Cuando era niño, jugaba en el parque de mi barrio los sábados y domingos, después de las clases en primaria. Recuerdo que los chicos se entretenían jugando al fútbol, a la rayuela o tejo —como se le denomina aquí— o compitiendo en carreras en bicicleta. Pero también aparecían, en determinadas ocasiones, las madres de familia con sus pequeños hijos y sus canes. Uno de ellos me llamó profundamente la atención: no tenía pelaje, apenas un fleco blanco sobre la cabeza; en cambio, su piel era áspera y sumamente caliente. En aquella época, sin saberlo, se los conocía como “perros chinos”, sin comprender que eran más autóctonos y peruanos que “la papa”.
Es cierto, me refiero a la década de los 90: no eran muy frecuentes en Arequipa, pero sí en otras ciudades, y quienes los veían se quedaban bien sea sorprendidos por su extraña apariencia o encantados por su exótica belleza. Generalmente tenían piel de tono negruzco o grisáceo; muchos, tal como yo, creían que eran originarios de China, un país tan distante como extraño para quienes no se toman la molestia de indagar un poco y creen todo lo que oyen…
El mítico viringo, un can ancestral
Con el transcurso de los años —quizás décadas— surgió en Perú una corriente de reivindicación de este curioso animal, muy querido y valorado por las familias, pues efectivamente poseen temperatura corporal elevada. Las abuelas los criaban para emplearlos como almohadillas térmicas en las noches frías. Pero su valor iba más allá: en realidad se trata de un perro ancestral que convivió y fue apreciado por las culturas preincas del país.
Resulta que el viringo peruano, o perro calato, es un can clasificado como primitivo, de raza pura, que ha evolucionado sin intervención humana, tal como demuestran diversas cerámicas (huacos) preincas de la cultura Chimú, donde se representaba a este compañero canino en escenas cotidianas de aquel lejano pasado.
Recientemente reconocido
Aunque este perro fue descrito hace siglos en reliquias ancestrales, fue en junio de 1995 cuando la Federación Cinológica Internacional (FCI), con sede en Bélgica, lo incluyó en su catálogo de razas con el número 310, dentro del grupo Spitz —es decir, en la categoría de perros con estructura atlética— y como can primitivo en la sección 6 de su ranking.
Origen histórico
Según estudios arqueológicos sobre distintas culturas preincas, se han hallado cerámicas donde aparece representado entre el año 300 A.C. y 1460 D.C. en vasijas y piezas de las manufacturas Vicus, Mochica y Chancay, Sicán y Chimú.
Por otro lado, en 1987 el arqueólogo Walter Alva encontró en el centro arqueológico “Huaca Rajada” restos óseos de perro calato que datan de tiempos precolombinos. En este recinto —una gran plataforma de adobe— fue sepultado un personaje destacado de la cultura Moche, el “Señor de Sipán”, quien fue inhumado junto a ocho varones, dos mujeres y un can.
Las abuelas tenían la razón
Los especialistas en esta raza confirmaron lo que se decía y escuchaba en mi infancia: “estos perros tienen propiedades terapéuticas…”. Debido a la ausencia de pelaje, los calatos mantienen su cuerpo más caliente para protegerse de las adversidades climáticas.
El investigador Pedro Weiss sostiene que el viringo presenta una condición especial conocida como hipoplasia ectodérmica, lo que hace que su piel cálida, al entrar en contacto con la humana, pueda calentarla, base por la que se le atribuyen propiedades medicinales, por ejemplo, para aliviar el reumatismo, como comentaban ampliamente las mujeres de antaño.
Además, su cría resulta favorable para quienes padecen alergia a los pelos de animales, y no albergan pulgas ni garrapatas. Cabe destacar que es necesario mantener su piel hidratada o incluso aplicarle protector solar, ya que su epidermis desnuda es muy sensible.
Tres tamaños para todos los gustos
Recuerdo que el perro que vi en mi niñez era de talla pequeña, no superaba los 30 centímetros; pero no es la única variedad: en total son tres, clasificados por estatura y peso. El más pequeño mide entre 25 y 40 centímetros (4 a 8 kilogramos), el mediano de 40 a 50 (8 a 12 kg), y el grande desde 50 hasta 65 centímetros, con un peso de 12 a 25 kilogramos.
Otros perros calatos en el mundo
En otras regiones del planeta también existen perros sin pelaje; lo interesante es que ninguna de estas razas está ligada genéticamente, es decir, evolucionaron de forma independiente, lo que los hace realmente únicos a pesar de su parecido.
Además del viringo peruano, en México existe el xoloitzcuintle, de origen Azteca, también apreciado por su arraigo cultural e histórico. El crestado chino es famoso por sus largos mechones blancos en cabeza y patas, y se ha difundido por todo el mundo. Finalmente, el terrier americano sin pelo, surgido en Estados Unidos, suele ser criado por personas con alergias leves.















