En 2023 fui invitado a participar en una charla sobre identidad en la feria Epicentro. Compartí ese espacio junto a Egar Murillo, Facundo Díaz y Marcela Furlani con quienes intercambiamos opiniones en torno a una pregunta propuesta por la productora organizadora del ciclo de charlas en la feria: ¿Cuál es la identidad del arte mendocino?

Para esa ocasión preparé el siguiente texto, como una manera de ordenar y compartir algunas ideas sobre el tema.

¿Tiene identidad el arte mendocino?

La identidad es un conjunto de identificaciones. Estas identificaciones, externas, las imitamos de manera inconsciente. Luego nos apropiamos y pasan a ser identidades. Luego también será importante desapropiarse de esas identidades, cosa fundamental para la posibilidad de otras identidades.

Sobre esto me parece interesante preguntarse. Aquí, en esta desapropiación de identificaciones heredadas, es donde aparece la decisión consciente. La elección. Y esta elección no fija la identidad sino que la dinamiza.

El ser y el estar para este caso van a ser cosas diferentes. Entonces, el ser rigidiza, a través del “soy tal cosa” (porque me identifiqué con eso de manera inconsciente, por lo dado y definido desde el exterior) y eso, “el ser tal cosa”, o sea, el ser, es atemporal y se presenta como verdad inmodificable; el estar es dinámico y permite otras identificaciones y no será una u otra, sino todas simultáneamente. Entonces, desde la dimensión del estar, pensaremos identidades y no La Identidad.

Hablar de La Identidad del arte mendocino asumo, que no es posible, mejor pensar, en todo caso las identidades del arte mendocino, que es una categoría más amplia. Pero incluso, todavía, insuficiente. Porque estas identidades pueden cambiar en el tiempo. Eso hace al estar dinámico, y no fijo y atemporal como el ser.

El arte mendocino es, desde mi punto de vista, un conjunto de identificaciones que desarrollan identidades que, no solo se presentan simultáneamente en una horizontalidad, tampoco son fijas sino dinámicas en el tiempo. Pretender tomar una identidad para describir al arte mendocino, es una tarea en vano. Y solo sería un recorte de la diversidad de posibilidades que ofrece el arte de la provincia.

La charla fue grabada y yo leí este texto, luego improvisé algunos comentarios a partir de lo que se debatía en la mesa. Recuerdo que un momento surgió la pregunta de si el arte mendocino tenía algo "reconocible", un trazo común, una estética, una preocupación compartida. Qué importante es desconfiar de esas expectativas.

Reducir la identidad artística de una región a esos elementos visibles y turísticos es un reduccionismo que no hace justicia a la complejidad del campo.

Lo mendocino, como cualquier otra categoría territorial, es también una construcción política y afectiva. Hay artistas que nacieron en Mendoza pero viven en otros lugares; hay quienes vinieron de otros sitios y encontraron aquí su lugar de producción. Hay trayectorias que se cruzan con lo institucional, con la autogestión, con la militancia, con lo académico, con lo barrial o con lo digital. Hay artistas que trabajan desde la abstracción más formal y otros desde lo documental, desde lo íntimo, individual o desde lo colectivo. ¿Qué rasgo común se podría establecer entre todas esas prácticas sin que sea una simplificación forzada? Más aún sabiendo que en cada una de estas áreas también se ramifican diversas estéticas de las que no podríamos, necesariamente, ante una mirada (o comprensión) contemplativa, decir: “Esto es arte mendocino”.

En cambio, lo más preciso es pensar el arte mendocino como una constelación en movimiento, donde las referencias no son fijas, sino móviles. Donde se da lugar a la contradicción, a la disidencia, al desacuerdo. Y donde también hay, a veces, momentos de afinidad y colaboración. Lo que une a esas prácticas no es una esencia, sino una condición de posibilidad compartida: no solo en habitar un territorio, y desde allí producir sentido, tensionar lo dado, proponer otras formas de ver y de decir. No solo eso, hoy habitar ese territorio no se remite solo a lo geográfico sino a la expansión del mismo gracias (o por culpa) de la eterna realidad centro y periferia. Importante entender en este punto que “eternas” son estas categorías, no la necesidad de ir de una a la otra. Este desplazamiento está dado por otras cuestiones. Pero no profundizaré en ello ahora.

En la charla también hablamos del rol de las instituciones. Del modo en que las políticas culturales (o su ausencia) pueden influir en la producción de identidades. De cómo los premios, las becas, los espacios de exhibición y los discursos muchas veces consolidan ciertos perfiles en detrimento de otros. Esta balanza no tiene que ver con el resultado de una práctica, o sea tal o cual tipo de obra, sino con la visibilidad de la misma ¿Qué prácticas quedan por fuera de esa legitimación? El centro y la periferia, nuevamente, pueden responder a esto. Y en el caso, al menos de Mendoza, se da con muchos ejemplos.

Hablar de identidades del arte mendocino es también, entonces, hablar de sus desplazamientos. Quizá el lugar donde buscar para preguntarse sobre la identidad del arte mendocino, no es en sus producciones solamente, sino en sus artistas. No en cómo son los artistas mendocinos, sino en dónde están. No estoy seguro pero pienso que la respuesta a la ubicación del artista arroja más información sobre identidad que lo que el artista mendocino hace. Y es importante recalcar que no estoy diciendo algo tan antiguo y necio como que no importa la producción sino las redes (ese es otro tema). Solo quiero dejar de lado la confusión de que la identidad se remite al ser de una producción, para aclarar que tiene que ver con el estar de un artista.

Volviendo al inicio, a la pregunta que originó la charla, no creo que podamos —ni debamos— responder con una definición cerrada. Me resulta más fértil pensar esa pregunta como una invitación a dejar de insistir en aquello dado que resuena luego de la palabra identidad. A mirar con más atención lo que está pasando. A dejar de buscar “lo identitario” como si fuera una clave secreta que descubrir en las estéticas o estilos. Dejar de buscar lo identitario en una escuela de arte mendocino y empezar a buscarlo en una terminal, un aeropuerto o una ruta.