Esta exposición pretende ser un catalizador de nuevas emociones a través del diálogo entre el arte contemporáneo y la colección permanente del museo.

Partiendo del contexto del propio edificio del Museo de la Bolsa, que aporta un particular viaje a través de la historia, se generan extraordinarias capacidades de diálogo y adaptación del arte contemporáneo al entorno, posibilitando un recorrido sensitivo en el visitante cuya impresión lo expande hacia lugares insospechados. La singularidad de esta sinergia proyecta el nacimiento de una nueva forma de mirar el pasado a través de presente, pues durante el recorrido por las diferentes salas de la colección permanente, lo que podría considerarse una anomalía temporal termina por convertirse en un fascinante encuentro plagado de inesperadas sorpresas.

Comenzaremos con la bienvenida del personaje protagonista, que será el hilo conductor de nuestro viaje: la figura del gondolero. Él será el anfitrión que nos guiará por los diferentes espacios del museo desde el inicio de nuestra visita. Ensimismado, nos recibe en el patio del edificio, intentando descifrar el porqué de esa embarcación fragmentada que cuelga de la cubierta acristalada. a partir de aquí, se generará una reinterpretación y un acompañamiento en el itinerario de la colección que ofrecerá una nueva mirada al espectador.

La revelación también nos habla de ese momento fundamental en la existencia: la infancia. Es en ella donde se asienta la simiente de lo que la persona llegará a ser en la edad adulta; por esta razón, se convierte en el principal detonante del discurso expositivo. En este sentido, el espectador comprenderá de manera inmediata que esos niños que colonizan de forma fortuita el espacio, interactuando tanto entre ellos como con las diferentes piezas de la colección permanente, generan una fricción que transmite un mensaje de frescura y ayuda a reescribir esa memoria que, a modo de cuadros y esculturas, tapiza el espacio del museo.

Esta muestra se convierte en una declaración de intenciones que introduce al espectador en una aventura mágica, pues, al retornarlo a su infancia, lo incita a la necesidad de aprender a mirar la historia de otra manera: aquella en la que unos ojos cargados de inocencia son capaces de obrar el milagro.

(Texto del artista Lidó Rico y la comisaria Míriam Huéscar)