La búsqueda que el ser humano ha mantenido en la interpretación de la realidad le ha conllevado a utilizar el arte en sus múltiples formas, dilucidando entre las diversas culturas, los sentimientos y percepciones que estas contraen con su entorno, con el tiempo y la naturaleza. La relatividad de la belleza se manifiesta a partir de las singulares experiencias de cada región, la polivalencia del encuentro con el más allá, y las vicisitudes que alteran o apaciguan la vida.

Si bien el juicio del arte occidental ha transitado en la idealización del mundo a través de lo bello, hasta llegar a una explicita denominación de la palabra estética, los patrones encontrados en ciertas culturas prehispánicas, advierten la facultad creativa como un medio hacia la materialización de la vida espiritual, o como un lenguaje de interacción subjetiva, que a veces se manifiesta de forma material o inmaterial, y no pasa por el mismo filtro de belleza que enuncia el esquema de la estética moderna. Esta diferenciación en cuanto a las formas de interrelación con la existencia creativa también ha suscitado un interés epistemológico por parte de algunos pensadores y teóricos latinoamericanos, pertenecientes en su mayoría al movimiento «modernidad/colonialidad»; una corriente expuesta anteriormente en la columna titulada: «Filosofía en la tierra desnuda».

El término estética, tal cual lo conocemos, sería introducido por primera vez en los preceptos del filósofo alemán Alexander Baumgarten a mediados del siglo XVIII; este tiene su origen griego en la palabra aiesthesis o aesthesis, donde los antiguos filósofos como Protágoras, Platón, Sócrates, entre otros; ya discurrían en las acciones que atraviesa el ser humano para conocer la realidad a través de las sensaciones, la sensibilidad, involucrando consciencia, placer, olfato, visión, enfriamiento, calentamiento, miedo, etc.

A pesar de que los griegos ya incluían el valor y estudio de la belleza como parte del conocimiento, y podemos encontrar, por ejemplo, en Platón, la filosofía de lo bello y, en Aristóteles, un razonamiento hacia el arte, no se planteaba explícitamente una sujeción entre ambos aspectos, que permitiera discernir a uno dentro del otro. La perspectiva que establece Baumgarten hace tres siglos en su obra: Aesthetica, define ciertos componentes que permiten distinguir el sentimiento de belleza y apreciación de las creaciones artísticas, en un orden distinto al de las otras cosas.

Dentro de la identidad que Baumgarten logra dar a la estética en el arte como una disciplina específica y diferenciada, encontramos, sin embargo, que la mantiene como parte de una gnoseología o conocimiento menor, ya que el espacio de la gnoseología mayor, se lo concedería únicamente al entendimiento metafísico: a la lógica, a una verdad indudable. Para el pensador alemán, la estética alcanzaba en las obras brillantes, otro tipo de claridad, pero quedaba supeditada a una verdad relativa, o improbable.

Sería posteriormente el erudito Immanuel Kant quien promovería una síntesis entre las facultades de la imaginación y el conocimiento, señalando que estas armonizan entre ellas y hacen posible el juicio estético, logrando así introducir en el ejercicio artístico, los valores provenientes de la gnoseología mayor. A partir de tal determinación, muchos reconocerían a Kant como el verdadero padre de la estética artística moderna.

Al precisar el valor de una obra de arte marcada por la experiencia del antiguo continente y otra concebida en el mundo prehispánico, notamos que en el primer caso surge la intención del ejercicio estético en cuanto el artista logre conjugar el ingenio y destreza de la forma, con la versatilidad del contenido, originando en dicha relación el estímulo sensible que desprende belleza, aun cuando el contenido de la creación sea oscuro o trágico. En este sentido el artista acude al recurso estético como un canal formado por el talento para explanar un particular discurso. Desplazándonos a nuestras cosmovisiones ancestrales, sucedía una permanentemente búsqueda de símbolos vinculados al encuentro místico, espiritual o escatológico, donde se entremezclaba a todo ser viviente y al orden del cosmos, priorizando esta función que perseguía un lenguaje divino, y dejando que el desarrollo del plano estético llegue por añadidura.

