Observa un libro con atención. Fíjate en la cubierta, las páginas de texto e ilustraciones, y la forma en que todo está unido. Aunque hoy en día se producen en masa, con tipografía computarizada y máquinas que minimizan el trabajo humano, hasta hace unos quinientos años los libros se escribían, decoraban y encuadernaban totalmente a mano. Pero a pesar de sus diferencias en producción y apariencia, los libros modernos se parecen en muchos aspectos a los de hace mil años.

Esta exposición examina cómo se hacían los libros escritos a mano, llamados manuscritos, en Europa y la zona del Mediterráneo durante la época medieval (período aproximado entre los años 500 y 1500). El proceso incluía la elaboración del pergamino, la escritura, la iluminación (aplicación de metales preciosos y pintura de colores) y la encuadernación. En la Alta Edad Media, este trabajo podía hacerlo un solo monje en un monasterio. Ya para el año 1200, los libros solían ser elaborados por especialistas que vivían en las ciudades, y la producción se dividía entre cuatro oficios distintos: pergaminero, escriba, iluminador y encuadernador.

Pergamino

La mayoría de los manuscritos medievales no se escribieron en papel, sino en pieles de animales con tratamiento especial, denominadas pergaminos. El primer paso para elaborar pergamino era remojar las pieles, en general de ternero, oveja o cabra, en una solución cáustica de cal para aflojar y eliminar el pelo. Después de lavarlas con agua, cada piel se estiraba en un bastidor de madera, como el que se muestra a la izquierda. Mientras la piel aún estaba húmeda, se mantenía tensa sobre el bastidor y se raspaba la superficie con un cuchillo de hoja curva. Este ciclo de raspar y tensar la piel se repetía durante varios días hasta lograr el grosor deseado. Una vez retirado del bastidor, el pergamino se cortaba en hojas rectangulares y se alisaba aún más, raspándose y lijándose en seco por lo general con piedra pómez (una piedra volcánica áspera).

Escritura

Después de prepararse, el pergamino se pautaba (rayaba) con un estilete (instrumento duro y puntiagudo que deja surcos en la superficie), con una punta de plomo (pedazo de plomo afilado que deja marcas grises) o con tinta de color. Estas líneas guía, añadidas como parte del diseño de la página antes de que los escribas comenzaran su trabajo, los ayudaban a trazar sus letras de manera uniforme.

Los escribas usaban plumas de ganso o cisne con un extremo cortado para crear la punta con que se escribía. A esta se le hacía una hendidura en el medio para facilitar el flujo de la tinta y se le daba forma para variar la apariencia de la escritura: densa o abierta, angular o redondeada.

La tinta negra se elaboraba con carbón producido al quemar diversos materiales, o con limaduras de hierro mezcladas con ácido gálico, una sustancia derivada de las agallas (protuberancias) que se forman en los robles cuando las avispas depositan sus huevos en hojas o ramas nuevas. Cada uno de estos colorantes se mezclaba con una goma transparente para crear la tinta de escribir.

Iluminación

El pintor de manuscritos, conocido como iluminador, trazaba primero un contorno con punta de plomo (plomo metálico, afilado para hacer marcas) o con pluma de ave y tinta. Luego, las áreas en que se aplicaría el pan de oro se cubrían con sustancias adhesivas, tales como el bol (arcilla roja refinada) o la goma arábiga (savia de un árbol). El pan de oro se colocaba sobre estas zonas y a veces se bruñía para hacerlo más brillante; se aplicaba a la página antes que cualquier color.

El material de color se elaboraba con una amplia variedad de sustancias: minerales molidos, colorantes orgánicos (tintes) en general extraídos de plantas o insectos, y pigmentos producidos químicamente. Cada sustancia se mezclaba con un medio aglutinante (goma arábiga o clara de huevo) hasta alcanzar la consistencia adecuada para pintar. El iluminador aplicaba la pintura con una pluma o un pincel, trabajando desde los colores más pálidos hacia los más oscuros. Detalles finos como contornos en negro y resaltes en blanco completaban la iluminación.

Encuadernación

Después de completarse la escritura y la iluminación, las hojas de pergamino se doblaban y se insertaban unas dentro de otras para formarcuadernillos. Los soportes de cordeles o correas para coser los cuadernillos se mantenían en su lugar con ayuda de un bastidor de madera. El encuadernador ataba cada cuadernillo a los soportes, uno por uno en su orden correcto, utilizando un hilo de coser fuerte que atravesaba los cuadernillos de forma continua. Una vez que estos estaban cosidos a los soportes, se retiraban del bastidor y los extremos de los soportes se pasaban por canales tallados en las tablas de madera que formaban las tapas frontal y posterior del libro. © 2026 J. Paul Getty Trust 8 El encuadernado solía cubrirse con cuero o con una tela decorativa. Se podían estampar diseños en el cuero con herramientas metálicas calientes. También se podían colocar herrajes metálicos en el exterior del encuadernado para proteger la superficie de cuero o de tela, y a veces se añadían broches para mantener el libro bien cerrado, con las páginas planas.