Apreciar lo exhido por estos tres artistas costarricenses durante el mes de marzo 2026, al abordar la abstracción y producción gráfica contemporánea con sus cientos de detalles a resolver, nos sume en una introspección donde razonar cada paso, cada aporte, cada sesgo de diversidad e innovación presentes en una muestra en la cual sólo es visible “la punta del iceberg”: lo que está encima y a la vista de los espectadores, pero por debajo quedan muchas otras capas de vicisitudes y búsquedas, a veces satisfechas pero también algunas frustradas en ese tire y encoge del proceso creativo, actividad originada en los respectivo talleres de estos tres artistas.
Buscar interpretar los significados de estas obras gráficas de Cristina Gutiérrez, Fabio Herrera y Mario Maffioli, expuestas en la Galería Nacional, acrecienta, en tanto lo que se busca definir es un lenguaje propio y bagaje cultural, símil del macro universo el cual, como es el arte, se transforma a cada instante, dentro de su complejidad estética y como la vida se transforma.
En tanto son alcances de la investigación artística, a menudo los he definido en otros acercamientos a la teoría del arte publicados en mis blogs. Por lo general afirmo que en el taller regenera un alfabetividad visual, el léxico necesario para determinar una jerga a veces ilusoria pero a veces concreta, y, como en este caso, implica tener dominio de la herramienta tecnológica, incluso con la ayuda de terceros o asistentes técnicos.
Cada espacio o laboratorio de la exploración artística actual representa el entorno de producción donde se genera la poética, espacio irremplazable para pensar, primero en la técnica y disponibilidad material, luego en la memoria e identidad propia y validada por cada creador.
Desde este enfoque, al hablar de esencia, sustancia del origen que catapulta a la expresión y la perspicacia humana, implica visibilizar el sentido de su inmanencia, filiación y/o procesualidad intrínseca, lo cual no es otra cosa que un regalo donado durante nuestro diálogo con el arte, visualizando sus paradojas.
¿En qué innovan estos tres expositores con la abstracción? ¿Cuál es el aporte al arte nacional?
Los artistas se pusieron de acuerdo para explorar aquello que les impacta de la abstracción. Manifestar la energía lumínica del color, pero también el gesto del trazo, con sus simbolismos y vicisitudes que conlleva, y lo cual, como el oleaje del mar, es portador de fuerzas que incrementan la acción, visibles e invisibles, capaces de originar la relación figura/fondo con sus transparencias y texturas visuales que incrementan el interés en su lectura. Pero, y al hablar de capas dan origen a la poética, a la transparencia, estilo o singular manejo de contenidos expresivos por parte de cada artista, sellan el logro del lenguaje e impronta propia del artista.
Aportan, dicho sea de paso, la creatividad o capacidad humana de innovar, de reinventarse a sí mismos.
El gesto tiene sentido y significación, porque un hilo de luz baña los lienzos al disponer los pigmentos o materiales, lo que contiene el interés de las obras, sean virtuales o físicas, apoderadas por el espíritu del arte, lo que en otros términos llamamos inspiración, ingenio, creatividad.
¿Qué aporta al arte de manera individual cada uno de ellos?
La investigación estética de Cristina Gutiérrez con sus “graphos”, los cuales estuvieron expuestos en “Disrupción de los límites” Museo de Guanacaste en 2024 –su “Guanacaste” añorado de por vida–, (muestra curada por Oññoimani de los Andes, Ixbá Salamanca y LFQ), se caracterizó por ser una deriva de la memoria lo que aflora en esta artista desde temprana edad, cuando permanecía largas temporadas en la casa de sus abuelos en Playas del Coco descubriendo aquel tesoro o sustancias estéticas encontradas y expuestas en el evento principal evento del Festival Internacional de las Artes FIA Liberia 2024, representando la acción entre la materia y, repito, ese rayo de luz que impregna su técnica y lenguaje propio; reflejando la singular cultura y origen natural.

Tríptico de Cristina Gutiérrez.
Otras piezas de esta autora están conjugadas con claves del color provenientes de los oleajes marinos de ese entorno del Pacífico Norte de Costa Rica. Representan las imágenes de los pastos marinos, las rocas y escolleras, las conchas y caparazones de los moluscos, además de la vegetación costera, propio ahí donde ella anida sus energías creativas para trascender, corroborando que la vida humana se originó en el océano, resignificando el susodicho parto de la Madre Naturaleza al ser preñada en su coito con el padre y señor del Universo.
