonada...
...Hasta su descubrimiento en el siglo XIX: se excavó gran parte de los restos que quedaban por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann y en la actualidad, el sitio histórico se encuentra cerca de la aldea Tevfikiye (en la provincia de Çanakkale) y resulta estructurado como un parque Arqueológico declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Allí es posible explorar las ruinas y visitar el moderno Museo de Troya, que conserva hallazgos y testimonios de toda la historia milenaria de la ciudad.














