Yusto/Giner presenta en su espacio de Marbella, Asta, paño y driza, una exposición individual de Joël Mestre.
El origen del proyecto está en un cuadro que Mestre pintó en 2017 y al que ha vuelto este año. La solución que encontró entonces ya no le convencía, así que decidió seguir trabajando en él. El título separa la bandera en las tres piezas que la forman, el asta, el paño y la driza. Nombradas por separado, pierden la carga política e identitaria que solemos asociar a una bandera y admiten otras lecturas.
Mientras pintaba, el artista fue escribiendo unas notas que acompañan la exposición. En ellas aparecen tres personajes, A, P y D, que compran un toldo de oferta para pasar el día junto a un pantano. Las instrucciones aseguran que el montaje es sencillo, pero se levanta viento, la tela se les escapa de las manos y acaba ocupando todo el paisaje. El toldo termina siendo el protagonista de la historia, y los tres acaban paseando sin prisa al caer la tarde. En la pintura, Mestre se fija sobre todo en las sombras que forman los pliegues, que según explica van apareciendo casi solas mientras trabaja. El viento cambia de dirección y retuerce la tela sin que nadie pueda preverlo. El viento apenas se ve, pero deja su rastro en cada pliegue.
Las notas recogen también las lecturas y obras que el pintor ha ido encontrando por el camino, a menudo después de haber terminado un cuadro. Cita la novela Auch Einer, de Friedrich Theodor Vischer, en la que los objetos se rebelan contra su dueño; La ciénaga definitiva, de Giorgio Manganelli, que Mestre lee como un tratado de pintura aunque el libro nunca la menciona; el último cortometraje de Michelangelo Antonioni, en el que el cineasta recorre con los dedos los pliegues del Moisés de Miguel Ángel; o El sueño de Ossian, el cuadro que Ingres volvió a pintar treinta años después. Aparecen además John Ruskin, Joan Didion, Norman Mailer, Pascal Quignard y Juan Mayorga.
La exposición reúne obras de pequeño formato y tres grandes lienzos de 250 x 180 cm, todos en temple vinílico sobre tela. Muchos de los cuadros pequeños van en marcos que el propio Mestre ha diseñado y construido: seis modelos en madera ebonizada, con formas lobuladas y de tabernáculo que recuerdan al barroco y que funcionan casi como un decorado de teatro alrededor de cada escena.












