En octubre del año 2023 iniciaba una nueva aventura. Destino: Turquía, pero una Turquía poco turística y muy distinta; el recorrido estaba centrado en su historia y en la conexión con su cultura.
Además, lo hice junto a mis padres, lo que convierte en uno de esos viajes que se recuerdan toda la vida.
Fueron muchos kilómetros en auto, recorriendo ciudades, pueblos y sitios arqueológicos e históricos de una Turquía menos conocida.
El viaje comenzó en Estambul, capital del país. Allí nos quedamos tres días para recorrer esta gran ciudad, que además sería nuestra base antes de iniciar la verdadera aventura por el interior. Al finalizar el viaje, regresaríamos nuevamente a Estambul para quedarnos cuatro noches más.
Quiero destacar que es una ciudad fascinante, pero muy concurrida, por lo que es recomendable planificar con anticipación qué se desea ver y visitar. Las distancias son largas, suele haber filas para todo y el transporte público no resulta muy eficiente debido a la superpoblación y al intenso tráfico. Si disfrutas caminar, es la mejor manera de conocer la ciudad sin quedarte atrapado en los atascos.
Comienza la aventura
Partimos desde Estambul en avión rumbo a Ankara, donde alojamos dos noches antes de comenzar nuestro primer tour de 10 días, durante el cual recorrimos parte del país en auto.
Ankara; la importancia de esta ciudad y qué ver
Ankara fue la capital de Turquía en 1923, año en que se instauró la república. Tras ganar la guerra y proclamar la nueva nación, Mustafa Kemal Atatürk decidió trasladar la capital desde la histórica Estambul hacia los llanos abiertos de Anatolia. Atatürk hace realidad su deseo de separarse de la Turquía oriental y establecer una sociedad orientada hacia el futuro, moderna, industrializada y liberal, que perteneciera a la totalidad del pueblo turco más que a una minoría privilegiada.
Además, Ankara, al estar en el centro del país, le proporcionaba una mayor protección ya que no estaba expuesta a un ataque desde el mar, como sí era el caso con Estambul. Así, en octubre de 1923, Atatürk proclamó oficialmente la República de Turquía, estableció Ankara como capital y asumió él mismo la presidencia.
Hoy en día esta ciudad merece la pena visitarla, sobre todo para aquellos que desean ver una ciudad moderna y ser testigos del sueño de Atatürk hecho realidad.
Ankara: ¿qué visitamos?
En esta ciudad se encuentra el Museo de las Civilizaciones Anatólicas, también conocido como el Museo Hitita. Este museo alberga una de las exposiciones más ricas del mundo en lo que a culturas antiguas se refiere. Recomiendo visitarlo con un guía, ya que así se disfruta mucho más el recorrido. Aunque no es un museo muy grande, contiene piezas de enorme valor histórico que merecen ser explicadas para apreciar mejor su importancia y sentir ese viaje al pasado.
El museo ofrece una fascinante muestra del legado de Anatolia a lo largo de los últimos 2.000 años: palacios, iglesias, mezquitas, ciudades fortificadas y antiguos puentes que abarcan desde la época romana hasta períodos posteriores. También visitamos el mausoleo de Atatürk, desde donde se puede apreciar una hermosa vista de la ciudad.
Día 1: Kars – Ruinas de Aní – Noche en Kars
Tomamos un vuelo desde Ankara que duró aproximadamente una hora y media. Al llegar, nos esperaba nuestro guía que hablaba un perfecto español y el chofer, Siraç, quien, a pesar de no hablar inglés, tenía una simpatía que hacía que la comunicación fluyera sin problema.
Para este tipo de viajes, recomiendo siempre contar con un guía, ya que se visitan lugares poco turísticos donde se habla muy poco inglés.
Visita a la ciudad de Aní
Desde la ciudad de Kars, situada a unos 48 km, nos dirigimos hacia las ruinas de Ani. ¿Qué tiene de especial esta ciudad fantasma? Aní es una antigua ciudad ubicada en la frontera con Armenia. Fue una ciudad armenia medieval que llegó a contar con entre 100.000 y 200.000 habitantes, rodeada por un impresionante perímetro amurallado con hasta 40 puertas. Contaba con tantos edificios religiosos que se la conocía como la ciudad de las 1001 iglesias. Actualmente es una ciudad fantasma, pero se ha conservado bastante bien.
