Si alguna vez has levantado la mirada al cielo, seguro te has preguntado por qué nuestro Sol tiene un color amarillo anaranjado. Seguro también has estado bajo un cielo estrellado y has visto puntos luminiscentes de diversos colores: azules, blancos, rojos o naranjas. Pero ¿te has puesto a pensar por qué nunca has visto estrellas verdes, rosas o violetas? O, más aún, ¿por qué nuestro Sol se ve amarillo anaranjado y no verde u otro color?

Preguntar por qué no existen las estrellas verdes no es una pregunta tonta; al contrario, encierra una de las curiosidades más profundas de la ciencia. Para saber por qué vemos a las estrellas con ciertos colores, debemos aclarar ciertas cosas antes de responder esta pregunta.

Si quisiéramos responder rápido a las cuestiones planteadas anteriormente, podríamos decir simplemente que no existen las estrellas verdes porque ni siquiera existe el color verde; es más, no existe ningún color. Esta respuesta es harto extrema y, más que esclarecedora, puede confundirnos más de lo debido y llevarnos a una aparente contradicción entre lo que experimentamos y lo que describe la física.

Estamos de acuerdo en que vemos colores en los objetos cotidianos todo el tiempo; sin embargo, si lo examinamos desde el punto de vista físico, debemos tener en cuenta que el color no es una propiedad fundamental de la materia como la masa, por ejemplo, y de ahí que el color no exista como propiedad intrínseca de los objetos. Pero entonces, ¿qué es lo que detectamos de las cosas que observamos y a lo que les damos denominaciones como rojo, azul o verde? Bueno, desde el punto de vista biológico o neurocientífico, todo esto es una percepción creada por el cerebro al procesar las señales nerviosas de células especializadas en la retina del ojo, recibidas a partir de la luz observada. Si queremos una respuesta rápida y fácil, diríamos que el color no existe como propiedad intrínseca de los objetos, pero sí existe como propiedad emergente de la percepción. Pero, si somos minuciosos, esto no responde para nada a la cuestión principal: ¿existen las estrellas verdes? y, si es así, ¿dónde están?

Para poder responder correctamente las interrogantes propuestas debemos explayarnos un poco más. Sabemos que todo en el universo está en constante movimiento; algunos objetos se mueven muy rápido y otros muy lento, pero todos se mueven. Las cosas, internamente, están conformadas por partículas, y la temperatura de un cuerpo es una medida del movimiento de esas partículas.

Todo cuerpo tiene temperatura y posee una energía interna que puede intercambiar con su entorno. Esta energía, al ser emitida al exterior, se conoce como radiación electromagnética. Algunos cuerpos emiten pequeñas cantidades de energía y otros, cantidades inconmensurables de ella. El conjunto de todas estas radiaciones se denomina espectro electromagnético y va desde las de baja energía hasta las de alta energía. En general, este espectro incluye las ondas de radio y las microondas, el infrarrojo, la luz visible, el ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.

Como humanos, nuestros ojos solo pueden captar una pequeña franja de ese espectro, denominada luz visible, donde la luz blanca se descompone en diversas longitudes de onda, las cuales se refieren a qué tan separadas, estiradas o comprimidas están las oscilaciones de la luz observada. Estas longitudes de onda en el espectro de luz visible las identificamos como colores que incluyen el violeta, azul, celeste, verde, amarillo, naranja y rojo. Los cuerpos cuya radiación está dominada por longitudes de onda cortas, como el azul, son más calientes, mientras que aquellos dominados por longitudes de onda más largas, como el rojo, son menos calientes.

Hasta ahora hemos hablado de cómo los cuerpos emiten energía y de cómo esa energía se manifiesta para nosotros como color. Ya estamos cada vez más cerca de saber algo sobre las estrellas verdes. Ahora tenemos que saber algo más sobre todas las estrellas y es de dónde proviene la enorme cantidad de energía que emiten. Las estrellas son esferas de plasma caliente que obtienen su temperatura a partir de las reacciones nucleares que ocurren en su interior. Estas reacciones consisten en la fusión de núcleos de átomos de hidrógeno para formar helio y, posteriormente, elementos químicos cada vez más pesados.

De esta forma, las estrellas en las que este proceso ocurre de manera más intensa alcanzan temperaturas más elevadas y podemos verlas de color azul, mientras que aquellas en las que el combustible primordial está en deceso son menos calientes y las vemos de color rojo. Claro que, en todo este vaivén de fusión nuclear, las estrellas pasan por una amplia gama de temperaturas y, por ende, por distintos colores del espectro visible del que hablamos hace poco. Incluso cada color que podemos observar de la estrella nos da información de su temperatura superficial. Algo curioso es que el color que captamos de una estrella justamente proviene de su superficie; esta capa externa se conoce como cromosfera.

