Así como el genoma es el mapa de todos los genes, el “conectoma” (en inglés: connectome) es el mapa de todas las conexiones neuronales del cerebro. Un proyecto enorme y casi imposible, considerando la cantidad de neuronas que poseemos y sus conexiones. Miles de miles de millones.

Pero el proyecto avanza y se ha comenzado a trabajar con los mamíferos. El método usado es inyectar un virus que produce una proteína luminosa, como la de las luciérnagas, que es fácil de seguir con un scanner y los virus pasan de conexión a conexión, haciendo posibles imágenes 3D de las redes neuronales, que paulatinamente crean un mapa localizado de una parte del cerebro.

En realidad, somos como personas, la suma de nuestras conexiones cerebrales. Nuestros recuerdos, nuestras experiencias, conocimientos, sentimientos y carácter son estas conexiones y es así que somos innegablemente nuestra memoria en el más amplio sentido y significado concreto de la palabra.

Las conexiones neuronales surgen a partir de las instrucciones genéticas, que representan nuestra historia filogenética. Estas ponen las bases, usando los mismos principios morfológicos que determinan la formación de cualquier órgano del cuerpo. Si no hay deficiencias alimentarias o contaminación ambiental, la gestación sigue su curso y se crea un individuo (o las bases de un individuo). Después del nacimiento, la experiencia determina las conexiones y estas se organizan en estructuras siempre más complejas con un objetivo principal: responder eficientemente a las exigencias del organismo en el medio ambiente, especializándose progresivamente en que, en el caso particular de los humanos, es un proceso, por excelencia, biocultural.

Si observamos en detalle el cerebro de una persona “formada” y lo comparamos con otro, podremos notar muchas similitudes a un nivel macro y en los detalles, muchas diferencias.

Un músico tendrá más desarrolladas las conexiones auditivas y sus conceptos sobre los tonos y las secuencias se verán reflejados en estructuras cerebrales más desarrolladas en la medida en que la práctica y la experiencia transforman el órgano.

Un arquitecto tendrá un centro para las relaciones espacio-visuales mucho más sofisticado.

Un pintor podrá distinguir y percibir colores con una sutileza que supera significativamente la media y esto será legible en el estrato neuronal.

Algunas personas tendrán un metabolismo de proteínas en el cerebro, que les permitirá crear conexiones más rápidamente. Otros, características, habilidades y “defectos” particulares, que se manifestarán claramente en “conectoma” como un tipo de marcador biológico.

Una vez que el mapa sea una realidad y tendremos que esperar años, nuestro concepto de humanidad cambiará radicalmente. Nuestras ideas y teorías sobre la naturaleza humana serán más concretas, tendremos una nueva visión de muchas de las enfermedades o disturbios mentales, que nos acosan en estos momentos, y las posibilidades de diagnosticarlas y tratarlas serán infinitamente superiores.

Finalmente, sabremos cuáles son las causas reales de las diferentes formas de autismo y cambiará también nuestro vocabulario para describir los síntomas y las “deficiencias”, ya que las podremos distinguir mejor y nuestras categorías etiológicas serán más precisas y apropiadas, distinguiendo similitudes aparentes por sus causas e historia.

Personalmente, una de las tantas capacidades, que me interesa conocer mejor a este nivel de conexiones, es la de escribir. No digo que exista un gen del escritor, pero seguramente existen estructuras neuronales que se han desarrollado durante la vida de las personas, que facilitan y sustentan la capacidad de escribir.

Recuerdo una vez, observando a una escritora, que elaboraba un texto. Esta se detenía a menudo a corregir frases y párrafos, dedicándoles tiempo para mejorarlos y realmente lo hacía. Pero al preguntarle por qué se detenía en ciertas frases o pasajes del texto, no sabía explicarlo con precisión y se apelaba al gusto, la experiencia y la estética. Ella tenía un sentido del texto, que conjugaba estilo, forma, sonoridad, sintaxis, significado y fluidez que era muy superior a la media y me imagino que, observando su cerebro, mientras controla un escrito, podremos ver qué áreas del órgano cognitivo se iluminan, descubriendo procesos y habilidades específicas.

Una vez leí sobre un curso de poesía en los EE.UU., donde se invitaba a poetas conocidos para que mostraran sus textos con un pedido especial, que evidenciaran las cosas que habían modificado controlando sus escritos. La responsable del curso conocía muy bien las dificultades para hacerlos hablar sobre sus criterios de escritura y evidenciando las partes alteradas de una versión a otra, tenía una llave para descubrir algunos de los secretos.

Volviendo a las conexiones neuronales, la mielinización determinada y el uso asiduo de algunas redes neuronales, como resultado de la especialización, nos mostrarán cuáles son las áreas más usadas del cerebro y así la estructura misma nos dirá algo importante sobre la persona.

Por otro lado, pienso, reflexionando sobre estas posibilidades, que, si observamos una red de carreteras, podremos intuir el tráfico, pero no el modelo de coches que pasan o su destino específico. Es decir, la idea o el pensamiento en sí no es directamente reconocible a partir de la infraestructura neurológica y en este sentido el contenido es relativamente independiente del canal que usa para transitar.

El “conectoma” será un progreso indudable, pero la mente seguirá conservando muchos de sus secretos por un tiempo impredeciblemente extenso y la subjetividad del individuo no será completamente legible de las conexiones mismas y esta tendrá la capacidad de alterar su propia estructura.