El nombre Aní proviene de una variación del nombre de la diosa persa Anahis, una de las principales divinidades del panteón armenio antes de la adopción del cristianismo. Tras la muerte de Alejandro Magno y la desintegración de su imperio, esta ciudad fue establecida como una importante parada de la Ruta de la Seda. Su época dorada llegó a mediados del siglo X, cuando los reyes bagrátidas la eligieron como capital del Reino de Armenia.
Durante sus años de prosperidad, la arquitectura de Aní alcanzó un notable desarrollo. El recorrido por las ruinas comienza en una de las cuatro puertas de la antigua muralla: la Puerta del León, que conduce a la calle principal. Entre los edificios más impresionantes, que aún pueden contemplarse, hoy destaca la catedral, además de varias iglesias que se encuentran en procesos de restauración.
A lo largo de su historia, la ciudad sufrió numerosos desastres. Fue conquistada por los selyúcidas en 1064, quienes poco después la vendieron a los kurdos. En 1239 fue saqueada por los mongoles y más tarde también sufrió el paso devastador de Tamerlán. Por si fuera poco, un terremoto en el siglo XIV causó una destrucción considerable. Ahí no acabaron sus desgracias, abandonada y olvidada durante siglos, sufrió otros terremotos en 1832 y 1986.
Sin embargo, no hay mal que dure cien años, en este caso, mil años. Finalmente, Aní fue reconocida por su importancia histórica y cultural, y en el año 2016 fue declarada Patrimonio de la Humanidad.
Si eres aficionado a la fotografía, este sitio es único, así que conviene ir preparado. Nosotros tuvimos la suerte de que era noche de luna llena, y el atardecer nos regaló una de las mejores postales del viaje: las colinas a lo lejos tiñéndose de todos cálidos, y la luna, brillante, iluminando las ruinas de Aní como si quisiera devolverles un poco de vida.
Día 2: Doğubayazıt - Palacio Ishakpasha - Noche en Van
Seguimos nuestro viaje rumbo a la ciudad de Van, construida a orillas de un enorme lago. Allí pasaríamos dos noches para recorrer los lugares más interesantes de la región.
En la ruta desde Kars hacia Van, se puede apreciar a lo lejos el majestuoso monte Ararat, con sus picos cubiertos de nieve eterna. Para mí, los paisajes de montaña son de los más hermosos, y este particular es inolvidable. Seguramente escuchaste hablar del Arca de Noé; según la tradición, sus restos se encuentran en este monte. Nuestro guía incluso nos contó que todavía hoy hay personas dedicadas a buscarlos.
La fama del Ararat tiene un profundo origen mítico. Para los armenios esta montaña es el centro del mundo y creen que de ella proviene su pueblo. La leyenda cuenta que el Ararat es el “techo del mundo” y que los ríos Tigris y Eúfrates descienden del Paraíso para fertilizar las llanuras de Mesopotamia.
Antes de llegar a Van, hicimos una parada imprescindible: el Palacio Isak Paşa, ubicado en la ciudad de Doğubayazıt, a tan solo 35 kilómetros de la frontera iraní. La construcción de este palacio, una verdadera joya arquitectónica, se extendió por más de 100 años, finalizando en 1784 durante el reinado del gobernador kurdo Ishak. La visita es realmente hermosa, no sólo por la belleza del palacio, sino también por las vistas privilegiadas del monte Ararat que lo enmarcan.
Día 3: Van - Castillo de Van – Isla Akdamar
Segunda noche en Van. Partimos temprano por la mañana, como siempre acompañados por nuestro guía y chofer, rumbo a la isla Akdamar. El día no podía ser mejor: sol radiante y un cielo azul impecable. Para llegar a la isla se cruza en barco; los botes salen por la mañana cuando se reúnen suficientes pasajeros para el trayecto. El trayecto dura unos 15 minutos y, además de ser corto, es realmente hermoso: el lago, las montañas y el aire fresco crean un paisaje inolvidable.