Esto de “anidar” me evoca el ave de brillantes plumajes, que, al abrirse sus huevecillos y brotar los polluelos, ella los impacta para que no se pierdan en el proceso de crecer, alcanzar autonomía y abandonar el nido. Simboliza, retejer el nido, el espacio o construcción del arte de donde salen todos sus cuadros a volar por el mundo.
Se habla de génesis como totalidad, dentro de esa inmensidad está la Tierra, el entorno simbólico tal y como lo comprendieron nuestros ancestros originarios al develarnos sus vestigios y aprendizajes: El Supramundo y el Inframundo, la vida y la muerte, la gracia y las sombras que están en constante confrontación relacionados por el Axis Mundi, la Ceiba pentandra, por cuyo tronco erecto en medio de las selvas dan cabida para moverse, subir y bajar, los espíritus de los antepasados.
Yerguen en ese templo de la creación, del Mitla de ellos zapotecas y mixtecas, con esos lenguajes de la geometría sagrada que pueblan las paredes y cierran los espacios colmados de armonía o sustancias estéticas del ayer.
Hablamos del bien y el mal, de aquello que los orientales llamaban “Yin Yang”, refiriendo a la unidad entre el Sino y el Designio, a lo cual estamos humanos y el mundo animal, eternamente ligados como las criaturas vivientes que emergen del útero del mundo (la inmanente creación).
Lectura de signos
Aquellos trazos en negro observables en las obras de estos tres maestros del arte costarricense, simbolizan la entropía, significativos en tanto pueden regenerar una amplia variedad de lecturas, al aludir a la experiencia del taller aquellas cargas existenciales que a veces se ensañan contra la vida, pero también está su opuesto: el trazo sensual y cargado de erotismo, con las pulsiones carnales apunto de brotar, que, al ser esencias, fluyen a cuentagotas.
Como un intersticio en esta lectura, diría que estas gráficas me mueven a pensar en el compositor inglés Gustav Holst: con “Sinfonía de los Planetas”, Op. 32, suite orquestal en siete movimientos, escrita entre 1914 y 1917. Y en particular el último movimiento, cuando la orquesta se une a un coro femenino que nos deja boquiabiertos ante una especie de lluvia de estrellas, situada por la carga astrológica derivada y que tanto influye en nuestros destinos.
Trasposición o diálogo
Si en las piezas anteriores de Gutiérrez Cruz, como la titulada “Graphos” en blanco y negro, ella representó el origen y el agua, los líquidos amnióticos del renacer, en la siguiente pieza visualiza el fuego y la sangre del origen, aquel volcán interior que portamos en la entraña (Glissant 2018): Incandescencia absoluta que no puede ser observada de frente y sin protección, de lo contrario nos fundiría en su fuego. Alinea el germen de la pasión-expansión, la sangre que hierve potenciada por la carga pulsional, la cual emana, como se dijo, de la Madre Tierra preñada por el Sol.
Esta muestra, y las obras de los tres expositores, son una deriva de las fuerzas cósmicas, un diálogo enunciado por la hipérbola cuyo trazo traspasa la totalidad de lo expuesto en la sala de la Galería Nacional, así de esta manera abre el resquicio en la pared del museo donde interrelacionan las tres formas de pensamiento, disparadas por el ingenio artístico.
Fabio Herrera / Mario Maffioli: experiencia totalizadora
Esta conjunción recíproca impele a determinar el aporte individual de cada expositor: Las piezas del maestro Fabio Herrera poseen otra singularidad: Están al borde del inminente lirismo, orbitan las fuerzas del Universo en relación constante con su poética de lo abstracto, que viene manejando desde sus liminares en los años ochenta. Vuelve a brillar con aquel fuego apasionado que él cultiva por el color, por los gestos formales y una lúdica impregnante del lienzo, lo cual representa su vida o existencia humana, y que conlleva a flor de piel las vicisitudes y escaramuzas interiores, que aunque duelen, son las que portan la identidad y significado de su vocabulario artístico.
La abstracción de Mario Maffioli, a su vez, transita otro borde más de origen material, de aquello que él ve, analiza y asimila en lo que tiene a disposición en su entorno de trabajo, pero también en lo urbano que él habita. Lo vierte durante su investigación cotidiana con dichos soportes y pigmentos para objetivar una categoría libre, diversa, pero a su vez propia (diría además juguetona) y que la teoría del arte denomina Abstracción (con mayúscula). En sus lienzos el origen marca una huella concreta e inmanente, con cuerpo, peso, dirección, acción recíproca, que él imprime en esas telas, en esta yuxtaposición del arte de los tres, que me arroja su posicionamiento social: él es puente, lo cual liga a sus contendientes en aquella sala de la Galería Nacional.
