En la praxis estética de Macaparana, se constata el transitar por la historia del arte, en particular, las vertientes constructivas del arte brasileño que cobraron interés a finales de los años cuarenta, pero que se consolidaron a lo largo de las décadas de los cincuenta y sesenta, tales como el arte concreto y, luego, el neoconcreto. En la exposición en Proyectos Monclova, se agrupan diversos trabajos, en su mayoría obras recientes que, entre sí, dan muestra de una poética en la que persiste tanto la praxis constructiva, como la estética de las vertientes concretistas del sur del continente. En ese sentido, por medio de homenajes a artistas de la primera generación neoconcretista, tal como Willys de Castro y Hércules Barsotti, -con quienes Macaparana sostuvo una cercana amistad- o bien, trazando referencias a artistas como Alfredo Volpi y su “concretismo heterodoxo” evocador de las fiestas populares, o en su etapa temprana, orientado por el iniciador de la Escuela del Sur, Joaquín Torres García y su constructivismo universal, Macaparana crea una poética vinculada al neoconcretismo cuya singularidad radica en extender este legado por medio de una praxis artística que en sí también da lugar a la reflexión historiográfica.

En el Manifiesto neoconcreto, Ferreira Gullar acuño el término, cuasi-corpus, para redefinir a esta vertiente, en tanto la superación de las postulados del arte concretista, denunciándolo como racional y “óptico-centrista”. En dicho manifiesto, suscribe a la fenomenología (Merleau-Ponty) para reivindicar a la experiencia del cuerpo y la sensibilidad táctil de la mirada, más allá de la percepción ocular. En palabras del Gullar: “No concebimos la obra de arte ni como “máquina ni como “objeto”, sino como un cuasi-corpus, esto es, un ser cuya realidad no se agota en las relaciones exteriores de sus elementos; un ser que fraccionable en partes por el análisis, sólo se entrega plenamente al abordaje directo, fenomenológico.”1 En la medida en que las obras de Macaparana crean espacios en el plano, mismos que recuerdan el concepto “línea orgánica”, que acuño Ligia Clark para introducir el espacio real al plano pictórico, pone en marcha nuevas exploraciones que, cercanas a la estética neconcretista, buscan tensar los límites de la superficie bidimensional.

Más allá de los juegos óptico-retinianos, en el conjunto de obras que conforman esta muestra, se aprecia una investigación geométrica que apuesta por composiciones intuitivas, al tiempo que crea geometrías sobre soportes rígidos como la madera o en metal, que hacen que el plano de despliegue espacialmente o, viceversa, que el espacio emerja desde la superficie a partir de recortes o figuras geométricas que diluyen los bordes de la bidimensionalidad. Este modus operandi, enfocado en las tensiones entre el soporte recortado y las figuras que tensan los límites del plano pictórico, suscriben los teoremas neoconcretistas que buscaban superar las relaciones racionales y mecánicas del concretismo ortodoxo —supeditadas a la relación gestáltica de la figura y el fondo— para explorar y dar continuidad a los postulados fenomenológicos de la tendencia neoconcreta, es decir, la pintura y su relación con el espacio, la exploración sensual, háptica del color como elemento táctil y, en última instancia, la plurisensorialidad del campo visual y del cuerpo del espectador.

Si bien la persistencia del legado concretista está presente en la obra de José de Souza Oliveira Filho, quien tomó su nombre artístico, Macaparana, de su ciudad natal, ubicada el estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil. Por lo mismo, su relación con el campo estético de la geometría, tiene múltiples influjos. En su ciudad natal, las composiciones geométricas estaban en todas partes: en las decoraciones en las calles, en las fachadas de las casas, parques de diversión, en el arte popular y el carnaval. Por lo cual, la abstracción geométrica es, para Macaparana, no solo tendencias del arte moderno, sino un imaginario que proviene de sus vivencias y recuerdos de infancia. Luego, a principios de la década de los setenta se cambia a Rio de Janeiro. Empieza a acercarse al arte concreto y neoconcreto. Se muda a Sao Paulo en 1973, donde establece contacto con el artista concreto, Antônio Maluf. En 1982 conoce a los neoconcretistas, Willys de Castro y Hercules Barsotti, con quien establece una relación cercana, misma que marcaría su incursión en la abstracción geométrica. En este sentido, a este vasto tejido de referencias históricas, también se suma una cierta melancolía que imprime a su poética neoconcretista, una sensibilidad anecdótica de su ciudad de origen, misma que se puede constatar en su nombre artístico.

En esta dirección, cabe traer a la vista, al artista italo-brasileño, Alfredo Volpi, cuyas pinturas geométricas guardan una estrecha relación con las artes populares y el ambiente festivo de Brasil. Macaparana realizó diversos obras tituladas, Serie Volpi (2013), a partir de un dibujo concretista de dicho artista titulado, Composición concreta 1950. Esta obra que forma parte de su acervo personal, y que fuera un regalo de Hércoles Barsotti, refrenda la estrecha relación entre Macaparana y la primera relación de artistas concretos y neoconcretos. Así mismo, al igual que referenciar artistas como Volpi y de Castro, también ha hecho series cuyos títulos, Barsottiano (2006) o Homenaje a Barsotti (2013), reafirman su cercanía con la primera generación de artistas neoconcretistas. Esta proximidad le ha permido extender las narrativas y preceptos neoconcretos, postulando una praxis en la que incurren diversas influencias del arte moderno del sur del continente, por medio de exploraciones geométricas intuitivas que también evocan recuerdos, espacios afectivos, tributos e idiosincrasias biográficas.

La geometría macapariana, si bien a primera vista aparenta rigor y cálculo, en el fondo, es un ejercicio intuitivo cargado de afectos, una estética que lleva a la sensorialidad a una negociación entre la memoria personal y los afectos con la historia del arte. Su abuelo, fabricaba maletas de cartón, así como gabinetes de madera. Su padre heredó el oficio familiar, por cual Macaparana creció en estrecha relación con este material, lo que marcó gran parte de su obra de la década de los ochenta cuando empezaba a consolidarse como artista en Sao Paulo. Durante esta etapa, su obra hacia referencia tanto a Torres García y su constructivismo universal, como a las pinturas tridimensionales de Willys de Castro conocidas como “Objetos activos”. Por otra parte, también evocan simbolismos ancestrales y memorias biográfica. A grandes rasgos, el universo geométrico de Macaparana, puede entenderse como un tejido complejo atravesado por recuerdos de los imaginarios de su ciudad natal, sus amistades artísticas, así como por su afinidad con la estética neoconcreta y la Escuela del Sur. En este sentido, se puede apreciar en la exposición en Proyectos Monclova, la persistencia de los legados históricos del arte moderno, un cuasi-corpus, un ser cuya realidad no se “agota en las relaciones exteriores de sus elementos”, sino que desdobla en el espacio, la memoria de las manifestaciones geométricas desde lo ancestral al neoconcretismo, repertorios que, en última instancia, se filtran en la intimidad subjetiva, la psique y los afectos macaparianos.

(Macaparana. La persistencia del “cuasi-corpus”. Texto por Willy Kautz)

Notas

1 Jornal do Brasil, 22 marzo 1959, Rio de Janeiro.