El 21 de agosto de 2025 el club Orlando Pride, uno de los más importantes de la liga de fútbol femenino de los Estados Unidos, anunció la contratación de la mediocampista mexicana Lizbeth Jacqueline Ovalle. La transferencia desde el club Tigres de Nuevo León de la Maga Ovalle, como se la conoce, ascendió a 1,5 millones de dólares, la más alta en la historia del balompié profesional de mujeres.
El paso de esta joven mexicana de 26 años a un club estadounidense marca un hito. En la última década el fútbol femenino ha tomado un protagonismo relevante, que sin embargo está aún lejos de igualar las danzas de millones de contratos en su equivalente masculino. La catalana Aitana Bonmatí, considerada por la FIFA la mejor jugadora del mundo, reconocida con el Balón de Oro en los tres últimos años, opinó que noticias como la transferencia de la Maga Ovalle serán cada vez más frecuentes.
Cierto que lo desembolsado por el Orlando Pride por la jugadora mexicana está muy lejos de las astronómicas cifras de los contratos del portugués Cristiano Ronaldo, el argentino Lionel Messi, el francés Kylian Mbappé o el brasileño Neymar Junior. Un desequilibrio que se justificaría por el trayecto histórico de un fútbol masculino que cobró partida de nacimiento en 1904, mientras la azarosa trayectoria del fútbol femenino recién encontró validación en Europa en 1970, para mantenerse como una actividad casi amateur hasta inicios del presente siglo, cuando se generalizó su profesionalización.
El primer mundial organizado por la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) fue el que se jugó en Uruguay en 1930, año en que era innecesario precisarlo como competencia masculina. Este 2026 se jugará en los Estados Unidos y Canadá su versión vigésimo tercera, con el récord de 48 selecciones participantes y 104 partidos desde el 18 de junio.
(Paréntesis necesario: Un Mundial que, como el anterior, de Qatar, estará revestido de polémica por la sumisión del actual presidente de la FIFA, el ítalo-suizo Gianni Infantino, al presidente Donald Trump, para quien creó en noviembre un Premio de la Paz, violando los principios de neutralidad de la federación).
El primer mundial de fútbol femenino se disputó en China en 1991. Desde entonces se ha jugado en nueve ocasiones, la última en 2023 con organización conjunta de Australia y Nueva Zelanda. La décima copa está programada para 2027 en Brasil con selecciones de 32 países.
La FIFA y sus filiales regionales determinaron que todas las asociaciones nacionales deben tener ligas masculinas y femeninas y, al igual que en el caso de los varones, han organizado campeonatos mundiales en categorías adulta, sub-20 y sub-17. También se replican las grandes competencias internacionales de clubes, con los torneos europeos como los más competitivos.
La “industria” del fútbol femenino está ganando terreno y 2025 fue en muchos sentidos un año de avances, con estadios llenos para finales de campeonatos de selecciones y de clubes, sobre todo en Europa. El continente americano es otra gran plaza, con Estados Unidos que ha sido cuatro veces campeón mundial. Brasil es también una potencia mundial, mientras México y Colombia muestran grandes progresos en los últimos años.
Alex Morgan, la Maga y Jenni
La llegada de la Maga Ovalle al club Orlando Pride tiene una buena carga de simbolismo, sumada a su millonaria contratación. El club estadounidense le asignó en su camiseta el número 13, el mismo que llevó durante años Alex Morgan, jugadora histórica del club y la selección, que en septiembre de 2024, a los 34 años, decidió retirarse del fútbol profesional tras anunciar que estaba embarazada de su segundo hijo.
Futbolista, escritora y modelo, Morgan es una figura insoslayable en la historia del fútbol femenino, por sus éxitos deportivos y su activismo en las luchas por la igualdad en las condiciones económicas de las mujeres con los varones en el balompié. Una lucha todavía en desarrollo y que tiene ya algunos resultados.
Alex Morgan y Megan Rapinoe iniciaron en el año 2019 el movimiento en pro de equiparar los sueldos en las ligas masculinas y femeninas y terminar con tratos discriminatorios hacia las jugadoras. Ambas fueron valores fundamentales para que ese mismo año Estados Unidos alcanzara su cuarta corona en la justa mundial disputada en Francia.
