Podrán leer esta entrevista y otros contenidos de interés relacionados con el SPI en el tercer número de la revista de la AESPI.

El ser humano tiene la necesidad fisiológica de dormir durante toda la vida, para recuperar la energía perdida en la realización de las actividades diarias, y poder mantener la salud.

Dormir es una actividad inherente a la naturaleza humana y un sueño reparador es un pilar fundamental en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, quienes padecen SPI (Síndrome de Piernas Inquietas), pueden tener problemas para mantener un sueño de calidad durante la noche.

Hemos hablado con Ana Fernández-Arcos, neuróloga, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), para ahondar en los aspectos que vinculan al SPI con el sueño.

Para empezar, ¿qué es dormir bien?

Es tener un sueño reparador, en el que la persona al día siguiente se sienta descansada y en condiciones óptimas para llevar a cabo sus actividades del día a día. Implica no tener dificultades para iniciar o para mantener el sueño durante la noche y poder hacerlo en un horario regular y acorde con la necesidad de dormir.

¿Una persona con SPI puede llegar a tener ese sueño de calidad que todos necesitamos?

Sí, la mayoría de las personas con Síndrome de Piernas Inquietas pueden tener una buena calidad de sueño una vez que los síntomas remiten al pasar las horas y también una vez obtenido un tratamiento adecuado.

¿Qué terapias actuales pueden disminuir los síntomas y aumentar los períodos de sueño reparador?

En primer lugar, descartamos las causas secundarias del Síndrome de Piernas Inquietas, principalmente la ferropenia.

Si una persona tiene los niveles de ferritina bajos se debe tratar con suplementos de hierro, considerando individualmente administrarlo de forma oral o endovenosa. El tratamiento farmacológico de primera línea son los agonistas dopaminérgicos (pramipexol, rotigotina o ropinirol) y los alfa 2 delta ligandos (gabapentina o pregabalina).

¿Se podría decir que el SPI es una enfermedad con ritmo circadiano?

Sí, debido a que los síntomas aparecen o empeoran en un momento del día concreto: al atardecer o por la noche. Esto se ha relacionado con las variaciones del neurotransmisor dopamina en el cerebro a lo largo del día.

¿Cuáles son las complicaciones para la salud de los afectados?

Las personas que tienen SPI pueden tener mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. Además, este trastorno coexiste con frecuencia con otros problemas de salud como la hipertensión, la diabetes mellitus o la depresión.

¿Algo tan sencillo como hacer un par de siestas al día podría ayudar a los afectados por el SPI?

Puede ayudar a que no se sientan tan cansados durante el día si tienen dificultades para dormir por la noche, pero no modifica el SPI. El hecho de tener molestias durante el atardecer o durante la noche no se vería afectado.

¿Qué diferencias existen entre el SPI primario y el secundario?

Se considera primario cuando la causa es desconocida y en esos casos puede haber una asociación familiar y un componente genético. El SPI secundario se asocia a algunas enfermedades neurológicas como la Enfermedad de Parkinson, al embarazo, a niveles bajos de hierro en sangre y a enfermedad renal.

Numerosos estudios muestran una asociación entre procesos dolorosos crónicos y el SPI. Una proporción considerable de personas con dolor crónico refieren alteraciones del sueño, y los hallazgos de investigaciones recientes han apoyado la hipótesis de que los trastornos del sueño desempeñan un papel importante en la manifestación de la fatiga y del dolor. ¿Cómo actuar en este caso? ¿Es el SPI la enfermedad de base a tratar?

La falta de descanso y un sueño fragmentado pueden incrementar factores proinflamatorios y disminuir el umbral del dolor.

En muchos casos mejorar en la medida de lo posible el descanso nocturno puede contribuir en una mejora de los síntomas. Es importante descartar y tratar (si los hubiera) trastornos primarios de sueño como, por ejemplo, apneas o movimientos periódicos de las piernas que produzcan despertares.

El SPI empeora cuando hay una privación de sueño y con frecuencia las molestias se solapan al coincidir con otras enfermedades que producen dolor como las neuropatías.

