Magia es para muchos: encanto, hechizo, atractivo, seducción, magnetismo, gracia, fascinación. Para Leonor son los recuerdos de su infancia: los dulces de higo, los dulces de lechosa, los dulces de leche cortada de la finca de los abuelos. Las conservas, el alfeñique con queso madurado en un cuarto oscuro arropado con hojas de helechos, el bizcochuelo bañado con fermentado de piña, la chicha andina, la chicha de viento, la mazamorra, los atoles. Y los dulces abrillantados, los caramelos blandos de coco. Además, los panes rellenos de guayaba, las quesadillas. Se queda pensando y decide: “¡Mejor no sigo!”.

Entre el mundo de la pastelería y la cocina le gusta más el de la pastelería, todo un universo de olores y texturas. Fue fácil saber lo que quería hacer, la cocina le gusta, pero la que prepara para ella, para su hogar, “es sencilla y rica en sustancia”. Se siente reconfortada con una sonrisa y un “¡hmmmmmm, qué bueno está!” cuando alguien comenta de sus creaciones, pero recuerda que tiene un catering de postres y casi siempre se pierde la reacción inmediata. También agradece cuando el cliente escribe al WhatsApp para halagar lo visual, el sabor y la textura.

“La verdad es que le ponemos todo el esmero al producto final. Usamos el mejor chocolate, frutas de primera, mantequilla en todas las presentaciones que sean requeridas. En la parte química intentamos traer todos esos ingredientes que cuesta conseguir en Venezuela: las pectinas, las pastas al 100 por ciento de frutos secos, la gelatina en lámina, los frutos secos. También las herramientas de trabajo que nos ayudan en la estética y para terminados prolijos”.

Magia es la que hace Leonor todos los días entregando su talento, su esfuerzo y su conocimiento en la cocina. Una gran variedad de postres, galletas, dulces y tortas que cuentan historias secretas para ocasiones especiales y por encargos para eventos extraordinarios. Cada comensal va dándole vida a esa historia que imagina a medida que toma ese postre en sus manos, lo ve, lo huele, cierra los ojos y lo prueba. Me pasó con su caja de galletas y estuve inventando mi cuento de navidad, ahora la magia vuelve a brillar con el día de la madre, que en Venezuela se celebra el segundo domingo de mayo, cada año.

Tuve una conversación con Leonor para contar en Meer de su vida como una de las chefs pasteleras más prestigiosas de Venezuela. Sus hijos David y Eduardo se han dedicado también a diversas áreas de la gastronomía.

¿Cómo se apasionaron Leonor, Eduardo y David, todos de la misma familia, con las artes culinarias?

Eduardo empezó al abandonar la ingeniería. ¿Fue buena esta decisión? La respuesta es sí. Es justo decir que su valor por hacer lo que realmente le gustaba me inspiró a probar un nuevo camino, a entrar en la pastelería. Eduardo influyó mucho también en el camino de David, ya sabes cómo se está desarrollando su historia con el éxito de Caracas Catering y sus proyectos en España.

David terminó el colegio, se tomó un merecido sabático y luego estudió en el Instituto de Diseño de Caracas. Terminó su carrera y a la vez de trabajar en agencias de diseño, creó Azucart conmigo y luego siguió con mi nuera, la esposa de Eduardo, Mariale Egui.

Entre todos nos ayudamos en el camino. David se fue del país en el 2017. Un par de años antes creó ComerEsBlog, lo que lo introdujo más en la gastronomía. Ahora, desde la distancia, lleva las publicaciones de Azucart en la medida que su trabajo lo permite. @comeresblog ya es otro nivel, David es fotógrafo gastronómico, escritor y consultor culinario (Ver Hablando con David Egui aquí). Así que contar con ellos es un privilegio, siempre aportan ideas novedosas y me apoyan en el camino. ¡Mejor imposible!

¿Dónde has aprendido lo que sabes de cocina y de pastelería?

Primero de forma autodidacta, preparando tortas y algunos postres para mi familia. Luego hice un curso corto de tortas con fondant y pasé a hacer pasantías en Malabar, que fue un gran reto y una experiencia que compartí con mi hijo Eduardo. Mi siguiente paso fue ser jefa de pastelería en un bistró y en ese punto sentí que llegó la hora de cursar estudios formales y me fui al IAG - Instituto Argentino de Gastronomía, en Buenos Aires por unos meses.