Pero entonces, ¿qué hay de las verdes? ¿Por qué hemos visto estrellas azules, amarillas, naranjas y rojas, pero dónde están las verdes? Y si recordamos los colores del espectro visible, todo comienza con el violeta, ¿Dónde están las estrellas violetas? Ya casi entramos en el centro del meollo para contestar estas preguntas, pero debemos esperar un poco más.

El caso es que todas las estrellas que conocemos emiten energía en todas las longitudes de onda, pero siempre más en una determinada longitud de onda, y gracias a eso podemos verlas de ciertos colores. Por ejemplo, el color rojo de algunas estrellas se debe a que emiten más energía en longitudes de onda rojas y nuestros ojos captan ese predominio; lo mismo ocurre con las estrellas azuladas al emitir más energía en longitudes de onda azules. Conviene reiterar que las estrellas emiten energía en todas las longitudes de onda o colores. Esto no quiere decir que una estrella azul emita solo azul, sino que emite todos los colores, pero con un predominio del azul y por eso la vemos azul. A este predominio se lo denomina máximo de emisión.

Habiendo entendido qué es el máximo de emisión, parecería obvio pensar entonces que deben de existir estrellas que emitan más en la longitud de onda del verde o del violeta y si, efectivamente, existen estrellas cuyo máximo de emisión se encuentra en esas longitudes. Entonces, ¿dónde están esas estrellas?, ¿por qué no vemos ninguna bajo el cielo estrellado o en fotografías del espacio? ¿Son acaso extrañas esas estrellas? Acá hay otra curiosidad y es que no son para nada extrañas, incluso son más comunes de lo que crees. Incluso nuestra estrella, el Sol, es un cuerpo que tiene su nivel más alto de emisión cerca de la longitud de onda verde. Y entonces, ¿por qué no lo vemos verde? Ya casi llegamos a responder la pregunta principal. La respuesta fácil es porque nuestros ojos humanos nos engañan y no pueden ver de forma pura el verde de la estrella. Pero si hemos llegado hasta aquí, seguramente ya no queremos una respuesta simple. Lo explicaremos ahora desde el punto de vista biológico y perceptivo.

Seguro recuerdas que los ojos humanos tienen células especializadas para percibir la luz. Estos fotoreceptores se dividen en bastones y conos. Los bastones detectan el brillo, pero no perciben colores. Los conos, en cambio, son los encargados de ver el color, y solo tenemos tres tipos, conos rojos, verdes y azules.

Su funcionamiento, en general, es simple ya que cuando la luz incide sobre ellos, cada tipo de cono se activa según la longitud de onda. Por ejemplo, la luz roja activará principalmente los conos rojos, mientras que los verdes y azules permanecerán casi inactivos.

Como mencionamos antes, las estrellas no emiten solo una longitud de onda visible, sino todas. Por eso, nuestros conos se activan en cantidades variables y nuestro cerebro interpreta un color a partir de esa combinación. Por ejemplo, percibimos naranja cuando se activan más los conos rojos que los verdes y muy poco los azules. Si los conos verdes reciben la misma cantidad de luz que los rojos, y los azules casi nada, lo interpretamos como amarillo.

El verde, al estar prácticamente en el centro del espectro, necesitaría que la estrella emitiera solo esa longitud de onda para que lo percibiéramos como tal. Pero como las estrellas producen todas las longitudes de onda, el verde nunca es lo suficientemente dominante frente al rojo y al azul. Nuestro Sol u otras estrellas similares a él emiten un poco más de verde, pero esa diferencia no es suficiente para que nuestro cerebro la interprete como verde puro; en cambio, combinada con el rojo y el azul, la percibimos como blanca.

Podríamos desplazar la curva de emisión hacia un lado u otro, pero eso solo cambiaría la percepción hacia tonos más rojos o azules, nunca un verde puro. Por eso, en los diagramas de tipos de estrellas, vemos el azul a un extremo, el blanco en el medio y el rojo en el otro extremo, con degradaciones intermedias, pero nunca estrellas verdes.