Trasposición y transparencia
Insisto sobre lo mismo, diría que, si la obra de Cristina Gutiérrez Cruz está impregnada de sonidos y vibraciones áureas del orden Cósmico, a la de Fabio Herrera la impregna la poética, excelsa armonía cultivada en el probar hasta lo imposible en el arte y, eso define lo que es propio del taller. Entonces, Mario Maffioli, implica el soporte, el fondo, el lenguaje y técnica que emergen de esa intensa acción material actual. Y que suelo describir como el campo de batalla.
Los tres, Mario, Cristina y Fabio pronuncian vocablos derivados de la investigación material, como lo de Herrera es contenido excitado por la energía innata de Gutiérrez, quien, despierta al conocimiento de recursos y soportes, con lo cual valora a Maffioli.
Tal correlación de esencias y sustancias creativas nos permite ver y recargar nuestras propias energías de espectadores, al otro lado de cada cuadro, palpado al deambular por la sala de la Galería. Diría que esta conjunción es óptima, transparente entre sí, implicada por el uso de las herramientas de esta contemporaneidad, razón para trenzar un diagnóstico virtual, válido, en tanto y cuanto la clave no está sólo en los logros, está también en las herramientas, en sus modos de uso y apertura de agujeros creativos, donde gravita la cala o profundidad de las preguntas que nos planteemos en estas inflexiones actuales buscando la comba al palo.
La noción de temporalidad
En lo expuesto excita una convergencia fundamental para reafirmar la vigencia del arte gestual y la abstracción lírica, explora cuál es el signo de la identidad del entorno de lo habitado, lo que nutre nuestros discursos derivados de la misma naturaleza o entorno: Bio/Cultura mesoamericana. Pero también se halla en la temporalidad, sea la del segundero del reloj, la del almanaque con sus años, meses, semanas y días, y aquella noción cambiante de las atmósferas de lo circundante.
Todo este discurso representa un diálogo interpersonal, al reunir tres visiones distintas de un mismo carácter: trazo, gestualidad, signo primigenio que eleva los abordajes de lo cotidiano y natural, para entablar el ritual que lo reafirma, por ello en estas grafías veo danzas, poesías encendidas por los fulgores en pleno zenit del día.
Hay una acción material y técnica que ellos experimentan para consolidar la carga emocional y telúrica de la pintura y el arte actual, aunque en el fondo se trate de obra gráfica, de matices y recursos explorados en lo digital, colores, luz y tecnología apropiada por estos talentos costarricenses.
Conforman una relectura del paisaje y los objetos que nos rodean, dotándolos de la acción cotidiana, del ejercicio o práctica artística, de nuevas capas de sentido cuyos resultados estéticos, expresivos y técnicos, también nos sumen en la interioridad, intentando validar el principal punto de quiebre, justo ese que impele reflexionar sobre estas transformaciones en tiempos de virtualidad y reyerta creativa.
A manera de conclusión
Es a partir de premisas que sustentan un paroxismo visual aportado por una gestualidad inagotable, explosión emocional que no está en la máquina, ni tampoco regala la tecnología, aquí nadie regala nada como reza aquel decir popular que posiblemente proviene de la colonia española, pero que hoy descoloniza el arte: “lo que Natura no da, Salamanca no lo presta”. Esta contradicción la pronunciaban los ancestros instigados por el logro, la gracia creativa que está en la mano y pensamiento del creador crítico, consciente, que se auto-cuestiona lo que sabe hacer para transformarlo, y tener, finalmente, algo nuevo que mostrar a los demás, en el caso del arte, a sus espectadores.
La ilusión de impacto sobre la materia, la cromática y densidades de conceptos y léxico impregnado a las superficies por los trazos que regeneran el interés en el sustrato del lienzo, como constante referencia al gesto que imprime lo humano, siempre diverso, siempre cambiante, siempre poético, se vuelve certeza, convicción, creencia potenciada por la calidad material y el uso creativo que se haga de la máquina o tecnología, ya entrados en el segundo cuarto del siglo XXI.

