Cada vez que puedo hago cursos para aprender nuevas técnicas y reforzar conocimientos. En el 2016 con Antonio Bachour y en una semana intensiva de clase de pastelería en Bogotá, junto al chef Carlos Mampel. En el 2018, hice un curso intensivo con María Selyanina’s House Pastry Lab. También he hecho cursos con el Chef Pierre Mirgalet, con el Chef Jorge Avellaneda en Buenos Aires, con el Chef Florent Margaillan y en la Escuela de Pastelería L'Atelier en Barcelona.

¿Qué es lo más importante que has aprendido con Azucart?

Resiliencia. Disciplina. Y sigo trabajando el control emocional con rigor. Aprendí a decir no, esto me ha ayudado a disfrutar más el proceso. Y sigo aprendiendo cada día de todo lo que nutra nuestra marca.

¿Dónde has trabajado?

Empecé como pasante en Malabar 2006, con el Chef Pascal Cherance, mi maestro y mentor. Estuve dos años en Malabar y creo que fue la mejor experiencia para mi formación, de pasante, al año pasé a jefa del Brunch los domingos, así aprendes o aprendes. Después seguí mi camino a ser jefa de pastelería en el bistró Amuse Bouche hasta que en 2013 empezamos nuestro proyecto con Azucart. En 2017 me mudé a Barcelona y trabajé casi un año en Escribà y en 2018 regrese a Venezuela y seguí con Azucart hasta hoy.

¿Qué es más importante en tus creaciones: la historia, el sabor o la presentación?

Es un conjunto de las tres. La historia: unas recetas son herencia y continuidad de las recetas familiares de mi esposo. En cuanto al sabor, ajustamos nuestras galletas según el evento, pero el sabor siempre ha sido súper importante para Azucart. La estética también, pero nunca a costa del sabor o la calidad. Con la estética podemos jugar, ser creativos, adaptarnos a los eventos, inventar. Fue siempre y sigue siendo un juego muy divertido crear cada postre, algunas veces sola, otras con ayuda de David o Eduardo.

Algunas de tus galletas seguramente tienen historias bonitas...

Tenemos varias galletas en nuestro catálogo. La más emblemática quizá sea la galleta pan de polvo (súper suaves, arenosas y cubiertas de canela y azúcar). Llegó a la familia de mi esposo a través de una amiga de mi suegra, la señora Gloria Ramírez de Noel. Una de mis cuñadas, la tía Mildred, todos los diciembres preparaba las galletas de Navidad con la señora Gloria, que a su vez la aprendió de su madre. Esta receta es de origen mexicano, amamos su sabor y su historia, de generación en generación. Mi cuñada empezó la historia para el grupo de los Egui en 1955 cuando tenía cinco años. Mi esposo y sus hermanos, luego mis hijos y sus primos, esperaban con ansias el día de las galletas de la tía Mildred. Con los años, esa herencia llegó a las cajas de navidad de Azucart.

¿Cómo es el ritmo de tu cocina?

La jornada empieza desde muy temprano, yo por lo general arranco a las 4:00 de la mañana, el equipo llega a las 8:00 de la mañana y empezamos con las preparaciones para cajas y postres para eventos. Son los meses de más trabajo, pero la época navideña es mi favorita.

¿Cuál es tu manera preferida para relajarte y descansar?

Hacer ejercicio y disfrutar de mi casa y mi familia. En los últimos años, un viaje a visitar a los que viven en Barcelona después de la época de navidad para recargar pilas y volver con energía y nuevas ideas.

¿Qué es algo que te reta y que quieres que sea perfecto?

Tengo una constante curiosidad por las técnicas y la forma como trabajan en Europa y Asia. Así que casi a diario reviso material audiovisual de pastelería.

¿Cuál ha sido el mayor reto haciendo las galletas?

No comer muchas galletas mientras las haces (ríe y ríe).

¿Cuáles ingredientes son indispensables en tu cocina?