También en 2019 las jugadoras de la liga española se declararon en huelga con la exigencia de mejores salarios. Un movimiento que dio sus frutos, porque la Federación Española de Fútbol aumentó el apoyo a la liga femenina de tres millones de euros a 27 millones. Sin duda este apoyo financiero contribuyó a que en el mundial de 2023 España alcanzara la cima derrotando en la final a Inglaterra.
Balompié femenil y también feminista. En una imagen que se reprodujo en todos los medios, el presidente del fútbol español, Luis Rubiales, estampó un beso en la boca a la capitana Jenni Hermoso y la alzó en vilo por la cintura durante la premiación. El repudio a este gesto se expandió desde las jugadoras hispanas a otras ligas y finalmente Rubiales fue destituido del cargo y llevado a juicio.
Hermoso, que para entonces militaba en el Pachuca de México, requirió a su vez ayuda sicológica para sobrellevar una situación que la expuso mediáticamente y la obligó a distanciarse temporalmente de las prácticas deportivas, hasta que en 2024 fue contratada por Tigres, el equipo de Maga Ovalle, con quien protagonizó el 3 de marzo de 2025, un gol histórico, que le valió a la mexicana el Premio Marta de la FIFA en diciembre.
Fue en un partido contra el Gudalajara, en que Hermoso lanzó un centro “bombeado” al área rival. Un balón que Ovalle proyectó con la suela de su botín, en una contorsión o zambullida de espaldas al arco, para clavar el gol en un ángulo imposible para la arquera. Una jugada poética, que la jugadora bautizó como el “camaroncín”, mientras algunos comentaristas la llamaron “el escorpión invertido”.
La brasileña Marta Vieira dio el nombre a este premio al mejor gol femenino del año, en una réplica del Premio Puskas que la FIFA otorga a los hombres. Fue la primera galardonada en 2024 con un tanto que convirtió vistiendo precisamente la divisa del Orlando Pride.
Cada año aparecen casos relevantes para la historia del fútbol femenino. Una historia que además de deportiva es sobre todo otra lucha feminista, donde las mujeres han tenido que derrotar prejuicios y discriminaciones para conquistar su espacio en las canchas y estadios. Una lucha contra estereotipos instalados en la sociedad, el menosprecio de sus colegas hombres, la falta de apoyo de dirigentes de clubes, autoridades gubernamentales y espónsores e incluso contra la indiferencia del periodismo deportivo en muchos países.
Linda Caicedo, Salma Paralluelo y Melchie Dumornay
Linda Caicedo tenía cinco años cuando ingresó a una escuela de fútbol para menores en Villa Gorgona (Valle del Cauca, Colombia). Fue la única niña en ese establecimiento, concebido solo para la formación de niños, ya que entonces predominaba allí la idea de que el popular deporte era cuestión de varones.
A sus 18 años, esta joven fue una de las estrellas del Mundial de Fútbol Femenino 2023. La selección colombiana fue el equipo latinoamericano de mejor desempeño, llegando a los cuartos de final donde fue eliminada por Inglaterra, que a la postre sería vicecampeona, derrotada en la final por España.
En las campeonas hispanas brilló también una muchacha de 19 años, Salma Paralluelo Ayingono, hija de una emigrante de Guinea Ecuatorial, jugadora del Barcelona, tradicional rival también en el fútbol femenino del Real Madrid, donde juega Linda Caicedo, fichada después del Mundial.
El mundial de 2023 consagró igualmente a Melchie Dumornay. A sus 22 años, esta joven nacida en Haití, el país más pobre de América Latina, es la gran estrella del Olympique de Lyon, el club femenino más poderoso de Francia, donde juega la arquera chilena Christiane Endler.
Las mujeres están siendo cada vez más protagonistas del fútbol, un deporte-espectáculo que mueve millonarios presupuestos, desde las contrataciones y sueldos de jugadores cuyo solo nombre llena estadios, hasta los ingresos por publicidad y sobre todo los derechos de televisación de partidos y campeonatos.
Un negocio que no reconoce fronteras físicas y que, sin embargo, es también un fenómeno social, un territorio de sueños para niños pobres que improvisan un balón para jugar en playas, calles o sitios eriazos y que sueñan con emular a Pelé o Maradona. Un negocio de marcas que producen en serie las auténticas camisetas de Messi, Mbappé y Cristiano Ronaldo que portan con orgullo empobrecidos emigrantes.
Es este el terreno donde las mujeres comienzan a abrirse paso, en otro frente de lucha contra el machismo y el patriarcado.















