Prats Nogueras Blanchard se complace en presentar Lo que está presente, la nueva exposición de Erick Beltrán en su espacio de Madrid. En este nuevo proyecto, Beltrán reflexiona acerca de la representación del poder e investiga cómo la iconografía barroca modula nuestra visión del presente, a través de emblemas y empresas que figuran en monumentos funerarios o en las epístolas de buen gobierno. Vincula figuras de la psique colectiva e ideología y sigue su investigación sobre el Pudridero y otros métodos metafóricos del poder político.
Desde el siglo XVI existe la tradición de compilar emblemas y empresas como cartas (epístolas) dirigidas a los príncipes o reyes, que sirven como preceptos, consejos y advertencias con los cuales aplicar una forma de gobernanza. Pero al mismo tiempo se leen como cuestionarios o críticas abiertas a la sociedad sobre problemas morales, políticos y filosóficos. Se preguntan sobre las definiciones del control, el poder, lo justo, los límites del sujeto o el estado sin dejar de lado el alud de espejismos, trampas y enigmas que vienen con ello.
La empresa es una adivinanza visual y se presenta sin explicación pero llena de pistas. Es la representación simbólica de una intención (impresa es lo que uno trata de imprendere) por medio de una imagen y un lema interpelándose una a la otra. Pero si el asunto en sí mismo puede parecer poca cosa, el andamiaje de ideas que crece a su alrededor es en ciertos casos exponencial ya que funciona como visualizador de los engranes de la estructura ideológica de una sociedad y la forma en que el poder toma forma.
Durante el Barroco español en los funerales reales se desarrollaban ceremonias multitudinarias dedicadas al trato del alma del difunto. Eran celebradas con toda la pompa y circunstancia reflejando el teatrum mundi del momento y la construcción simbólica que lo sustenta. Al centro de ello se alzaban arquitecturas efímeras llenas de emblemas y empresas: el catafalco.
La idea del sujeto en nuestro presente es fundamentalmente esquizofrénica. Por un lado enarbola un libre albedrío que le permite tomar posesión de lugares, cosas y personas pero por otro y al mismo tiempo, está fijo e inmóvil ya que si abandona el punto de fuga (un punto muerto) que permite que todo gire a su alrededor, el mundo se cae a pedazos y se vuelve inclasificable, ilegible, ingobernable.
















