Empecé a fotografiar en 1956 con el fin de obtener la imagen de todo el hombre,
enfocándome en el factor intrínseco de interés humano.

(F. Florian Steiner)

La obra de Florian Steiner (1936–2022), tanto por su enfoque como por la experimentación técnica, ocupa un lugar singular dentro de las artes visuales de la segunda mitad del siglo XX. Viajero incansable, políglota —llegó a dominar ocho idiomas— y profundamente fascinado por la cultura japonesa, hizo del desplazamiento una forma de conocimiento y de encuentro con el otro. Vinculado a los ambientes intelectuales y cinematográficos de su tiempo, desarrolló una práctica visual influida por el lenguaje del cine, donde la secuencia, el ritmo y la narración amplían el alcance expresivo de su obra. Aunque su trabajo estuvo ligado al viaje, trasciende el registro documental para convertirse en una reflexión sobre la condición humana.

Sus recorridos por Europa, América Latina, Asia y África dieron origen a un acervo centrado en la vida cotidiana, privilegiando la experiencia de las personas por encima de la espectacularidad de los lugares. La cámara opera como un instrumento de proximidad, estableciendo relaciones de confianza con quienes retrata y revelando una profunda empatía hacia sus protagonistas.

Su producción, de marcada vocación humanista, convierte lo cotidiano en una experiencia de alcance universal, donde memoria, dignidad y poesía confluyen para afirmar el poder de la representación visual como testimonio y forma de permanencia.

La presente exposición reúne una selección de los monotipos de fotolitograbados que Steiner realizó entre 1960 y 1973 y que presentó en Bogotá en 1985, en la Galería El Callejón de la Librería Central, espacio fundamental para la difusión del arte moderno y contemporáneo en la ciudad.