¿Qué tiene de especial este lugar? El rey armenio Gagik mandó construir un espléndido monasterio en la isla entre 915 y 921 d. C. La milenaria iglesia de la Santa Cruz se ha conservado en muy buenas condiciones. Lo más destacado del monasterio son los relieves de su fachada exterior, donde se representan diversas escenas bíblicas de gran detalle y belleza.
Por la tarde, nos dirigimos a la ciudadela de roca, o Van Kalesi en turco. El castillo de Van se encuentra a unos 3 kilómetros de la ciudad y vale la pena subir. Desde lo alto se disfruta una vista panorámica espectacular, especialmente al atardecer, cuando el sol se refleja sobre las aguas del lago y tiñe todo de tonos dorados.

Mapa de Turquía; recorrido del viaje.
1- Estambul 2- Ankara 3- Kars 4- Ruinas de Aní 5- Van 6- Mardin 7- Sanliurfa 8- Monte Nemrut 9- Gaziantep
Día 4: Diyarbakır; Mardin (3 noches)
Nos esperaba un día largo, con muchos kilómetros por delante y varias visitas a sitios históricos en el camino. Por eso hicimos un par de paradas en lugares que, además de no requerir demasiado tiempo, realmente valen la pena conocer.
La primera parada, el Puente Dicle, también conocido como el Puente de los Diez Arcos, por donde pasa el famoso río Tigris. Luego, continuamos rumbo a Diyarbakir, una ciudad situada a orillas del río Tigris. La parte antigua, rodeada por una muralla, se ubica entre el río al este y la ciudad nueva al oeste.
Diyarbakir tiene una impresionante muralla de 5,5 km de longitud, con cuatro puertas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Una experiencia muy especial es recorrer el tramo que lleva hasta el mirador sobre el río Tigris, partiendo desde la Puerta Nueva en la zona oriental de la ciudad y continuando luego hacia la Puerta de Mardin, ubicada al sur.
Nos dirigimos al famoso mercado Hasan Paşa Hanı del siglo XVI, y justo en frente se encuentra la Gran Mezquita Ulu Camii. Entrar al mercado fue un momento muy especial para mí, porque me recordó a mi viaje a Siria, cuando visitamos el Zoco de Damasco. Fue como un viaje al pasado. De hecho, este zoco ha sido escenario de varias filmaciones. La Gran Mezquita de Bursa fue construida a fines del siglo XI, unos pocos años después de que el sultán selyúcida Malik Sah conquistara la ciudad. Es la mayor mezquita de Anatolia y fue construida siguiendo el estilo árabe, inspirada en el modelo de la Gran Mezquita de Damasco.
Por último, visitamos el minarete de los cuatro pies Dört Ayaklı. La leyenda dice que, si pasás siete veces entre sus cuatro columnas, tendrás buena suerte.
A pocos pasos de allí se encuentra una iglesia armenia muy bonita que merece una visita. Iglesia Armenia de Santo Giragos, St Cyriacus. Según los historiadores, es una de las iglesias armenias más importantes del Oriente Medio. Durante el Genocidio Armenio en los años 1915 y 1916 estuvo cerrada, y recién en 1960 fue devuelta a la comunidad armenia. Lamentablemente, sufrió graves daños durante el conflicto de 2016 entre el PKK y las fuerzas armadas de Turquía. Una de sus particularidades más llamativas es que posee siete altares, en lugar de uno solo.
Tras la visita, partimos hacia nuestro destino final del día: la ciudad de Mardin, a unas dos horas en auto. En el camino bordeamos una ladera muy próxima a la frontera con Siria. Es una zona fuertemente controlada y militarizada, y pasar junto a muros y rejas electrificadas genera miles de sensaciones. Muchos sirios cruzaron hacia Mardin huyendo de la guerra, y saberlo hace que todo cobre un peso emocional aún mayor.
Muy pocos turistas llegan hasta aquí; eso se nota al visitar los sitios históricos, donde casi todos los visitantes son locales. Me siento una privilegiada haber podido estar en esta región, ver otras realidades y, sobre todo, volver a estar tan cerca de Siria, un país muy especial y tan golpeado.
Han leído una primera parte de este gran viaje por Turquía, queda más por compartir.
Referencia bibliográfica e histórica
Michael Shichor. (1993).“Guías Michael de Turquía”. Editorial Susaeta ediciones S.A.















