Para besar a la luz
Seducí a la sombra.(El Riesgo, El Plan de la Mariposa)
Hablar de Alejandro Jodorowsky requiere no solo la audacia de tratar de entenderlo, sino también de interpretarlo. Sus obras literarias y cinematográficas llevan el sello de una vastedad filosófica y simbólica difícil para muchos lectores y cinéfilos, pero hay, al menos, una obra que me llama particularmente la atención, que atrapa, que te fagocita en la trama y en la atmósfera de un universo futurista y peculiar: la historieta de ciencia ficción guionada por nuestro amigo Jodorowsky e ilustrada por el francés Moebius, El Incal.
Había escuchado nombrar muchas obras del autor chileno, películas en donde lo bizarro se confunde con lo fantástico, decantando en historias difíciles de entender. Un gran amigo, un día en que estábamos hablando de nuestro artista, me compartió esta obra en formato PDF y, ese mismo día, en casa, la empecé a leer. Casi sin darme cuenta, me hundí en ese universo que cada vez iba tomando un cariz filosófico vasto y profundo, sin abandonar la aventura y la ciencia ficción.
Esta historieta, conocida también como La Saga de los Incales o Las Aventuras de John Difool —protagonista de esta aventura—, fue publicada en entregas entre los años 1980 y 1988 en la revista francesa Métal Hurlant. De esta saga se desprenden otras historietas como La Casta de los Metabarones, Los Tecnopadres y Megalex.
Una aventura épica que tiene muchos componentes de tecnología, misticismo, fantasía y mesianismo dentro de un universo o, como muchos lo llaman, el Jodoverso, donde se desarrollan las historias de El Incal y las otras obras mencionadas.
Nuestro protagonista, John Difool, es un detective privado de moral cuestionable, pero que exhibe muchas actitudes ingenuas. Está acompañado, como un estereotipo de pirata, por un extraño pájaro parlanchín que resulta más inteligente e ingenioso que el propio detective. En su viaje interior o espiritual pasará por diferentes etapas: hallará su valor interior, encontrará aliados con los que formará parte de una revolución contra la nobleza de este universo (El Incal Luz), viajará al centro del planeta —lo que está abajo— y seducirá a una reina alienígena para evitar una guerra intergaláctica —lo que está arriba—.
El personaje de John Difool contiene un juego de palabras en inglés basado en la carta del Loco del tarot (The Fool): algo así como John, The Fool.
La historieta trabaja el concepto —así lo interpreto— de un viaje espiritual a una escala muy profunda y cósmica, viaje que el protagonista se niega constantemente a aceptar. Desea regresar a su propia e ignorante realidad de simples placeres hedonistas. Se trata de una alegoría de la repetición de los pecados, la futilidad de la complacencia y la necesidad de transformación individual.
A medida que avanza la trama, el protagonista sigue cambiando. Se consolida como una persona audaz y temeraria, un tipo más heroico y sagaz, más avezado. Físicamente también irá transformándose y llegará a sentirse más atractivo.
La serie no tiene tabúes ni una actitud pudorosa hacia el sexo, la violencia o los estigmas sociales presentes en otras novelas gráficas. Cimienta una lucha entre el bien y el mal, además de incorporar simbolismos místicos, arquetipos, metafísica, filosofía, tarot, tecnología, alquimia y muchas otras influencias. En la trama se visualiza un conflicto entre la vida, la naturaleza y la tecnología muerta; aparecen también la religión, los dogmas, la economía y la política. Me animo a decir que se trata de un verdadero menjunje de temas que conforman una obra enorme y vasta. La grandilocuencia, la aventura y la imaginación son, sin lugar a dudas, la esencia de El Incal.
Puede resultar abrumadora para aquel lector o lectora que pretenda entenderlo todo. El motivo tiene dos aspectos: por un lado, el esfuerzo de Jodorowsky por otorgar una carga simbólica intrínseca a actos y diálogos, lo que vuelve la obra, por momentos, enredada y fangosa; por otro, el resultado impactante que se produce cuando todas estas ideas son hilvanadas en una trama atrapante.
Todo esto forma parte de la alquimia de El Incal, un estilo que lo hace especial y memorable. La sensación de estar ante una aventura tan grande provoca que uno se olvide de todo lo demás, no busque explicaciones cuando no las hay y simplemente siga disfrutando de las aventuras de John Difool.
Y ese lector que quería entenderlo todo se encuentra frente a una obra que, cuando vuelva a leer El Incal, le revelará nuevas dimensiones. En la relectura descubrirá que tiene todas las piezas del rompecabezas y que sabe a qué se está enfrentando. Entonces podrá analizar las situaciones y los diálogos desde otra perspectiva y, finalmente, alcanzar una comprensión semejante a abrir los ojos y descubrir que la lectura puede ser una tarea difícil, pero no imposible.
Hay un episodio, Virus Tenebrae, que concentra toda la filosofía de la obra. John Difool ha sido dispersado en átomos por el psicoVirus de la Tiniebla. Solo hay una forma de reconstruirlo: que dos seres creen juntos un vórtice macho-hembra, una fuerza de amor capaz de recomponer millones de átomos dispersos. Jodorowsky lo dice sin metáfora: la completitud no es individual. La luz no se alcanza solo. Para besar a la luz, hay que seducir a la sombra, pero de a dos.
En fin, invito a todos aquellos y aquellas que deseen leer algo diferente, fuera de lo convencional y lineal. Una lectura por momentos difícil y sinuosa, pero que al final cierra a todo trapo, como concluye una gran sinfonía.















