Desde hace ya varios meses vengo escuchando o leyendo en redes sociales la frase “me vestí estilo Pinterest” o “ese look es re pinterest”. Alegar que una simple aplicación condiciona el estilo de una época, tal vez es un poco exagerado, ya que es parte del gran sistema en el que vivimos. Aunque las referencias siempre existieron, solían estar arraigadas a un estilo de música, un estilo de vida, un estilo arquitectónico. ¿Qué pasa con el algoritmo y cómo afecta nuestra identidad? ¿Qué pasa si todos tenemos la misma fuente de inspiración?
Siendo una mujer joven que pasa mucho tiempo en internet, no puedo evitar notar cómo las tendencias nacen y mueren en un tiempo llamativamente corto. Tener el estilo coquette hace 5 meses era sinónimo de fashionista, hoy pareciera ser algo atascado en el 2024, y a su vez, no deja de aparecerme contenido sobre cómo el estilo en tendencia del 2025 es el Boho Chic, el cual probablemente desaparezca igual de rápido.
Sentir la imperiosa necesidad de tener que cambiar casi toda la ropa que tenemos porque sentimos que ya no nos representa, como si la cuestión identitaria fuera sólo cuestión de meses. Correr detrás del algoritmo muchas veces se torna un poco dificultoso, sobre todo cuando cada estilo surge en reacción al anterior, y como una necesidad de dejar atrás aquello que ya no nos diferenciaba del resto. Pasar del “clean look”, aquel rodete que no dejaba escapar un cabello por su cantidad de gel, a un peinado un poco más liberado, suelto y con ondas. Pasar de la prolijidad extrema a aquello un poco más salvaje, no se trata de una inquietud personal, sino más bien, está reflejado en aquello que vemos constantemente en el mundo digital. Si algo nos aparece como la nueva norma para vestir bien ¿por qué no íbamos a adoptarla?
Desde su nacimiento, la moda representa aquello que queremos comunicar, lo primero que le mostramos al mundo sobre nosotros mismos, sobre quiénes somos, qué nos gusta, de qué trabajamos y cómo pensamos. La tensión entre querer ser parte de un grupo pero a su vez la necesidad de diferenciarnos del resto es en parte, lo que impulsa los cambios en la moda. Pero en un mundo sobrado de algoritmos, aquello que nos diferencia queda a un lado, vestirse por y para ser aceptado dentro del algoritmo de la sociedad, para poder reconocernos con otras personas con “estilo pinterest”.
Forjar el estilo personal en base a copiar outfits exactamente iguales a como los vemos en las plataformas, es tal vez, un síntoma propio de la Era en la que vivimos. Cuando los accesorios, el calzado y las camisas tienen una aparente forma única de combinar, que a simple vista pareciera algo incluso innovador, cuando aquel ítem que en principio intenta ser el diferenciador, se ve repetido de manera homogénea, conformando microtendencias. Ninguno de nosotros, creo yo, está exento de caer en las influencias algorítmicas que nos rodean, y escribo esto usando algo que hace un año creía muy alejado de mi estilo, pero la repetición constante en redes sociales me hizo querer unas hasta el punto de comprarlas y llevarlas con orgullo, las bermudas.
Este análisis no escapa de otros ámbitos de la vida social. La decoración de interiores, los consumos de series y películas, entre otras cosas, también se vieron relegados a esta cuestión algorítmica. Espacios totalmente blancos, con los mismos muebles, las mismas plantas y los mismos elementos decorativos: ¿qué dice esto del lugar que vamos a habitar? ¿Cómo encontrar nuestro estilo personal en un lugar, que de por sí, no nos dice mucho acerca de quiénes somos? En la misma línea, cuando una película o serie se estrena en una de las tantas plataformas que el mundo nos incitó a comprar, la conversación sobre esto tiene un pico muy pronunciado los días siguientes a su estreno, todo contenido, análisis o reflexión tiene un tiempo de vida igual de corto que las tendencias previamente mencionadas. Sentimos que debemos verla cuanto antes, para poder ser parte de las conversaciones que nos rodean.
Tener un estilo personal bien definido pareciera ser, actualmente, un reto para aquellos que pasan demasiado tiempo en el mundo digital. ¿Cómo es pensar por fuera del algoritmo? ¿Qué implica hoy en día ser “un apasionado por la moda”? Tal vez la respuesta más adecuada amerita ser un tanto más extensa, pero tener una relación crítica con lo que está pasando en el mundo digital es un primer paso bastante acertado. Poder entender cómo funcionan las tendencias, pero también ser consciente de que la moda radica en la creatividad y en el autoconocimiento. El verdadero desafío no es seguir lo que todos hacen, sino encontrar formas de expresar lo que somos a través de lo que vestimos, incluso si eso no es lo que el algoritmo nos muestra.
Encontrar la manera de no ser solo un espectador pasivo, sino un creador activo de nuestra propia narrativa visual, puede ser la forma de seguir adelante sin perder nuestra identidad. Vivimos en un flujo continuo de información, donde lo que es relevante hoy puede ser irrelevante mañana. En este ambiente, resulta difícil resistirse a la tentación de seguir lo que el algoritmo marca como tendencia, ya que la necesidad de ser parte de una conversación global parece ser más fuerte que el deseo de hacer algo único. En este sentido, pensar por fuera del algoritmo implica recuperar el control sobre lo que realmente nos interesa.















