Una escultora que transforma el metal en organismos vivos En el mundo del arte contemporáneo, pocas figuras logran fusionar con tanta naturalidad la tradición artesanal con una visión profundamente orgánica como Junko Mori.
Introducción
Artista japonesa, radicada en el Reino Unido, se ha convertido en referente internacional gracias a sus esculturas metálicas que evocan el crecimiento vegetal, la multiplicación celular y la belleza de los patrones naturales. Su proceso creativo, minucioso y meditativo, convierte cada obra en una reflexión sobre la vida misma.
Una artista japonesa que es un referente en el panorama internacional por sus esculturas de metal que evocan la multiplicación celular, el crecimiento vegetal y la belleza de los patrones naturales. Cada una de sus obras es una reflexión sobre la vida a través de un proceso meditativo, creativo y lleno de detalles.
Biografía de Junko Mori
Junko Dori nació en Yokohama, Japón, en 1974, donde creció rodeada de influencias que marcarían su camino: su madre, enfermera escolar, le transmitió la pasión por la botánica, y su padre, ingeniero mecánico, la acercó al mundo práctico y estructural. Se graduó en Diseño Industrial, Interior y Artesanía en Metal en la Musashino Art University de Tokio en el año 1997.
Su búsqueda de un lenguaje propio la llevó al Reino Unido, donde completó en el año 2000 una segunda licenciatura en Orfebrería y Metalistería en el Camberwell College of Arts de Londres. Poco después, fue artista residente en la Liverpool Hope University. Su residencia y lugar de trabajo se ubica en la península de Llyn, en Gales del Norte, y sus obras se encuentran en colecciones de prestigio como el British Museum, el Victoria & Albert Museum y el National Museum of Scotland. Además, ha participado en exposiciones internacionales y ha recibido premios como finalista del Jerwood Applied Arts Prize y del Loewe Craft Prize. No es casual que críticos y galerías la describan como “one of the most innovative and exciting Japanese metal artists working today”.
El proceso creativo de Junko Mori
El proceso creativo de Junko Mori se basa en una idea central: la obra no debe ser impuesta, sino que debe crecer de manera orgánica. En lugar de diseñar cada detalle de antemano, Mori permite que las piezas se desarrollen a través de la repetición y la acumulación. Sus esculturas están formadas por cientos o miles de fragmentos metálicos, cada uno forjado a mano, que se ensamblan hasta dar vida a estructuras complejas. Son una copia o fiel reflejo tanto de corales marinos, tejidos celulares o brotes vegetales, como de fenómenos geológicos. Ella misma lo explica con sencillez:
“I weld my works unconsciously… and let them grow. At one point, I think, "Oh, it’s beautiful", and I stop. I don’t twist the notion of beauty. The uncontrollable beauty is the core of my concept.” (Fundo mis obras inconscientemente… y las dejo crecer. En un momento dado, pienso: «¡Oh, es hermoso!» y me detengo. No tergiverso la noción de belleza. La belleza incontrolable es el núcleo de mi concepto.)
Esta declaración sintetiza su convicción de que el proceso creativo es más un descubrimiento que una imposición. En entrevistas recientes, Mori ha comparado su relación con el metal con la labor de un agricultor:
“When I play with materials, I am often surprised by the physical, tangible magic that happens unintentionally. This unpredictable beauty is almost like a gift from nature rather than me. I am like a farmer who saw a seed, watered it, and harvested it.” (Cuando juego con materiales, a menudo me sorprende la magia física y tangible que surge sin querer. Esta belleza impredecible es casi como un regalo de la naturaleza, no mío. Soy como un agricultor que vio una semilla, la regó y la cosechó).
Es una metáfora que ilustra cómo concibe cada obra como un organismo que germina y madura bajo su cuidado, pero sin perder su autonomía.
Técnicas utilizadas por Junko Mori.
La originalidad de Mori radica en su dominio técnico. Combina la tradición artesanal japonesa con la innovación contemporánea:
Forjado manual: cada módulo comienza con un pequeño trozo de acero dulce (sin templar, fácil de manejar) o plata pura, trabajado a golpe de martillo hasta adquirir su forma definitiva.
Soldadura TIG: una técnica que le permite ensamblar piezas diminutas con gran precisión, manteniendo la armonía en estructuras mayores.
Oxidación y pulido selectivo: juega con superficies mates y brillantes para acentuar volúmenes y contrastes.
Agregación modular: su sello personal. El montaje repetitivo de pequeñas unidades crea esculturas que parecen crecer como organismos naturales.
Aunque utiliza herramientas modernas como martillos de potencia en proyectos de gran escala, siempre conserva el carácter manual y meditativo de su práctica. En palabras de la propia artista, su obra surge de “repetir pequeños accidentes, como mutaciones celulares, hasta que la acumulación final emerge dentro del proceso de evolución”.
Obras destacadas
Entre sus proyectos más reconocidos se encuentran:
White Rose (2008), mural escultórico para la Sheffield Assay Office.
La exposición “Coppiced Wood” (2013) en el Holburne Museum, inspirada en técnicas de rebrote forestal.
Su serie Propagation Project, presente en colecciones como el British Museum y el Victoria & Albert Museum.
Participaciones en instituciones como el Science Museum de Londres y el National Museum of Scotland.
Estas obras no solo consolidan su trayectoria, sino que demuestran cómo su arte conecta lo natural y lo humano a través del metal.
Conclusión
Junko Mori ha sabido transformar el metal —símbolo de dureza y rigidez— en un lenguaje artístico flexible, orgánico y vital. Su proceso creativo, basado en la repetición y el azar, y sus técnicas artesanales, elevadas a un nivel de precisión casi científica, la convierten en una de las artistas más originales del arte contemporáneo.
Como ella misma sostiene, su obra es un espacio donde emerge una “belleza incontrolable”. Una belleza que no pertenece únicamente a la artista, sino que es también un reflejo de la fuerza de la naturaleza. En un mundo acelerado, Mori nos invita a detenernos y contemplar los ritmos invisibles de la vida: el crecimiento, la mutación y la transformación constante. Su legado artístico es, al mismo tiempo, una metáfora vital y un recordatorio poético de que la belleza más profunda es aquella que escapa a nuestro control.
Está representada por la Gallery Adrian Sassoon en Londres.















