Estos días el sur de Europa parece una sauna, aunque en teoría aún estamos en la primavera 2022, varias veces la temperatura ha excedido los 35 grados Celsius, todos nos preguntamos qué tan caliente será el verano que se aproxima. Los diarios españoles publican hoy que el consumo energético por el aire acondicionado supera todas las proyecciones y que han tenido que recurrir al gas, puesto que no hay viento y la energía solar se ve afectada por el polvo del desierto del Sahara que cae sobre partes de Europa y la baja en la eficiencia de generación solar como efecto de las altas temperaturas (El País, 15 de junio 2022).

Todo indica que el cambio climático nos traerá veranos más largos y más calientes. Como una solución, la prestigiosa revista The Economist nos sugiere que tratemos la producción de algunos productos agrícolas, como la carne, de la misma forma que tratamos el carbón. En otras palabras, que gradualmente dejemos de consumir carne.

El gráfico #1 muestra que la carne emite 4.3 giga toneladas anuales de CO2e (toneladas de dióxido de carbono equivalentes), el arroz 2.1 y la leche 1.6. Para facilitar la comparación se nos da como referencia que Japón emite 1.2 giga toneladas de CO2e anuales y toda la industria de la aviación 0.85 giga toneladas anuales.

¿Llegó pues el momento de convertirnos en vegetarianos o incluso en veganos? ¿Es esta opción la mejor alternativa?

En el caso extremo de los veganos, no se consume carne, leche ni huevos, ni nada de producción animal. Excepto en caso de problemas de salud. Algunos expertos y activistas de los derechos de los animales (por ejemplo, Peter Singer un autor clásico de los derechos de los animales), creen que esa es la mejor alternativa y además la única moralmente aceptable y ética.


China
Gráfico 1: emisiones anuales de varios productos agropecuarios expresados en giga toneladas por año (Publicado por revista The Economist el 9 de junio de 2022).

Naturalmente, si todos de repente nos volviéramos vegetarianos, las emisiones de CO2e bajarían y si aplicamos con más inteligencia el agua y los fertilizantes, las emisiones bajarían sustancialmente. El problema en mi opinión, es que no es factible, que la humanidad entera cambie sus hábitos de alimentación de un día para otro.

Más aún, varios de mis colegas de la FAO, piensan que no es necesario un mundo vegetariano o vegano para enfrentar el cambio climático. Y sugieren otras alternativas.

Cambio climático y alimentación para el siglo XXI

Hace varios años la FAO viene alertando que cerca de un 30% del total de la producción agrícola del mundo se desperdicia. Una parte importante se pierde a la hora de cosechar, de transportar los productos y otra parte a la hora de vender los alimentos en los supermercados. El mundo en vías de desarrollo tiene más desperdicio en las fincas y el mundo desarrollado en los supermercados. Si redujéramos ese desperdicio todos ganaríamos: el volumen producido alcanzaría para dar de comer a los más de 800 millones de personas que aún hoy sufren hambre, reduciríamos sustancialmente las emisiones de CO2e hacia la atmósfera, ahorraríamos insumos como el agua, los fertilizantes, las tierras agrícolas y la mano de obra necesaria para producir lo que comemos y todo ello con solo reducir lo que hoy botamos.

En otras palabras, en la producción de alimentos del siglo XXI, no hay espacio para la ineficiencia y el desperdicio.

Una segunda idea, proviene de los expertos en nutrición, quienes nos aconsejan consumir la carne en forma más equitativa, pues hoy en promedio los ciudadanos de los EE.UU. consumen 100 kg de carne anualmente, mientras que varios países del África Central, consumen tan solo 3 kg por año. La media recomendada para una buena nutrición ronda los 30 kg anuales. Se requiere pues que unas personas no consuman tanta carne y que otros consuman más. En más un problema de equidad que de consumir carne.

La transformación de la agricultura hacia una menos intensa en CO2e

Otra alternativa, es la sugerida por expertos en agricultura y ganadería, quienes han sugerido la agricultura climáticamente inteligente, y muestran que es posible producir nuestros alimentos y al mismo tiempo reducir la intensidad de CO2e por unidad cosechada, adicionalmente, varios subsectores han adoptado metas aún más ambiciosas: convertir la producción de su sector en una neutral. Esa decisión implicaría reducir todas las emisiones en el proceso productivo, su transporte, distribución y compensar cualquier exceso (por ejemplo: sembrando arboles).

Examinemos con mayor detalle, el subsector lechero, el cual anunció en la COP 26 en Glasgow en noviembre 2021 que caminará a convertir su industria en una de cero emisiones netas a nivel global para el año 2050. El sector lechero según The Economist es el tercero en emisiones anuales tan solo por debajo de la producción de carne y del arroz. Adicionalmente, desde la perspectiva de nutrición en un sector en pleno crecimiento especialmente en Asia y África. En un sector bien organizado y en muchos países las cooperativas y asociaciones de productores dominan el mercado.

El experto, Timothy Robinson, de la división de ganadería de la FAO elaboró el gráfico #2, donde se muestra que, en la producción lechera global, dependiendo del grado de desarrollo de los países, las emisiones de CO2e varían de país a país y que es posible reducir las emisiones sustancialmente con la tecnología y técnicas disponibles hoy.


China
Gráfico 2: Emisiones anuales de CO2 equivalente por unidad de leche. Muestra representativa de países productores de la industria lechera mundial (Dr. Timothy Robinson, división de ganadería de la FAO, presentado en la FAO el 14 de junio de 2022).

Por ejemplo, en el grafico #2, la mayoría de los países africanos se ubican a la izquierda, poseen lecherías poco industrializadas, basadas más bien en pequeñas unidades y que se alimentan con pastos y agua (no siempre de buena calidad), los sectores lecheros de esos países emiten más de 6 kilogramos de CO2e por unidad de leche producida. Países con industrias lecheras más desarrolladas son capaces de reducir sus emisiones a menos de 2 kilogramos de CO2e por unidad de leche producida (se ubican a la derecha en el gráfico).

Proyectos piloto en Tanzania, Uruguay y Costa Rica sugieren que, modificando los alimentos, mejorando la calidad del agua y eventualmente mejorando la genética de los hatos lecheros es posible en un plazo corto reducir rápidamente la intensidad de CO2e por unidad producida y que eventualmente es posible y deseable mover todos los países hacia niveles de producción más eficientes y menos intensos en CO2e, por tanto, la meta de convertir todo el sector en uno neutro es viable.

Finalmente, hemos publicado anteriormente que la producción de biocombustibles de segunda generación como bio etanol, bio metano e hidrógeno verde utilizando el estiércol del ganado y desechos agrícolas permitirá generar combustibles de alta densidad energética que son indispensables para la transformación de la aviación, el sector marítimo y el transporte terrestre pesado y de largas distancias, que se han rezagado en su reducción de emisiones de CO2e y continúan dependiendo de combustibles fósiles. Otro beneficio, es que este nuevo producto (los combustibles) generaría un ingreso extra para el sector lechero, el cual financiaría parcialmente su propia transformación.

Hay pues esperanza para que la humanidad tenga éxito en combatir el cambio climático.