Zoolander y el adiós a la alta costura
En Zoolander, Mugatu presenta una colección inspirada en indigentes: Derelicté, quien diría que esa representación hiperbólica de la moda era más que una simple burla. En 2010, Vivian Westwood llenó la pasarela de Milán con Homeless chic1, una colección otoño/invierno inspirada en personas que viven en la calle. Westwood hizo desfilar modelos con aspecto desaliñado que vestían prendas desgastadas y rotas; algunas parecían pijamas, otras se veían mal combinadas, y como si fuera poco los modelos llevaban carritos de mercado, bolsas plásticas y colchones. Esto no sólo fue un guiño a John Galliano2, sino un punto que revivió el concepto de “Moda Pobre”.
Han pasado quince años del lanzamiento de Homeless chic y el concepto de Moda Pobre sigue creciendo. Marcas como Vetements, Balenciaga, Golden Goose, Dior y Moschino han adoptado la estética de lo pobre, con prendas como jeans, sacos y blusas rotas, bolsos de McDonalds, etiquetas nutricionales, productos de limpieza; camisetas de DHL3 y como olvidar el controvertido Lucky Beggar Wallet, un bolso en forma de vaso desechable4. Con este concepto los diseñadores no sólo posan de creativos y osados, sino que además redefinen la alta costura.
La gente solía comprar en tiendas de marca por el afán de exclusividad, por la distinción que generaba, cuya línea era marcada por la calidad de las prendas que a simple vista se podía entrever. No hacía falta preguntar el precio de un vestido tan hermoso que parecía flotar, para saber que era de alta costura, pues la sola confección, el diseño y la tela lo decían. Aquí la exclusividad venía determinada por la elegancia y la belleza palpables. Ahora, esa exclusividad es invisible, ha mutado de lo visual a lo conceptual.
Así que, si una mujer entra a un restaurante costoso usando un saco harapiento que parece de pijama, es difícil adivinar que ese saco es de Vetements y cuesta 1690€. La alta costura dejó de ser sinónimo de elegancia y belleza para convertirse en un concepto relativizado, en donde la única forma de reconocerla es mirar la etiqueta.
Slavik, Brother Sharp y la alienación vuelta lujo
¿Por qué los ricos quieren ser pobres? Una mujer de clase alta jamás pisaría un McDonald's, pero usa el bolso de caja de papas marca Moschino que cuesta 1.095€5. La moda es una puerta giratoria, su constante es la novedad, de ahí que los diseñadores prefieran ser tildados de excéntricos que de aburridos. Por eso, más allá de la sátira y la ironía, el afán de novedad es la razón por la cual la estética pobre se consolida como la nueva exclusividad.
Por otro lado, el estilo y la personificación de la ropa de las personas de bajos recursos provienen de una identidad real, una autenticidad que no viene del escritorio de un diseñador, sino de la calle. Basta recordar el origen de los pantalones anchos y la moda Oversize, que surgió de los raperos del Bronx y posteriormente llegó a las pasarelas. Las casas de moda encuentran originalidad en lo callejero y se apropian de ello, pues la calle y su gente les parecen algo salvaje, picante y exótico.
Un ejemplo de ello es el caso de Slavik, un vagabundo que deambulaba por las calles de Lviv, Ucrania, y sin proponérselo captó la atención del fotógrafo Yurko Dyachyshyn, quien encontró en su forma de vestir estilo e inspiración. Yurko lo siguió durante dos años y creó el proyecto “Slavik’s Fashion”6, una serie de fotografías de los atuendos de Slavik, prendas que él no se esforzaba en combinar y que encontraba entre la basura y los refugios. Las fotos se subieron a Instagram y el estilo de Slavik fue copiado por diseñadores y marcas de alta costura que adoptaron la estética pobre. Slavik no recibió un centavo por sus fotos, el uso de su imagen o las colecciones que inspiro, se dice que desapareció en 2013, pero lo importante es que las casas de moda cobraron las utilidades.
El caso de Slavik no es el único, también existe Brother Sharp, un vagabundo chino, que al igual que Slavik se volvió famoso por su estilo y su habilidad para combinar bien prendas a pesar de su condición. Brother Sharp se hizo viral en redes sociales, lo que le valió el apodo de “el vagabundo más guapo”, varios diseñadores se inspiraron en él, mientras su fama no deseada crecía y la industria se lucraba a costa suya Cheng Guorong, el hombre detrás del apodo seguía en la calle, ignorando que su miseria y problemas de salud mental eran instrumentalizados por moda.
Entonces, no es que los ricos quieran ser pobres, todo lo contrario. Los ricos juegan al zoológico, van a ver a los pobres tras los barrotes para tomarles fotos, señalarlos y ver que pueden tomar. Luego los imitan y hacen un performance de lo pobre. Esto además de desconocer que la pobreza es un problema real, que merece atención, la resignifica, la convierte en algo cool7, lo cual además de ser una burla es una revictimización hacía las personas que sí viven en la miseria. La estética pobre es una caricaturización de los pobres, una burla que convierte la desigualdad y la violencia (entendiendo la pobreza como una forma de violencia) en tendencias, en conceptos como el Street Style y el Distressed. Es la alienación vuelta lujo, porque nada oprime más al ser humano que capitalizar su indignidad, y como dijo el nobel de literatura “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”, Gabriel García Márquez.
Notas
1 Homeless Chic, The Australian.
2 Los 'clochards' de Galliano: mendigos vestidos de Dior, BAZAAR.
3 La historia de la camiseta de propaganda de 235€ que se ha agotado, Revista GQ, autoría de F. Javier Girela.
4 Crate & Barrel's spin-off store Pulls "Lucky Beggar Wallet" After Backlash, Live Journal.
5 Fast Fashion: la colección cápsula de McDonald's, by Moschino, Glamour.
6 En busca del vagabundo más elegante, Hype&Hyper, autoría de Roberta Bertok.
7 Ser pobre es ir a la moda, Periodismo Alternativo, autoría de Carmen Romero.















