En la boca del lobo es la primera exposición individual del artista ektor garcia (Red Bluff, California, 1985) en Galerie Nordenhake Mexico City. En su práctica, ektor explora técnicas artesanales históricamente marginadas, revalorizándolas a través de un diálogo entre materiales de naturalezas aparentemente opuestas: cerámica, crochet, metal, cuero, hule, integrándolos en reflexiones escultóricas y espaciales.
La muestra reúne diversas obras producidas en Tzintzuntzan (lugar de los colibríes), Michoacán, sitio que articula la exposición y la actual residencia del artista. Tzintzuntzan ha sido explorado por ektor desde la vivencia diaria: el cruce entre el recuerdo, la historia purépecha, la cercanía con artesanos locales, la exploración de tradiciones plásticas y los recorridos en bicicleta que le permiten cartografiar la región.
Su padre es michoacano, por lo que sus búsquedas culturales y artísticas se ven afectadas directamente por el entorno geográfico. En ese sentido, su imaginario ha sido conformado no sólo por artesanías nacionales, también lo ha sido por internacionales; sus viajes por distintos continentes le han permitido encontrar sitios comunes o dispares entre ese abanico de artesanías. Su actual residencia en Michoacán ha enmarcado su interés en la cultura purépecha, por lo que Tzintzuntzan deja de ser un sitio descontextualizado para convertirse en un terreno de diálogos horizontales y aprendizaje continuo entre el artista y artesanos locales.
Algunas de las obras reunidas En la boca del lobo retoman viejos procesos y materiales usados por el artista en 2011, donde con el caucho de las cámaras de llanta de bicicletas ponchadas, ektor construye textiles después de quitarles las válvulas. También se incluyen cadenas talladas en cantera, pilares tallados de pino, varios tejidos de crochet hechos con distintos materiales como lo son alambre de cobre, cinta de cassette y lana natural, mismos entretejidos con objetos hallados en las carreteras.
Otras de las obras exploran la anatomía de las manos humanas, refiriendo a la herramienta primordial que permite convertir casi cualquier materia en otra cosa. Acción observada y aprendida con artesanos de Tzintzuntzan. Manos talladas en cantera o madera de eucalipto, tejidas en popotillo, palma, chuspata o alambre de cobre, estas manos no solo remiten al cuerpo y su capacidad creadora, sino que reivindican la identidad de quienes ejecutan el trabajo artesanal, una labor frecuentemente desdibujada o marginada.
La práctica de ektor se define por la yuxtaposición constante de materiales diversos, un lenguaje que hace convivir lo que parece irreconciliable: metal y cerámica, fundición y modelado, alambre y fibras textiles, caucho de cámaras de bicicleta. En este ir y venir de extremo a extremo, la exposición presenta varios umbrales; estructuras físicas o simbólicas que dividen el afuera del adentro. En la boca del lobo es una advertencia coloquial sobre abandonar un lugar para entrar en otro donde el peligro es inminente. Después de haber cruzado el umbral lo que se entona es un canto de sobrevivencia que supera llantas ponchadas o territorios violentos, y ese canto encuentra eco en las prácticas compartidas y aprendidas de Andrés López, Diego López, Isidro López, Paula Juan Flores, Don Guzman, Aimé y Paula Guzmán, Raúl Cortés Melo, artesanos y vecinos.














