Con frecuencia, lo más difícil de encontrar es lo que está al frente. A pesar de que permanece ahí -próximo, alcanzable, sencillo- es como si quedara velado por capas de un ruido externo construido con las fantasías de un orden homogéneo y de una linealidad en la existencia. Desde su taller, Diego Arango se ha dedicado a mover esas capas de ruido externo para conservar el asombro original por la vida, recordando que, quien se atreve a encontrar una corriente propia, descubre que pocas veces estas construcciones son obligatorias e infranqueables.
Júbilo recoge obras de las últimas tres décadas donde se evidencia el regocijo del artista ante las formas y los colores de su cotidianidad, de su memoria, de su imaginación y de su candidez. Siendo constantes las formas de casas, caminos, cuerpos animales y barcos, nunca son concluyentes, pues aparecen una y otra vez en diferentes formatos y configuraciones, asemejándose por momentos a los fotogramas de una película con colores del Mediterráneo, donde vive hace más de 40 años, y los de la exuberancia de Colombia, su país natal. Estas formas también insinúan movimiento y voluntad propia al ocupar las superficies de los lienzos de tal manera que parecieran querer salir del rectángulo en donde se inscriben.
Aunque la pintura es su medio más frecuente, su práctica parte de una relación estrecha con la línea, la cual comienza en el taller de grabado hace más de seis décadas. Allí encuentra que ese gesto, siendo continuo y sintetizado, basta para separar un cuerpo de la superficie. Después llega el color, la mancha y la intervención del lienzo con rasgaduras y superposiciones, reuniendo la riqueza del mundo interior con el asombro por lo próximo.
En su proceso, el juego, tomado con la seriedad y el compromiso infantil, es central, así como la soltura en el pensamiento y en la mano, pero sobre todo, la alegría de poder pintar las imágenes que aparecen entre su imaginación y la tela. De ahí, y de haber conseguido caminar su vida y su obra con sus propios términos, viene el júbilo de su pintura.
(Texto por Andrea Domínguez Ramírez)
















