El joven investigador, de noble rostro, penetrantes ojos azules, barba bien cuidada y de cabello corto, ágilmente subió los últimos escalones y se preparó para una difícil conversación que iba a sostener con su maestro, el ya muy famoso Luis Pasteur. Por supuesto, a este ya se le había adelantado el tema de la conversación, pero el joven sabía, por su mentor el Dr. Roux, que el sabio no iba a acceder fácilmente, pero, aun así, su decisión estaba tomada y no había marcha atrás.

Desde hacía poco más de cuatro años, estaba en París con la intención de culminar sus estudios de medicina. Antes, los había iniciado en la universidad de Marburgo y luego también estuvo en Berlín, en donde incluso pasó un tiempo en el laboratorio de Roberto Koch. Pero su siempre espíritu inquieto, lo impulsaba a buscar nuevos aires y nada mejor que París. Tuvo la suerte de que, al poco tiempo, fue presentado a Pasteur por Emile Roux, quien logró conseguirle trabajo en el Instituto. Nuestro personaje era una persona completamente bilingüe y pasar del alemán al francés, no tenía ningún inconveniente para él.

No tardó en distinguirse. Al principio, colaboró en el programa de vacunación contra la rabia. Hacía poco se había descubierto la vacuna y el Instituto se vio rebozado por pacientes mordidos por perros o lobos que venían de todas partes para obtener la vacuna. Compartió actividades en un hospital parisino en el servicio del profesor J. J. Grancher, con el trabajo de asistente de Roux en el laboratorio de Pasteur, participando en trabajos que se realizaban sobre la tuberculosis y la difteria (Fresquet Febrer, J. L.). En este sentido, contribuyó con Roux en 1888 a demostrar que un cultivo de bacilo diftérico contenía una toxina que era la responsable de provocar la sintomatología de la enfermedad y no el bacilo en sí. Le tocó incluso continuar su trabajo en la nueva sede del Instituto Pasteur, que fue inaugurado el 14 de noviembre de ese mismo año de 1888.

Para graduarse de médico, presentó una tesis titulada «Estudio sobre el desarrollo de la tuberculosis experimental», que un año después recibiría la medalla de bronce de la facultad de medicina de París. Al poco tiempo, fue nombrado profesor auxiliar del primer curso de microbiología que se dio en el Instituto Pasteur. Con el visto bueno de sus mentores, Pasteur y Roux, se dirigió por breve tiempo a Berlín, para seguir el curso que daba Robert Koch. A su regreso, pudo informar a sus jefes de la organización que tenía el sabio alemán en sus laboratorios. Ya era considerado un miembro más del famoso grupo de «los pasteurianos». Varios de sus trabajos habían sido publicados en los Anales del Instituto y en otras revistas francesas muy reconocidas. Faltaba un requisito y lo cumplió en 1890. Obtener la ciudadanía francesa. Acompañado por Roux, firmó los documentos correspondientes y a continuación, sin tiempo para celebrar nada, ambos se dirigieron a sus respectivos sitios de trabajo.

El momento de la entrevista llegó. El sabio Pasteur leía unos documentos y se quitó los lentes para saludar al recién llegado. El joven investigador le estrechó la mano ceremonialmente, escuchando en silencio lo que decía el famoso científico. Así que usted, Alexandre Yersin, desea dejar esta institución que ya comienza a darle fama, por un destino incierto. Permítame decirle que no lo entiendo. Tiene aquí un brillante futuro, que, sin duda, en vista de sus grandes atributos, lo llevará a la cima de la fama como investigador. Muchos científicos en el mundo desearían estar en su lugar. Pero, en fin, lo escucho, he oído decir que está resuelto en su decisión.

Efectivamente maestro, lo he pensado mucho y sé que no cambiaré de parecer. Usted me ha tratado como un padre y el Dr. Roux como un hermano. El personal del Instituto ha sido magnífico, pero mi espíritu me exige volar por otros rumbos, conocer lugares exóticos, descubrir lugares ignotos, ayudar a gente de países atrasados. Le confieso que desde niño he deseado seguir los pasos del famoso Dr. Livingston, también médico, viajero, descubridor de ríos, lagos, comarcas desconocidas y sobre todo un hombre generoso, que decidió cambiar para siempre su Europa llena de comodidades, por una África plagada de peligros y enfermedades.

Pasteur no insistió más. Únicamente le pidió que siguiera en contacto con ellos y que siempre tendría las puertas abiertas de su institución. Le dio una carta de recomendación y le deseó buena suerte. Alexandre Yersin ya conocía su próximo destino. Se embarcaría como médico a bordo de un navío de la línea «Mensajería marítima de Burdeos» en el paquebote que cubría la línea Saigón-Manila (Ribera, A.). Abandonaba Europa y salvo visitas por poco tiempo, ya jamás viviría en el viejo continente.

