El título de este breve ensayo va a ser considerado por los filósofos como un sacrilegio, pues para muchos Nietzsche es uno de los grandes pensadores de la historia, ya que se atrevió a desafiar dos mil años de tradición filosófica griega, que insistía en la naturaleza racional del hombre, algo que Nietzsche rechazaba.
Recordar que el significado o contenido de la palabra filosofía viene del griego: amor a la sabiduría o al conocimiento. Con base en eso, los filósofos griegos buscaron entender el mundo y sus sucesos y, sobre todo, la condición humana utilizando la reflexión metódica y la lógica, algo que la filosofía de Nietzsche cuestiona. En muchos aspectos sus tesis humanísticas y políticas sí tenían razones bien fundadas.
Nietzsche decía: “la cultura occidental está viciada desde su origen”. Su error, el más pertinaz y peligroso de todos, consiste en instaurar la racionalidad a toda costa. Este filósofo niega que el ser humano sea un ser racional. Para él, por el contrario, la irracionalidad es su característica principal, de ahí que desprecie a casi todos los filósofos anteriores. De este modo, se aprecia que aquí, además, está atacando a la ciencia.
Él decía: “El hombre necesita saber, investigar, conocer, etc., porque es un ser débil. No es capaz de aceptar el caos de la realidad. No es capaz de vivir sin certezas. Primero usó a los dioses para explicar aquello que no conocía y después usó a la ciencia para dar sentido racional a lo que lo rodea. En ambos casos se equivoca”.
Se aprecia que uno de los fundamentos de la filosofía de Nietzsche es la negación de que el ser humano sea un ser racional. Para él, la irracionalidad es la característica humana. Esto, insisto, entra en conflicto con la ciencia e incluso con la filosofía.
Friedrich Nietzsche nació en octubre de 1844, en una provincia de Sajonia, Prusia (falleció en agosto de 1900). Estudió en el colegio Schulpforta, muy prestigiado en la región, de 1858 a 1864, destacando en música, lenguaje y poesía y, además, estudió a los clásicos griegos y romanos. Continuó sus estudios en la Universidad de Bonn en teología y filosofía. Era tan brillante que la Universidad de Leipzig le concedió el doctorado sin presentar exámenes, con base en sus trabajos y publicaciones. De ahí pasó a la Universidad de Basilea (Suiza), donde se le nombró profesor de filología clásica y se hizo ciudadano suizo, renunciando a su ciudadanía alemana.
Los pensadores que influyeron en su vida fueron, entre otros: Platón, Epicuro, Montaigne, Dostoyevski, Kant, el evolucionista Darwin y el músico Wagner, pero especialmente Schopenhauer, de quien es la famosa frase “el hombre es el lobo del propio hombre”.
Se cree que Nietzsche influyó en Camus, Heidegger, Jung, Ortega y Gasset, Sartre, Mussolini, Hitler y otros. Procedía de una familia luterana muy religiosa, pero cuando Nietzsche llegó a la edad adulta, su posición fue muy antagónica a la religión. Señala que eso se debió a que sus estudios lo llevaron, al igual que a su maestro Schopenhauer, a negar la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. El cristianismo, al predicar la obediencia, es un freno moral para el hombre y eso le impide llegar a su máximo potencial; esto lo consideraba una maldad intrínseca de esa religión1.
Nietzsche señalaba que la moral y los valores del hombre occidental derivan de la cultura griega y de la tradición religiosa judío-cristiana, pero se han debilitado mucho. La religiosidad social es menor; por ello hay que buscar nuevos valores. El mundo es la única realidad existente y el hombre debe vivir al máximo y aprovechar, en la medida de lo posible, todo lo que le ofrezca la vida y cómo sacar el máximo rendimiento a un mundo que no solo carece de Dios, sino también de sentido alguno.
Vivimos, decía, en un mundo (año 1870) donde es constante el desbancamiento del débil por parte del poderoso, del incompetente por el competente, del estúpido por el inteligente. Gracias a ello el ser humano ha logrado sobrevivir; con esto reconocía que la moral no es objetiva y que los valores morales se configuran según los intereses y utilidades que tienen en la vida. La moral nada buena de los señores feudales y de los príncipes forjaba los valores de la sociedad de esos tiempos. Estos, junto con el clero, explotaban a la población.
“Nietzsche no reconoce la moral cristiana, probada en muchos aspectos, pues, aunque afirmaba que admiraba a Jesús, quien había creado su propio sistema de valores, sin embargo, no era un superhombre, pues se negó a defenderse. Los primeros cristianos convirtieron a Jesús en un mártir y distorsionaron su vida, convirtiendo sus ejemplos en una moral de esclavos”. “El Dios cristiano convoca al resentimiento, la humildad, la castidad, el perdón; todo ello disminuye la potencia del ser humano. En un mundo como el que vivimos, en que no existe Dios, no tiene sentido hablar del origen trascendental de la moral, sino que esta debe ser creación humana. Los reyes imperantes no tienen procedencia divina, sino que han sido impuestos por otros hombres sin valores y únicamente para someter al populacho a su propio interés”.