Pero entonces, ¿por qué vemos objetos verdes u objetos de otros colores que no están presentes en el espectro de luz visible? Esto se puede aclarar recordando que las estrellas emiten radiación en todas las longitudes de onda, variando solo la cantidad de un lado a otro. En cambio, los objetos que no emiten luz propia solo pueden reflejar la luz que incide sobre ellos. Cuando la luz rebota en un objeto, este, dependiendo de su composición química, absorbe la mayoría de las longitudes de onda y refleja principalmente una. Por ejemplo, una hoja verde absorbe casi todas las longitudes excepto la verde, y por eso la percibimos como verde.

Algo curioso es que muchos colores imposibles de encontrar en el espectro visible, como por ejemplo el rosa, son prácticamente creaciones del cerebro. Por ejemplo, el rosa se percibe cuando nuestros conos reciben luz de todas las longitudes combinadas, pero menos el verde, y nuestro cerebro interpreta esa combinación como rosa. El color rosado es un color denominado no espectral ya que su longitud de onda no se encuentra en el espectro.

Todo esto puede ocurrir con objetos, pero no con estrellas, porque, como hemos dicho, las estrellas tienen un espectro continuo, es decir, emiten todas las longitudes de onda. Por eso, no es posible que una estrella le falte la franja verde para que se vea rosa o tener violeta puro para verse de ese color.

Posdata para quien ha llegado al final

Si has llegado hasta acá, trataré de aplacar algunas dudas, interrogantes o desconfianzas que hayan surgido.

Primero, seguramente habrás notado que en algún momento dijimos que el Sol y muchas estrellas similares tienen un pico de emisión en el verde, pero que esto no es suficiente para dominar el espectro y por eso las percibimos blancas. Sin embargo, cualquiera que haya mirado el cielo habrá notado que el Sol no se ve blanco, sino más bien amarillo anaranjado. Esto se debe a que la atmósfera de la Tierra juega un papel importante en nuestra observación cotidiana y astronómica. La luz blanca del Sol se dispersa al atravesar los diferentes gases de la atmósfera, y por eso vemos colores más cálidos, sobre todo en los atardeceres. Incluso si estuviéramos en otros planetas, por su composición, se vería al sol y su cielo de diferente color que es nuestro planeta. Es por eso que la mejor forma de observar estrellas y conocer sus características reales es desde telescopios espaciales, fuera de la atmósfera terrestre.

Segundo, también habrás notado que hasta ahora solo se abordaba el tema desde la perspectiva de los ojos humanos. Y sí, eso hace alusión a que los ojos no humanos se comportan de manera diferente; esto quiere decir que otros animales pueden ver espectros fuera del visible, como infrarrojo o ultravioleta, percibiendo matices que nosotros ni imaginamos. Incluso, si recuerdas la película Depredador, el casco del alienígena permitía ver en infrarrojo, captando el calor de los cuerpos. Esta tecnología no es lejana a la del humano, ya que este, al darse cuenta de la ineficacia de sus ojos, ha creado instrumentos que pueden observar el universo y estudiar la naturaleza en el espectro electromagnético completo.

Tercero, los más curiosos recordarán fotografías donde el Sol aparece en verde o en otros colores inusuales. Esto se debe a que esas imágenes fueron tomadas con instrumentos que pueden observar el Sol en distintas longitudes de onda, revelando facetas de nuestro astro rey invisibles para el ojo humano. Estas observaciones se realizan con sondas espaciales en misiones especializadas que cubren desde ondas de radio hasta rayos gamma.

Por último, algunas personas persistentes en la experiencia aseguran haber visto estrellas verdes a simple vista o a través de telescopios y binoculares. Esto es bastante curioso y puede deberse a varios factores. Uno de ellos es la aberración cromática al usar lentes que refractan la luz de manera ligeramente distinta según la longitud de onda. También condiciona los efectos de la atmósfera que desvían la luz de manera desigual o los fenómenos perceptivos, donde nuestro cerebro interpreta de forma diferente los colores y contrastes. De hecho, nuestro ojo puede engañarnos, como ocurre con el verde, el rosa o con las ilusiones ópticas, e incluso la percepción de un azul puede variar entre personas. Es decir que no hay manera de declarar que el azul que uno mira es el mismo y de la misma intensidad que el azul que mira el otro. Por eso la ciencia ha construido extensiones de nuestros sentidos para evolucionar, estudiar el universo y vivir mejor.

Esta posdata ha sido un poco larga, pero el objetivo es que todo lo que se ha hablado en esta sección pueda ser repasado con más profundidad, y que los lectores puedan darse un pequeño chapuzón en este vasto mar de conocimiento que abarca todos estos temas, que son harto extensos.