Mantequilla, crema de leche, chocolate 53.7%, chocolate 60%, pectina NH, gelatina de lámina, pastas de frutos secos al 100%. En pastelería todo es importante porque cada gramo cuenta. Lo más importante es que cada elemento sea de calidad. La diferencia se siente y la gente lo aprecia y lo agradece.

¿Tienes relación con algún proveedor especial que influye en tus creaciones?

Las frutas y el chocolate son fundamentales para Azucart. Compramos fresas a un grupo de agricultores de la Colonia Tovar y, sin duda, tener buenas frutas siempre nos hace querer crear más con ellas. El chocolate es de Chocolates el Rey o de Chocolates Franceschi, desde siempre y nos encantan. Son dos marcas que han hecho un gran trabajo por mantener la calidad de sus productos.

¿Con cuáles sabores o recetas venezolanas trabajas?

Hemos tenido épocas con más o menos postres venezolanos pero siempre están y nos encantan. La torta de coco tuvo su momento. Al igual que un quesillo que hacíamos para eventos, en cucharitas con un dulce de piña espectacular. Las polvorosas de don Armando Scannone no faltan, al igual que los suspiros y los shots de bienmesabe o de tres leches. Pero también usamos muchas recetas para hacer componentes de postres. La mermelada de guayaba, la reducción de parchita y otras preparaciones, dan siempre ese sabor tan nuestro a los postres.

¿Cuál es el postre que más te gusta de los que haces?

Todos los que tienen frutas. Y mi preferido es la tarta de limón. Todos los cítricos son mis favoritos.

¿Hay alguno que no te gusta pero lo haces porque a la gente le gusta?

Algunos de alta pastelería francesa. La razón: Son postres que sufren mucho al ser expuestos a cambios de temperatura. Pasan de ser bellos a convertirse en un problema en un montaje de eventos donde desde temprano forman parte del decorado en las mesas de dulces y luego se consumen horas más tarde, sin control de frío. Empieza la degradación de los lácteos y cambios de estructura. Así que este tipo de postres se hacen solamente para eventos puntuales, como cenas y almuerzo, donde el Chef encargado lo saca de frío y lo sirve.

¿Cómo te inspiras a la hora de crear un nuevo postre o galleta?

Con los viajes y lo que pruebo en cada uno, en conversaciones con Eduardo y con David, con libros o películas. Todo influye y queda guardado en la memoria gustativa. A veces, probar algo nuevo me inspira a crear, otras veces un color de la temporada o de un evento me inspiran. Antes de tener a mis tres hijos estudiaba diseño de moda, lo tuve que dejar al ser madre. Siempre me ha encantado leer, imaginar y la sensibilidad del mundo del arte. Y creo que en la pastelería, eso me da mucho juego para crear. Disfruto mucho reimaginando y adaptando recetas clásicas a nuestras especias y frutas. Siempre llegan flashes y los tratamos de transformar en lo que imaginamos.

¿Cuáles son las tendencias en pastelería que vienen para el 2026?

Cada día la gente pide menos dulzor y más sabor. Menos colorantes fuertes y químicos. En general, más conciencia sobre lo que se consume y sobre la salud, sin querer dejar de lado el disfrute. Más textura de crocantes y rellenos suaves. ¡Mucho ácido! El origen, la trazabilidad y la sostenibilidad, en los sitios en los que se pueda controlar, también son algo importante por estos días. Y lo más notorio son los formatos: las porciones favoritas son los petit four y los postres individuales. Cambian el formato, los prefieren de seis de diámetro y no de ocho de diámetro. Suficiente para no empalagar. Así que 2026 viene con frutas, tortas bajas y muchos postres petit.

¿Hay algún proyecto con el cual sueñas?

Sueño con algo que tenga que ver con niños y pastelería. Ideas tengo y tenemos muchas en nuestra familia. Pero lo que tenemos hoy es un sueño ya logrado que queremos disfrutar, el camino cada día sin pensar tanto en más y más.

¿Qué legado te gustaría dejar en el mundo de la pastelería?

Me encantaría dejar un recetario que mis nietas puedan y quieran usar y que sigan las tradiciones familiares.