Con lo anterior, Nietzsche afirma que es el ser humano el único creador de sus propios principios morales. “Así es más fácil elegir qué intereses son los más beneficiosos, y son aquellos que permitieron al hombre abandonar su condición animal y crear una civilización. Eso significa la eliminación del ser inferior por parte del superior en todos los aspectos de la realidad humana”.
Esa tesis en que el fuerte debe destruir al débil, Nietzsche la denominaba Voluntad de Poder, algo que se aplica no solo en el campo político o militar, sino incluso en el artístico. Richard Wagner, el músico, es ejemplo de eso; fue muy amigo de él y de su esposa Cósima. “El filósofo recomienda que aquel que desarrolle al máximo su potencial se convierta en una especie de ser superior, en una especie de superhombre, tal es el caso de Napoleón, Da Vinci o Goethe, quienes imponen sus propios principios con total valentía y perseverancia y por eso triunfan”.
Este aspecto de su filosofía lo llamaba Atrévete a ser lo que eres. El hombre debe vivir lo más acorde posible con sus instintos naturales. Eso conduce a una confrontación del hombre con el hombre. El audaz y el aventurero aman las dificultades, se realizan superándolas y en este conflicto perpetuo el más débil acabará sucumbiendo. Para Nietzsche la vida es un reto e incluso la vida más exitosa y brillante está condenada a la muerte, tras la cual todo lo hecho pasará al olvido. Y qué más da si se ha actuado de un modo u otro.
“Llamaba a eso heroísmo estoico: la idea de que se debe hacer frente a los más difíciles problemas sobre nuestra propia condición humana, asumirlos y ser consciente de ellos, para así sacar el máximo partido de nuestra existencia”.
Este filósofo fue generador de una doctrina que ayudó a dar lugar a la aparición en Alemania del nazismo, con una dictadura totalitaria, racista y antirreligiosa, con Adolf Hitler como su superhombre, que sin embargo fracasó.
Insistiendo sobre la necesidad de superar o dejar de lado la religión decía: “La llegada del superhombre será la muerte de la religión, ya que la humanidad comprenderá que ella decide su código de valores y su moral y que no ha de responder ante ningún Dios o religión. El superhombre no muestra clemencia”. Consideraba el egoísmo como una virtud desde los orígenes del ser humano. ¿Cómo, decía, puede enseñarse a concebir la premisa de la vida, la sexualidad, como algo impuro, o darle valor al altruismo y el amor al prójimo?
El hombre es naturalmente egoísta, y está bien que lo sea. Es en su vida de la que ha de hacerse responsable, no pedir a los demás que vivan para él. Es él mismo quien ha de solucionar sus problemas y alcanzar sus sueños.
Abandonó muy pronto sus enseñanzas universitarias, pues su salud era precaria y sufría de crisis de debilidad y trastornos visuales, con dolores de cabeza y molestias digestivas; incluso tenía pensamientos suicidas. Vivía de su pensión de profesor y nunca se casó. Tuvo un par de amigas de las que se enamoró, pero al final lo rechazaron. Por esa época se volvió muy violento y se enemistó con mucha gente, incluso con su admirado Schopenhauer y hasta con Wagner, y luego se sumía en soledad.
Tuvo problemas psiquiátricos y estuvo internado en una clínica psiquiátrica en Basilea, donde al parecer mostraba signos de demencia, megalomanía y locura; se decía que eran debidos a una sífilis o a una lesión cerebral. Es posible que en sus publicaciones se reflejaran sus problemas psicológicos y, por ello, sus libros se vendían muy poco; el filósofo, con el tiempo, cayó en el escepticismo filosófico.
Qué nos quiso decir con su frase “Dios ha muerto”. Su nihilismo es la inevitable consecuencia de ver en su época la muerte de Dios en la sociedad occidental, ese Dios judío, Jehová, vengativo y cruel, y el Dios cristiano de los oprimidos, cobardes, temerosos y compasivos. La consecuencia de esa muerte es que los valores vigentes en la sociedad occidental se vienen abajo, con la intención de poner nuevos valores morales. En resumen, destruimos los valores de los hombres para poner en su lugar los valores del superhombre que crea sus propias normas y ocupará el lugar de Dios en la sociedad.
Notas y bibliografía
1 He indicado sus contradicciones con el aspecto religioso pues la filosofía, al igual que la ciencia, dejan de lado la religión pues le impide ser racional y por ello no aceptan creencias o dogmas.
Allison, David. B. (2001). Reading the New Nietzsche. New York, EE.UU., Ed. Rowman & Littlefield.
Babich, Babette, E. (1994). Nietzsche’s Philosophy of Science. New York, EE.UU., Ed. State University of New York Press.
Hyman, Ronald. (1980). Nietzsche: A critical life. Oxford, England. Oxford University Press.
Nietzsche, Frederich W. (2006). Así hablaba Zaratustra. México D.F., México, Editorial Porrua.
Nietzsche, Frederich W. (2009). Obras selectas. Vol. I y II. Madrid, España, Editorial Gredos.