Por otro lado, el rompimiento que el movimiento dadaísta europeo a partir de 1916 ejerce sobre la técnica y la estética, superponiendo sobre estas el gesto y la idea, generó una amplitud en la interpretación y crítica del arte, cuya influencia se mantiene en el denominado movimiento contemporáneo. Esta inflexión condicionaría el terreno para que puedan surgir nuevos cuestionamientos de lo que puede, o no, ser una experiencia artística. Se empieza a discutir sobre el relativismo del arte, hasta llegar finalmente a un espacio donde las acciones y expresiones incluyen nuevos matices interculturales e incorporan elementos materiales propios de cada región; las ideas traspasan el plano bidimensional y adoptan múltiples formas con ilimitados recursos.

Es en este escenario cuando se empieza a gestar, a principios del año 2000, en el marco del movimiento latinoamericano «modernidad/colonialidad», el planteamiento de la aesthesis en el arte con un enfoque descolonial, se busca un criterio artístico fuera de la estética occidental, la cual actúa como postura hegemónica y universal. En esta línea el sociólogo y pedagogo mexicano Rolando Vázquez Melken, perteneciente al grupo teórico que deviene de esta corriente, expresaría en el año 2016:

Si bien es cierto que en retrospectiva es posible encontrar personajes que se han ocupado de la descolonización de la «aesthetica» como por ejemplo el poeta caribeño Eduard Glissant, ha sido en la práctica de una pedagogía decolonial y a través de encuentros entre artistas e intelectuales como: Zulma Palermo, Walter Mignolo, Adolfo Albán-Achinte, Pedro Pablo Gómez, Catherine Walsh, que la categoría de «aiesthesis» decolonial comenzó a tomar cuerpo.

De acuerdo con el enunciado de Vázquez, la aesthetica descolonial, además, marca una pauta distinta al impulso que el arte presenta en la contemporaneidad, ya que no busca una preponderancia universal en el desarrollo de nuevas corrientes, sino desvelar un panorama de los mundos silenciados: percepciones y aspectos desde otras aristas de la consciencia humana.

Las ideas que nacen con la cultura material de cada territorio, y la práctica de la aesthesis descolonial, nos llevan a encontrarnos con lo que Vázquez apunta como posiciones situadas, reflejando un reconocimiento que parte del lugar en donde estamos situados, el conglomerado de saberes y comprensiones que han pasado por procesos de transformación, omisión, y que han sido socavados por las tensiones étnicas coloniales.

Manifestar una transición y otro sentido a la función del arte en torno a sus circunstancias, sería entonces lo que promueve la aesthesis descolonial, donde la belleza resulta de una causa distinta, de una necesidad, con base en el desarrollo de una historia propia. De tal manera, se forja una línea paralela que persigue una retroalimentación con el tiempo, y toma como punto de partida el efecto de nuestras realidades milenarias y sus nuevos significados y simbolismos en la contemporaneidad.

Este principio de aesthesis reconoce y habilita un canal para las expresiones de las voces silenciadas; el arte se ajusta y encauza los contextos uniéndolos a los que quedaron rezagados, generando un proceso de emancipación creativa y propiciando las bases de una ruta donde se pueda potenciar la creación del artista local hasta alcanzar nuevas pautas provenientes de una u otra prodigiosidad, ejerciendo así una transición que nos permite un lugar particular en el entendimiento del arte y el pensamiento humano.

Notas

Barrera Contreras, M (2016). Aesthesis decolonial y los tiempos relacionales, entrevista a Rolando Vázquez. Revista Redalyc.org.
Cortés Lezama, A. (2021). Aproximación a la escucha decolonial del museo: pasar de la lógica de la enunciación a la lógica de la recepción. Entrevista al Dr. Rolando Vázquez Melken. Revista Ibero.
Mignolo, W. (2010). «Aiesthesis» decolonial. Universidad de la Rioja.
Mora, U. (2019). Dadaísmo y Duchamp (Surrealismo). Universidad Veracruzana.
Palacios, C. (2023). El genio y la comunicabilidad universal en la estética de Kant. Universidad de Lima.