Su origen

Alexandre-John-Emile Yersin nació el 23 de septiembre de 1863 en Lavaux, cerca de Aubonne (cantón de Vaud), Suiza. Su padre, del mismo nombre, era un modesto apasionado por la botánica y la entomología, que para subsistir administraba un polvorín y, en ocasiones, fue profesor de un colegio. A la edad de treinta y ocho años, fallece de un infarto, dejando a su viuda, Fanny, encinta, naciendo muy poco tiempo después un niño al que pondrán el nombre de Alexandre. La viuda logra adquirir una casa en Morges y la convierte en pensión para muchachas. Para eso está bien preparada, tiene estilo, buenos modales y es elegante. El niño crece en ese ambiente femenino y adquiere los gustos de su padre por la entomología. Todo es austeridad y religión, en este caso la Iglesia Evangélica Libre. «De aquella altiva frialdad de azules domingos, el jovencito conservará la franqueza abrupta y el desprecio hacia los bienes de este mundo» (Deville, P.).

En Lausana realiza sus estudios de secundaria y comienza los de medicina. Esos últimos los continúa en la universidad de Marburgo, Alemania y los prosigue en Berlín. En un viaje a la ciudad de Jena, compra un microscopio Carl Zeiss, que le acompañará toda la vida Al cabo de un tiempo, decide un cambio de aires y prefiere finalizar la carrera en París. Ya hemos relatado su amistad con Roux y su entrada al Instituto Pasteur, para convertirse en un miembro del clan pasteuriano, apenas al contar veintisiete años. Durante gran parte de todo ese tiempo, ha visitado pocas veces a su madre, pero ha mantenido una constante correspondencia con ella y con su hermana Fanny, que mantendrá durante toda su existencia, hasta la muerte de ambas.

El viaje por las costas de Vietnam lo seduce por completo. Su naturaleza inquieta y escrutadora, no lo deja escapar los múltiples detalles geográficos y humanos que le depara la travesía en barco. Quiere encontrarle explicación a todo lo nuevo que observa, por lo que estudia astronomía, climatología, botánica, ciencias de la navegación, etnografía, cartografía. Su trabajo le permite conocer las Filipinas y la influencia que los españoles han dejado en ese pueblo. Con la complicidad del capitán, en sus ratos libre explora las costas y los ríos de esos pueblos, la mayoría de los cuales no han sido visitados ni señalados por ningún viajero. En uno de esos viajes por Vietnam, descubre la hermosa bahía de Nha Trang que lo seduce por su belleza. Pero después de dos años de médico a bordo, decide renunciar a ese trabajo y radicarse en esa exótica bahía, en donde construirá su casa, que será su residencia oficial por el resto de sus días. La casa, situada frente al mar debe ser grande de varios pisos con muchos cuartos para alojar diversos laboratorios y hasta un observatorio astronómico. Esta misma mansión se convertirá posteriormente en una sede del Instituto Pasteur (García Olmedo, F).

En Nha Trang se convierte en un verdadero antropólogo. Estudia las costumbres de los Mois, sus aldeas y aprende sus dialectos. Atiende sus dolencias y prepara campañas de vacunación para ellos. De sus propios recursos monta y prepara la primera expedición que, con un intérprete, cinco guías, caballos y dos elefantes, después de tres meses logra llegar hasta Stung Streng. Al final, escribe un informe muy detallado al cual anexa mapas, fotografías y todo tipo de datos que sean de interés (Ribera, A.).

Yersin continúa sus viajes por el Vietnam inexplorado. Es un nuevo Livingston que descubre y detalla la geografía de Indochina. Su pasión por los microbios la ha trasladado al descubrimiento geográfico (Vivar Mendoza, A.). Descubre valles, ríos, montañas desconocidas. En un altiplano (la meseta de Lam Vien), junto a un lago, a mil metros de altura, con un clima bastante benigno, elige un terreno en donde se fundaría Dalat (Britannica), la ciudad refugio de la colonia. En una de esas expediciones, ocurre un enfrentamiento con unos asaltantes, uno de los cuales le arroja una lanza que atraviesa sus costillas. Él mismo indicó a sus ayudantes como extraerle el objeto punzante, siendo a continuación trasportado en camilla por dos semanas hasta un lugar en donde recibir atención médica (García Olmedo, F.). Es por esta época cuando el científico Calmette, cuyo nombre está ligado al descubrimiento de la vacuna BCG (bacilo Calmette Guerin) llega a Hanoi procedente del instituto Pasteur y se encuentra con Yersin. Le ofrece, en nombre del gobierno francés, nombrarlo para que continúe sus estudios diversos sobre Indochina y el suizo genial accede de inmediato.