En general, serían factores concurrentes y el SPI no supondría la enfermedad de base, aunque el tratamiento en esos casos se selecciona para poder tratar ambos con los neuromoduladores alfa 2 delta ligandos (gabapentina o pregabalina).

¿Cuál es el tratamiento para el SPI? ¿Es el mismo en todos los casos?

Actualmente el SPI es tratable y tenemos a nuestra disposición terapias que se deben de valorar de forma individualizada para valorar cuál es la óptima en cada paciente. Está reconocido el valor del tratamiento con hierro en pacientes cuyos niveles de ferritina son bajos, de forma oral o endovenosa.

El tratamiento farmacológico de primera línea son los agonistas dopaminérgicos (pramipexol, rotigotina o ropinirol) y los alfa 2 delta ligandos (gabapentina o pregabalina).

¿Se puede curar o es necesario medicarse de por vida para evitar los síntomas?

No existe en la actualidad un tratamiento curativo, más allá de tratar las causas secundarias. El tratamiento es sintomático y, aunque puede ser crónico, los pacientes presentan periodos de remisión de síntomas en que puede disminuirse o incluso retirarse el tratamiento. Por ello es tan importante el seguimiento por el especialista.

Entiendo que es importante que para abordar este trastorno haya un equipo multidisciplinar involucrado.

Sí, en el abordaje del Síndrome de Piernas Inquietas resistente al tratamiento es importante que haya un equipo multidisciplinar. En el trastorno en general es fundamental que exista un mayor conocimiento por parte de los profesionales sanitarios para dar con un diagnóstico más precoz y poder tratar los síntomas lo antes posible.

¿Qué importancia tiene la higiene del sueño para quienes lo padecen?

Es importante mantener un horario de sueño adecuado con un mínimo de horas y tener en cuenta el momento de aparición de los síntomas para establecer cuándo se debe tomar la medicación.

Serías tan amable de indicar unas pautas básicas de higiene del sueño.

En general, es importante mantener unos horarios regulares con un número de horas de entre 7-9 horas de sueño en los adultos.

Las cenas deberían ser ligeras y realizarse al menos dos horas antes de dormir. También se recomienda hacer actividades relajantes antes de dormir y evitar los dispositivos lumínicos. Además, es recomendable realizar ejercicio diario evitando que se realice a última hora de la tarde.

¿Qué conceptos erróneos que deban aclararse con respecto al SPI?

Es frecuente que se confunda el síndrome con mala circulación en las piernas o con tener una personalidad más o menos nerviosa.

Los pacientes con SPI deben conocer además la existencia de medicaciones, incluso algunas que puedan obtener sin receta, que podrían empeorar los síntomas, como por ejemplo algunos fármacos para evitar las náuseas o algunos antihistamínicos.

¿Se han producido algún avance significativo en su tratamiento?

Cada vez se conocen más las indicaciones terapéuticas y pueden pautarse de forma más personalizada. Actualmente conocemos que algunos fármacos a largo plazo pueden tener un efecto de «aumento» y empeorar los síntomas por lo que es importante mantener las visitas con el especialista para monitorizar el tratamiento y evaluar su respuesta.

Además de seguir el tratamiento prescrito por su médico, ¿qué pueden hacer los pacientes para reducir la intensidad de los síntomas o el número de episodios?

Existe poca evidencia científica al respecto, aunque algunos estudios apuntan a un efecto beneficioso del ejercicio de forma regular y practicar yoga. También se ha descrito una mejora al evitar café o alcohol y en el momento que se producen los síntomas caminar, hacer bicicleta, los masajes e incluso compresión sobre la zona afectada.

Biografía

La doctora Ana Fernández-Arcos coordina el Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y el Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN) desde noviembre de 2020. Además, forma parte del equipo de la Unidad Multidisciplinar de Sueño del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona).

Su labor como experta en trastornos del sueño ha recibido diversos reconocimientos, y ha publicado numerosos trabajos médicos al respecto.

Licenciada en Medicina por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y especialista en Neurología por el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, cuenta con el Máster en Trastornos del sueño llevado de la Universidad de Barcelona y se ha doctorado en Medicina e Investigación Traslacional en la misma universidad. Además, posee la acreditación en European Somnologist por la Sleep Research Society.