Un recuerdo de una traducción: un grafiti en árabe en un mercado sirio en 2011, en el que se leía, en una superposición de texto: Tú, que tienes ademanes de ensueño. Para Lucía C. Pino, esta extraña forma de dirigirse a alguien encerraba la posibilidad de calidez y comunidad, y se convirtió en el título de su exposición de 2025.

El trabajo de C. Pino con los «archivos» ha seguido más o menos esta línea, a través de la memoria y los deslizamientos de significado. Las visitas a archivos queer han dado pie a reflexiones más profundas sobre la herencia mediada y los posibles legados. Algunas de ellas se desarrollan en su libro de autoficción Crines (2023), donde Karim Rosa aparece por primera vez como personaje central, un juego de palabras basado en la hermana de le artista, que trabaja como enfermera nocturna en un hospital público. La fluidez de los materiales y los temas que se encuentran en estos archivos también han influido en su propio enfoque a la hora de crear imágenes. Amigues y amantes se convirtieron en modelos para fotografías tomadas con el móvil, que luego se ampliaban, enmarcaban y secuenciaban para crear una atmósfera suave y tierna, más que para transmitir información o una narrativa.

Otras cuestiones sustentan la obra. Por ejemplo, le artista ha estado indagando en historias familiares y detalles que no cuadran del todo en torno a una posible ascendencia árabe. Independientemente de si se puede verificar o no esa sospechada ascendencia, la investigación da pie a reflejar los intercambios documentados entre España y el norte de África, así como las formas en que tales vínculos pueden desaparecer o quedar ocultos en las historias familiares. Estas historias se ven enmarcadas, por un lado, por la xenofobia actual en España y, por otro, por el auge del nacionalismo en toda Europa, en medio del cual también crecen la resistencia y la protesta.

Se trata de un pequeño desvío y, enseguida, nos encontramos de nuevo ante la obra. Las estructuras metálicas, adquiridas en desguaces y anticuarios, así como rescatadas de la basura, se vuelven a soldar para crear armaduras que se convierten en marcos, soportes, vallas o barricadas, evocando restricciones espaciales o el espectro de la arquitectura de la resistencia. No se trata simplemente de objetos encontrados, por el contrario, estas obras son el resultado de un trabajo prolongado. Durante un año, le artista acumuló barras, barandillas y piezas de acero y aluminio, y luego dedicó otros seis meses a cortarlas, pulirlas, cepillarlas y modificarlas químicamente para darles nuevas formas. En Tú, que tienes ademanes de ensueño, de C. Pino, los espectadores se encontraban con estas estructuras no solo como referencias visuales a vallas y pasillos, sino como formas que reorganizaban y obstaculizaban su movimiento y su atención. En Karim Rosa, estas esculturas regresan a la galería, dibujando un nuevo recorrido por el espacio.

La investigadora Julietta Singh ofrece un marco útil para analizar la forma flexible en que C. Pino se relaciona con el proverbial archivo. En No archive will restore you (2018), Singh describe el archivo como una «ficción habilitadora», es decir, aquello que dices que estás haciendo antes de hacerlo realmente y antes de comprender plenamente lo que está en juego en la recopilación y la interpretación. Singh amplía aún más la metáfora. Cada une de nosotres es, de hecho, un archivo en constante evolución, incompleto, en deterioro y marcado por huellas históricas y traumas. En lugar de recuperar una historia fija o estable, el cuerpo es un lugar donde las historias se acumulan de forma desigual, llevando consigo tanto lo que se recuerda como lo que no se puede conocer por completo. El mundo exterior, escribe Singh, «nos constituye, nos nutre y nos envenena por turnos».

La frontera entre «dentro» y «fuera» parece cada día más difusa. Como mínimo, es difícil exagerar la rapidez con la que ambos se influyen mutuamente, sobre todo bajo el aluvión constante de imágenes mediadas e interfaces por las que nos movemos. En Drifting in the atmospheric (2025), del comisario Sohrab Mohebbi, este describe una tendencia en el arte contemporáneo que se aleja de las categorías diferenciadas de instalación, pintura o fotografía, para dirigirse hacia «atmósferas» que disuelven las distinciones entre obra de arte, sujeto y espectador. A su vez, para los espectadores, publicar una obra de arte en línea ya no significa simplemente «estuve allí», sino que, cada vez más, declara «me identifico con esto» o «yo soy esto».

Las imágenes de obras de arte son solo un tipo de atmósfera que circula por nuestras redes sociales. En marcado contraste, aunque dentro del mismo flujo, proliferan imágenes y retransmisiones en directo de genocidios y actos de resistencia en distintos lugares del mundo. ¿Qué le ocurre al cuerpo tras presenciar repetidamente tanta violencia a través de las pantallas? Si el cuerpo es un archivo, es uno que se ve continuamente moldeado por lo que presenciamos y lo que nos indigna, así como por las comunidades y las solidaridades que nos sostienen, un llamamiento al «tú» que tiene buenos modales.

Las obras de C. Pino reconstituyen referencias y materiales que flotan en esta atmósfera física y virtual, interior y exterior, localizada y desplazada. Cadera Miamia (2025), una mesa de acero empalada cubierta con un patchwork de vaqueros que recuerda vagamente a un barco o a un caballito de balancín, hace referencia a la flotilla Global Sumud que salió de Túnez en 2025. Los vaqueros desgastados, cosidos y tensados sobre armaduras frías y afiladas, con los contornos de las piernas aún intactos, conservan el rastro de la persona que los llevó puestos. El cuerpo se trata como materia; una pierna, un muslo o una nalga se convierten en una forma discreta como un corte de carne. Aunque el tejido es un medio «blando», el denim y el cuero son aquí tejidos pesados y estructurados, y en su superposición percibimos la dificultad que entraña manipularlos. El cuerpo reaparece en la fuerza y la fisicidad que exige la obra.

Aunque se encuentra en estado de deterioro y es irrecuperable, Singh también escribe que «el archivo corporal es una sintonía, una reunión llena de esperanza, un acto de amor contra las limitaciones de la razón». La exposición de C. Pino está repleta de limitaciones físicas, rastros y espectros de violencia, tanto explícitos como implícitos. Sin embargo, las mismas estructuras que actúan como barricadas también permiten que las líneas de visión las atraviesen, creando nuevas relaciones entre imagen y objeto, cuerpo y estructura, ternura y violencia.

Según la interpretación de la filósofa Sylvia Wynter, se dice que Cristóbal Colón anotó la frase totum navigabile («todos los mares son navegables») en su cuaderno cuando llegó a América. Para Wynter, la frase ayuda a articular una ruptura epistemológica. Ya no existía simplemente un «dentro» y un «fuera» del mundo cristiano, ni tierras habitables e inhabitables. En cambio, el encuentro se convirtió en la base de un nuevo orden de lo humano y de la distinción entre quienes podían incorporarse a esa categoría y quienes podían ser subyugados por debajo de ella, produciendo así otro tipo de cercamiento. Si tuviera que traducir mal o malinterpretar la frase en este contexto, se referiría a la flotilla que navega por una Palestina libre, o a los actos de amor contra las «ejecuciones hipotecarias de la razón». En Karim Rosa, las ficciones habilitadoras abren nuevos pasajes, o al menos otras posibilidades de navegación.

(Ficciones habilitadoras. Sobre la exposición de Lucía C. Pino Karim Rosa, septiembre 2026. Texto por May Makki)