Su gloria como microbiólogo

Cuando estalla en Hong Kong una epidemia de peste, en 1894, el gobierno francés le encarga dirigirse a esa ciudad para tratar de descubrir el agente causal de dicha enfermedad. Yersin lo hace, pero cuando llega encuentra que su labor es obstaculizada por las autoridades locales que, más bien, conceden toda clase de facilidades al científico japonés Kitasato. Al representante de Pasteur le niegan hasta cadáveres para hacer autopsias y tiene que trabajar en un medio muy caluroso y poco apropiado. Pero recibe la ayuda de un jesuita que le proporciona muertos por la peste y logra examinar un ganglio linfático, que contiene «pequeños bastoncillos rechonchos con las extremidades redondeadas» (Institut Pasteur). El hecho fortuito de trabajar a temperatura del medio ambiente (28 grados) facilitó la siembra que posteriormente realizó del bacilo encontrado. En cambio, Kitasato, con sus estufas que mantenían la temperatura del cuerpo humano (37 grados), no logró los mismos resultados. De inmediato, Yersin redacta un informe científico describiendo su gran hallazgo, que al poco tiempo aparecerá en los Anales del Instituto Pasteur. La fama le cubre y poco tiempo después al agente causal de la peste, que durante siglos fue un verdadero azote y verdugo del a humanidad, se le conocerá con el nombre de Yersinia pestis.

Regresa por un breve tiempo a París, para buscar con sus compañeros del instituto, Emile Roux, Albert Calmette y Armand Borrel, la forma de atenuar el bacilo y producir una vacuna contra la enfermedad. Estos experimentos de seroterapia terminan con la creación de un suero que aparenta tener resultados positivos, pero deseando regresar a su amada Indochina, deja que el trabajo definitivo sea hecho por otros. Mientras tanto, otro investigador del Instituto de nombre Jean Paul Simond, encuentra que la pulga resulta ser el agente transmisor de la Yersinia pestis, mejorando de esta manera el conocimiento del ciclo evolutivo de la peste.

Su labor agrícola

En 1899, Yersin logra cultivar con éxito la planta del caucho (Hevea braziliensis) en grandes extensiones de lo que actualmente es Vietnam, convirtiéndose de esta manera, en el primer aportador de materia prima a la gran fábrica Michelin de Francia. Además, también importa del Perú, la planta de la cinchona, de cuya corteza del árbol se extrae la quinina. De ese mismo país, importa matas de coca, con la que inventa una bebida estimulante que contiene, aparte de cocaína, canela, a la que llama «Cola Canela». De haber patentado esta fórmula, se habría convertido en multimillonario (precursor de la famosa Coca Cola).

Pero, además, hizo llegar a Vietnam innumerable cantidad de semillas, alimentos de todo tipo desconocidos para los pueblos de dicho país. También el café, haciendo que en la actualidad sea ese país uno de los principales productores del mundo. El espíritu innovador y progresista de Yersin lo hizo importar el primer carro y la primera bicicleta, y hasta proyectores de cine, así como aviones que causaban la admiración de todos los pobladores.

Sus años finales

Su último viaje a Francia lo hizo comenzada la Segunda Guerra Mundial y milagrosamente pudo salir en el vuelo final de Ari France en un hidroavión, que salió del aeropuerto de París. Falleció en su adorada casa de Nha Trang, el 27 de febrero de 1943. Hacía poco tiempo había reanudado sus estudios de griego y latín, para leer algunos clásicos en su idioma original.

Llegó a disponer de más de veinte mil hectáreas de terreno. Desde mucho tiempo antes de su muerte, había vendido simbólicamente por un franco todas sus acciones al Instituto Pasteur.

En Vietnam es recordado como un santo. En su tumba, siempre está prendida una vela y hay flores perennemente. Su epitafio dice: «Benefactor y humanista, venerado por el pueblo vietnamita». Numerosas calles todavía llevan su nombre, lo mismo un liceo en Hanoi. Su casa ha sido convertida en un museo.

Notas

Deville, P. (2014). Peste y cólera. Primera edición. Barcelona, España: Editorial Anagrama.
Encyclopedia Britannica, The Editors of Encyclopaedia. Alexandre Yersin.
Fresquet Febrer, J. L. Alexandre Yersin (1863-1943).
García Olmedo, F. Yersin. Científico y explorador. Revista de libros.
Institut Pasteur. (2020). Alexandre Yersin, the man who discovered the bacterium responsible for the plague.
Ribera, A. Alexandre Yersin: el rango que otorga la ciencia. Cultura científica.
Vivar Mendoza, A. (2016). Yersin o el elogio de la curiosidad. Acta herediana. Vol. 58;68-73.