No sé si les ha pasado, pero en redes sociales (sobre todo en las laborales) llevo viendo desde hace tiempo comentarios y reclamos acerca del aparente “sesgo etario”, una línea imaginaria que dividiría a las personas que se puede o no se puede contratar.
Y siempre que lo veo me causa gracia.
Si quieren saber por qué, la realidad es que nunca he sentido que no me contraten porque pasé los 40, o porque estoy más cerca de los 50. No siento discriminación, ni en los procesos de contratación ni en el ambiente laboral.
Desde que empecé a trabajar me enfoqué en una sola cosa: ser el mejor en lo que hago (aunque falle) y, sobre todo, no dejar de aprender, crecer y especializarme.
Un poco de historia
Tengo 48 años, varios títulos de grado y una pila muy alta de certificaciones, especializaciones y cursos. En un mundo tan globalizado, destacar de la competencia es crítico.
¿Cuál es la idea? Empezar a reducir el grupo de candidatos cada vez más, hasta que no solo seamos potencialmente los únicos que llenen esos requisitos o, incluso si no es así, seamos los mejores.
Pensemos en las probabilidades. ¿Cuántas probabilidades hay de ver un auto al salir a la calle? Millones. ¿Cuántas de que, además, sea rojo? Una porción significativamente menor. ¿Cuántas hay de que, además, tenga los vidrios polarizados? Si seguimos agregando condiciones, se vuelven cada vez más pequeños. Lo mismo pasa con el trabajo.
Si somos uno de cientos de analistas de sistemas que se presentan a una postulación, no destacaremos. Pero si somos uno de los pocos que saben manejar varios lenguajes, además hablan varios idiomas, y tienen años de experiencia (o, como lo llaman las nuevas generaciones, “seniority”), la competencia empieza a ser cada vez más escasa, y mejora nuestras chances de ser elegidos.
Especializate
Primero hay que buscar la forma de aprender más de las últimas tendencias en tu área, para que dejen de llamar “antigüedad” a lo que deberían llamar “experiencia”. Si han cambiado la forma de gestionar proyectos y te quedaste dos metodologías atrás, es probable que seas descartado por los filtros de IA, sin siquiera llegar a una entrevista.
También hay partes de una empresa que tienen responsabilidades diversas, por lo que tenemos que estudiar aquello en lo que nos gustaría enfocarnos. Por ejemplo, un empleado de recursos humanos puede ser especialista en contratación y retención de talento, otro puede ser un gran liquidador de sueldos y otro un motivador excelente, que mantiene a todo el mundo entusiasmado con el trabajo, con su aporte y con su energía.
El secreto es que no hay secreto
No podemos controlar el tiempo. Vamos a crecer y vamos a seguir creciendo hasta que nos jubilemos, pero esto no tiene por qué ser una carga. Somos tan jóvenes como la edad que creamos que tenemos, y somos tan efectivos como todo lo que sepamos hacer. Si los paradigmas cambian, los que quedan atrás no es por cumplir años, sino por no adaptarse.
Hace años, los proyectos se administraban con una metodología; hoy se utilizan otras. Los lenguajes de programación que hoy son tendencia antes no existían, y los que antes existían hoy son prácticamente obsoletos. Las tendencias cambian cada vez más rápido, y eso implica adaptarse para sobrevivir.
No te estanques
Especializarse es bueno, pero estancarse en el mismo tipo de conocimiento nos frena. También es útil buscar conocimientos similares pero adyacentes. Por ejemplo, si eres desarrollador de software, aprende sobre gestión UX/UI. O quizás sobre gestión de servidores, o infraestructura, o cualquier cosa que te quite de la programación para que tengas una forma de “escaparte” y relajarte después de un día de hacer siempre lo mismo.
Hoy existen plataformas como LinkedIn Learning, Coursera, Udemy o incluso YouTube, donde podés encontrar cursos gratuitos o a bajo costo.
Como sugerencia, es mejor estudiar de manera constante, sin dejar mucho tiempo entre cursos, para mantener el ritmo que consigamos.
Crecer está permitido, pero estancarse está prohibido
Tenemos que demostrar que podemos seguir el paso de las nuevas generaciones, que podemos aprender y continuar mejorando, que buscamos nuestro crecimiento (no solo por experiencia, sino por actualización).
Cuando enviemos una solicitud de empleo, la empresa revisará qué tal estamos con las últimas tendencias, cuándo invertimos tiempo y recursos en aprender algo nuevo y si estamos dispuestos a ser enseñables, porque podemos conocer muchas técnicas de nuestro empleo, pero la cultura de todas las empresas es distinta y tenemos que ser maleables para aprenderlas.
Si somos buenos estudiantes, es muy probable que seamos grandes maestros, porque entendemos la forma de llegar a distintos tipos de personas con varios contenidos diferentes, para poder transmitir lo que aprendimos más nuestra experiencia pasada, puliendo las últimas técnicas aplicadas a nuestra área con lo que hemos aprendido con los años.
La edad no nos limita; lo que realmente nos limita es dejar de aprender. Seguir aprendiendo no es solo una estrategia laboral, es una manera de vivir.















