En un anterior artículo1 hablamos de la historia del pantalón y de la lucha de la mujer para poder usarlo, una prenda que hoy en día es básica en nuestro armario. Pero si les dijera que hay otra prenda que pasó exactamente lo mismo, aunque al revés, ¿me creerían?
El corsé, desde sus inicios, fue motivo de controversia. Comenzó en la antigua Grecia, donde se usaban prendas similares llamadas “apodema”. Estaban hechas de lino y se envolvían alrededor del abdomen, ajustándose firmemente para estilizar la figura sin realzar el pecho.
En el siglo XVI, en Italia, se diseñaron principalmente como ropa interior. Eran rígidos para sujetar el cuerpo, creaban una figura esbelta y un torso alargado, dando una apariencia elegante y refinada. Gracias a Catalina de Médici, noble italiana que al poco tiempo fue reina de Francia, a mediados de ese siglo se introdujo el corsé para realzar la figura y mejorar la postura.
Rápidamente se hizo popular y pasó de ser ropa interior a convertirse en un símbolo de alta moda y estatus social. A su vez, podía usarse tanto debajo como por encima de la ropa, para aplanar el abdomen y realzar las faldas y el pecho. Cuando se llevaba fuera de casa, se utilizaban “corsés abdominales” decorativos sobre los encajes de la parte delantera.
Los corsés se confeccionaban con hueso de ballena y otros materiales entrelazados con tela. A lo largo de su uso, su principal función fue moldear un pecho prominente y, al mismo tiempo, estilizar el abdomen y la cintura.
En el siglo XVII, se utilizaban simplemente para crear un torso de forma cónica, aplanando el pecho y enfatizando la cintura. Al inicio del siglo, los corsés tenían la cintura ligeramente alta, realzaban el busto y creaban una silueta cónica. Estaban hechos de materiales rígidos, como ballena o acero, y se ajustaban para estilizar la figura. Solían usarse debajo de los vestidos, que también estaban armados para resaltar el busto y la cintura alta.
Con el avance del siglo, la cintura descendió ligeramente y la forma evolucionó hacia un frente largo y redondeado. Esto se lograba mediante el acolchado del corsé en la parte delantera y el uso de varillas curvas además de planas. El escote también cambió, volviéndose redondo y abierto, realzando el cuello y los hombros.
Ya en el siglo XVIII, existía un tipo de prenda interior similar al corsé, con torso largo, tirantes, ballenas y cordones. A diferencia del siglo anterior, esta prenda tenía una forma cónica más alargada y moderna, al tiempo que levantaba y comprimía el busto, en lugar de reducir la cintura.
Los tirantes contaban con lengüetas en la base de la prenda, lo que permitía mayor comodidad en las caderas mientras reducían la cintura y realzaban el busto. Estos tirantes se ajustaban a la figura de cada persona y ofrecían soporte en lugar de restricción.
El corsé mantenía una postura recta y erguida, gracias a un soporte: un trozo de madera colocado en un bolsillo en la parte delantera. El busto se extendía desde la parte superior hasta el hueso púbico, lo cual dificultaba agacharse.
A principios del siglo XIX, los corsés eran más sencillos: estaban diseñados para sujetar los senos justo debajo del busto y crear una forma columnar mediante cordones y un soporte central.
Con el paso del siglo, la cintura recuperó gradualmente su posición natural, mientras que la cadera y el busto se ensancharon para crear la figura de reloj de arena.
A mediados del siglo XIX comenzaron a abrocharse en la espalda y llevaban busk, para crear un frente plano y mantener la postura erguida exigida por la moda y el decoro. Se fabricaban de marfil, madera, hueso o metal, y se adaptaban a la curva de la cintura y el busto de la usuaria.
En el cuadro de Margaret Swan de 1867 vemos cómo la nueva moda desplaza la cintura hacia la línea natural. El corsé es más corto, crea un busto redondo y una cintura estrecha y definida. Las faldas amplias, el relleno y las mangas anchas acentuaban aún más la figura en los vestidos de moda.
En 1879 se inventó el busk metálico en forma de cuchara. Su diseño permitía mayor comodidad y eficacia en la parte del abdomen, ayudando a controlar la protuberancia sin compresión excesiva. Este invento representó un avance significativo en la corsetería, ya que mejoraba la comodidad del usuario y, a la vez, proporcionaba la deseada figura de reloj de arena.
Además, en 1868 se patentó un nuevo método de moldeado por vapor. Esta técnica permitió endurecer los corsés hasta darles la forma curvilínea de reloj de arena que fue popular a fines del siglo XIX, principalmente en las décadas de 1870 y 1880. Esto permitió que el corsé se adaptara mejor al cuerpo de cada usuaria, dando como resultado un ajuste cómodo y personalizado.
La llegada del siglo XX trajo varios cambios históricos. A principios de ese siglo se popularizó la silueta en “S”, creada mediante un corsé de frente recto que empujaba las caderas hacia atrás y dejaba el busto caer bajo.
En los locos años 20 surgió la silueta columnar, donde los vestidos parecían bidimensionales y colgaban de los hombros. Es aquí donde aparece la idea del sostén.
En la década de 1930, la silueta recuperó ciertas estructuras: los vestidos de noche se ajustaban al cuerpo femenino y los trajes estaban cuidadosamente confeccionados.
La introducción del “New Look”, a finales de los 40 y principios de los 50, devolvió la silueta estructurada del siglo XIX: hombros caídos, cintura estrecha y caderas acolchadas. Las prendas interiores creadas para lograrla incluían la faja y el sostén reforzado.
Durante las décadas del 60 y del 70, la silueta ideal se inclinó hacia un cuerpo esbelto y las fajas quedaron en el olvido.
En los 80 hubo un breve regreso a las hombreras y a la cintura estilizada, pero la forma ideal del cuerpo seguía siendo alta, delgada y adolescente. Lo mismo ocurrió en los 90 y en los 2000: había variantes en las siluetas, pero el modelo de cuerpo delgado continuaba dominando en la moda.
Actualmente, a pesar de que todavía existen estereotipos sobre cuál es el cuerpo ideal, ya no se usan prendas incómodas ni demasiado ajustadas. Los corsés dejaron de ser una obligación para la mujer: ahora son una elección. No se trata de imponer una figura, sino de disfrutarla.
Notas
1 Acceso a nuestro artículo “¿Una prenda tiene género?”.














