Ushuaia se encuentra en Argentina y es la ciudad más austral del mundo, está a solo mil kilómetros de la Antártida. En verano puede llegar a hacer 2º de temperatura y solo es de noche durante media hora. En invierno, el ambiente puede alcanzar 35º bajo cero y la luz del día solo se sostiene durante un par de horas. Los niños van a la escuela de noche y vuelven de noche. Cuando aprenden a caminar, muy poco después aprenden a patinar sobre hielo, ya que el lago pasa varios meses al año congelado.
En el año 1902 Ushuaia era un pueblo pequeño y aislado, solo contaba con 40 casas. El gobierno argentino decidió establecer allí una prisión, que terminó de construirse en 1920 y fue erigida por los mismos reos. Su arquitectura se realizó sobre el concepto foucaultiano del panóptico: todos los pasillos convergen en un punto desde el que se puede ver todo y al que los presos no alcanzan a mirar para saber si hay alguien allí, lo que produce que se sientan siempre vigilados.
Se destinaban a Ushuaia los criminales más peligrosos y los que tenían sentencias perpetuas. Muchos de los presos que iban hacia aquel destino se lanzaban al mar con el grillete a cuestas en el camino; para ellos era mejor ahogarse que ir a parar a ese lugar. Seguramente las miles de personas que van hoy en día a hacer turismo allá y que recorren los pasillos de la prisión sacando fotos y escuchando a la guía por los altavoces tienen una perspectiva diferente. No obstante, los reos del Presidio de Ushuaia que efectivamente llegaron a la isla terminaron por tomarle cariño a aquel lugar que resultó ser, al igual que todo lo que ocurre allá, uno de los más extraños del mundo.
El frío era crudo y al llegar no recibían más que un número, un uniforme que de ninguna forma estaba preparado para aquella temperatura y un ovillo de lana. Este último era entregado para que los presos se ingeniaran una manera de tejerse una manta que los ayudara a soportar el frío. Hasta 35º bajo cero, una o más duchas de agua helada al día, a modo de castigo disciplinario, y solo contaban con un ovillo de lana.
Sin embargo, no todo era tortura. En el Presidio de Ushuaia hoy en día se ven fotos de los presos en una banda musical, en celebraciones con la población local y ayudando a construir casas para los habitantes. También se observa una imprenta que los reos utilizaron para hacer tres periódicos que llamaron, en orden cronológico, “Nuevos rumbos”, “El domingo” y “El eco”. El segundo se enviaba a todas las cárceles del país.
Los presos recibían educación primaria y trabajo retribuido. Mientras existió el presidio los reos eran el motor económico de Ushuaia ya que se encargaron de las construcciones, prestaban servicios diversos a la ciudad y construyeron las vías del Tren del Fin del Mundo, que en la actualidad se ha convertido en un paseo agradable y relajante por el medio de un increíble paisaje telúrico, así como en una de las principales atracciones turísticas de este lugar.
¿Qué hacían los presos, sin nombre y con su uniforme de rayas horizontales azules y naranjas, caminando libres por la ciudad? Es simple, les daban permiso de deambular fuera de la prisión porque no tenían cómo ni a dónde escapar. La ciudad más austral del mundo es una isla, en sí misma una prisión con barrotes de hielo. Los que intentaban escapar y no aparecían en dos días eran considerados muertos.
Aquellas personas sin nombre se integraron a la ciudad. Siempre dentro de sus uniformes de rayas construyeron una comunidad, una familia, una vida y una historia. Pero, si bien es muy interesante, no es lo único que ofrece esta pequeña ciudad a los turistas.
El Tren del fin del mundo es una parada obligada, que recorre el Parque Nacional Tierra del Fuego, el río Pipo, la cascada La Macarena, el bosque de lengas y un paisaje bastante único: el cementerio de árboles, creado porque en 1946 fueron introducidos en Tierra del Fuego los castores, y como no tienen ningún depredador natural allí se reprodujeron descontroladamente, y en su proceso de crear represas generaron un bosque de árboles que parecen detenidos en el tiempo.
También hay varios tours interesantes que se pueden tomar en Ushuaia, como uno que recorre los majestuosos lagos y uno que va a conocer el faro del fin del mundo y pasa también por islas llenas de pingüinos que se pueden ver desde el catamarán. También hay espacios para patinaje sobre hielo y hacer trekking para acceder a diversos glaciares.
Finalmente, uno de los grandes atractivos turísticos de este lugar es la cercanía a la Antártida. De allí salen viajes de diversas duraciones y características para todo tipo de público que desee conocer este polo. Ushuaia se convierte en una ciudad hermosa, fría y única, que transmite esa actitud de “date un gusto, es el fin del mundo”.















