Colombia guarda en los cauces de sus aguas grandes cantidades de oro que, tras siglos de explotación, siguen siendo arrancadas para saciar una demanda que crece. Los ríos y las comunidades que los rodean pagan el precio: dragas del tamaño de dragones perforan sus cauces, disuelven sus bordes y dejan un paisaje agujereado.

Esta exposición mira esos ríos como cuerpos vivos, con piel, memoria y una belleza que persiste incluso bajo el exterminio. A través de estos cinco proyectos, realizados entre 2022 y 2026, Santiago Vélez los presenta más allá de su dimensión de recurso explotable. Lluvia de ríos voladores recuerda, con esculturas hechas con totumos, esas otras aguas que casi nunca vemos que vienen de la transpiración de los árboles. Ríos de oro y Todo lo que brilla es oro rastrean desde el aire los destellos dorados que delatan la herida minera sobre el Nechí, y El río Quito recoge la desolación de un cauce devorado por las dragas. Frente a ese saqueo, Acariciadores del río propone, de la mano del colectivo Asomipiva de Villa Conto, Chocó, un gesto reparador y simbólico: devolverle al río, por un instante, el tacto que la minería le ha negado.

El título es un refrán y una advertencia: no todo lo que brilla es riqueza. A veces, el destello dorado es el reflejo de una herida.

Lluvia de ríos voladores

En febrero de 2015, las periodistas Jan Rocha y Eliane Brum publicaron una “Carta de la vida” donde advertían que un solo árbol grande devuelve a la atmósfera más de mil litros de agua al día, y que la selva entera libera veinte billones de litros cada veinticuatro horas: más de lo que el Amazonas vierte al Atlántico. No hace falta ser experto, decían, para imaginar lo que le ocurriría al planeta sin la selva.

Este fenómeno, conocido científicamente como ríos voladores, aparece con una claridad particular en la Amazonia. Allí, de repente, se forman unos nubarrones, tan fantásticos y robustos, que al caer bañan y anegan todo alrededor.

Esta instalación mira la lluvia como el punto donde se encuentran las dos nociones de río: el que vuela y el que navega. Los totumos, recipientes utilizados en la Amazonía para contener líquidos como masato, jugo de açaí y, por supuesto, agua, funcionan a la vez como nube y caudal: una lluvia de chambira que integra, en silencio, esas otras aguas que casi nunca vemos.

Ríos de oro

Colombia guarda entre sus aguas y tierras enormes cantidades de oro que, después de siglos de explotación, se siguen extrayendo para saciar una demanda que no cede. Los ríos son de los mayores proveedores, y por eso se les somete a toda clase de prácticas mineras para extraer hasta el último gramo.

Pero esa riqueza mineral es solo una parte.El Atrato, el Cauca, el Guaviare, el Inírida, el Nechí, el Orinoco, el Pocune, el Quito y tantos otros son fuentes de recursos que los hacen únicos y vitales para sus entornos. Para cuidarlos y entender lo que significan hay que aprender a mirarlos como un reflejo vivo y latente de nuestra propia existencia.

Acariciadores del río

Santiago Vélez se acercó a los procesos de elaboración artesanal del colectivo Asomipiva, de Villa Conto, Chocó. De los diálogos y las conversaciones surgieron relaciones con el río, el entorno y el cuidado del medio ambiente. Entre las artesanas y el artista, el río se volvió un primer estímulo creativo y lugar de encuentro a partir de la preocupación por el daño de la minería al entorno.

A esta altura, el río ha perdido sus bordes. El cauce está disuelto por la perforación incesante que drena el agua para las dragas. Las plantas y árboles que antes crecían a su lado se esfumaron con las retroexcavadoras que deforestaron la ladera para abrirle paso a a esas maquinarias absurdas y desmedidas.

Después de conocer la técnica artesanal y preguntarse por cómo se podrían representar el río y los utensilios mineros, surgió la necesidad de hacer un gesto reparador y simbólico sobre ese mismo río que, a la altura de su pueblo, aparece agujereado y casi deshecho por la actividad minera. Para suplir de alguna forma la ausencia de las ramas y de sus frutos, se crearon en conjunto unos acariciadores de río que permiten, por un momento, tocar la piel de ese río; una piel que, como muchas pieles humanas, ha dejado de sentir el tacto de otros seres.

Todo lo que brilla es oro

El río Nechí es, tal vez, uno de los ríos más golpeados por la minería, legal e ilegal. El saqueo de oro que se impone sobre sus aguas y laderas ha dejado una marca imborrable en el paisaje. Las plataformas de cartografía digital registran esa actividad desde satélites y muestran como avanza, como un cáncer que hace metástasis, año tras año, hasta llevar el entorno a un nivel de degradación total.

Con este panorama de fondo, Vélez sobrevoló el río. El video que resultó deja ver unos destellos dorados, el efecto de la luz sobre hilos de agua que primero se esconden y que luego, tensados por su decadencia, se imponen sobre las demás aguas y revelan cuál es la verdadera riqueza del territorio.

El río Quito

Después de varios recorridos y sobrevuelos por el Río Quito, lo que queda es una profunda desolación. La muerte llega en forma de dragas tan grandes que las llaman dragones, y no se despliega en silencio, como nos la han contado en cuentos, sino estrepitosamente: un monstruo de mil cabezas y largos brazos excavadoras que perforan sin descanso.

Frente a este manto de la parca no queda más que cantarle un alabao a este río que, a pesar de su exterminio, mantiene latente su belleza.

Caudal

Al investigar los ríos, sus implicaciones medioambientales y sus impactos en los ecosistemas del país, Vélez encontró un problema: es muy abstracto dimensionar su magnitud, las proporciones entre uno y otro, y el efecto en los territorios que recorren. El caudal le sirvió como estrategia de medida comparativa, porque pone en relación la cantidad de agua y una proporción de tiempo determinada.

A partir de un cálculo básico de conversión en áreas de algunos de los ríos de Colombia, construyó una instalación con vidrio transparente y texto dorado. No solo para dar cuenta de esas equivalencias, sino para proyectar, sus aguas, nombres y reflejos.