En El aire, hoy, la primera exposición individual de Tania Pérez Córdova con Travesía Cuatro, la artista presenta un conjunto de obras que ocupan un espacio intermedio en donde la sensación precede a la interpretación. El título de la exposición evoca una premonición compartida más que un significado fijo—una intuición preverbal que circula antes de poder articularse. Anteponiendo la sintonía a la claridad, las obras registran la incertidumbre del momento actual marcado por las crisis políticas y la catástrofe ambiental, invitando al espectador a percibir lo que está sucediendo en lugar de resolverlo.

Pérez Córdova aborda la escultura como si fuera un acontecimiento moldeado por el tiempo, el contexto y el uso. Sus obras exploran cómo los objetos cambian de significado a medida que transitan. Arraigada en la narrativa y en la performatividad, su práctica refleja transformaciones silenciosas, invitando al espectador a considerar lo que un objeto fue, es y podría llegar a ser.

Instalada en el patio de la galería, Protesta, 2025, es una escultura que funciona como una fuente en forma de cadena de lluvia, hecha de ollas y sartenes de aluminio fundido y transformado en formas abstractas pero familiares. Haciendo referencia a un tipo de protesta donde los manifestantes golpean ollas y sartenes, la fuente gotea lentamente agua mezclada con saliva artificial, reflejando la tensión entre la urgencia política y la resistencia silenciosa.

En el interior, Pérez Córdova presenta una serie de esculturas tituladas Oráculos, realizadas en vidrio soplado, aluminio y hierro. Las dimensiones de cada pieza corresponden a la capacidad pulmonar humana. Como un retrato, las formas esféricas descansan sobre moldes de aluminio que asemejan vainas de semillas, sujetas por armaduras de hierro, interactuando con materiales como tierra, abejas muertas y cabello humano. La respiración se convierte en una fuerza material y en una medida temporal. Con cada exhalación, ¿qué predicción del futuro podemos encontrar? La respuesta podría estar en «17,000 horas», dos filtros de aire industriales usados y recuperados. Estos filtros, una especie de readymade, han acumulado miles de horas de partículas en sus redes, dando a sus superficies un acabado marrón oscuro. Aquí se propone un minimalismo diferente, un reflejo de un mundo en decadencia. Una vez más, el aire se percibe como el hilo conductor de la exposición: aire exhalado por humanos, aire inhalado por máquinas, aire que circula, se mueve y genera movimiento.

El lenguaje flota por la exposición como una neblina. La escultura El aire, hoy, que da título a la exposición, es un gran anillo metálico que sostiene una malla tensada en la que se han incrustado partículas de información privada destruida: tarjetas de crédito, documentos en papel, etc. Transformada, oscurecida, pero nunca borrada por completo, la alegoría que presenta Pérez Córdova hace eco de la tan citada frase de Marx y Engels: «Todo lo sólido se desvanece en el aire». Mientras Marx y Engels describen el insaciable impulso del capitalismo de disolver y rehacer el mundo a su imagen y semejanza, Pérez Córdova conserva los restos del presente roto, llevado al abismo por el capitalismo tardío.

La exposición es un acto de equilibrio entre temporalidades. La instalación final, titulada El futuro, se encuentra en la planta superior de la galería. Consiste en esculturas realizadas con ropa que ya no les queda a los niñxs, instaladas bajo una plataforma que cubre la mayoría del perímetro de la sala. ¿Qué yace ahí debajo? Lo que sabemos es que estamos pisando sobre terreno hueco.

Las obras de Pérez Córdova son deliberadamente inestables. En un momento definido por la aceleración, la saturación y la sensación de falta de aliento, la exposición no intenta resolver las incertidumbres del presente, sino que las hace palpables y materiales. Trabajando con y contra el lenguaje, los títulos de las obras — El futuro, Pronóstico y Oráculo— apuntan hacia la predicción y la adivinación, mientras se abstienen de ofrecer claridad, recordándonos la verdad más básica: el futuro es siempre una ficción.

(Texto de Diego Villalobos)