A los ocho años, en el corazón de los campos de Andaray, Alejandra Huamaní contaba los días para ir de vacaciones a Arequipa. Allí le aguardaba una bicicleta roja de su tío, la cual sería su primer e impensado acercamiento con el ciclismo. Lo hacía a escondidas: la bici le quedaba demasiado grande, sin embargo, la curiosidad era mayor que el miedo a caerse. Pero en ese momento mientras sus abuelos cuidaban sus chacras y vendían leche a Gloria (industria de lácteos) como principal sustento económico, nació un deseo que nadie, ni la premura económica, ni el desconocimiento, ni los que le decían "déjalo", podría apagar. En su corazón se gestaba un amor como ninguno, el amor por la bicicleta.

Del campo a la ciudad: la bicicleta que cambió todo

Nacida en Arequipa, pero criada en Andaray (Condesuyos) hasta los once años, Alejandra llegó a la capital mistiana para terminar la primaria y secundaria, para luego estudiar Economía en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA). La bicicleta volvió a su vida a los diecisiete, no como un juguete, sino como una herramienta de supervivencia: "Estaba ajustada de dinero y me ayudó a ir a la universidad sin gastar en transporte". Una periodista deportiva, Jenny, le ayudó a comprarla con su tarjeta de crédito; su hermana pagó la deuda meses después, el primer eslabón de una red de apoyo que se iría tejiendo con el tiempo.

La pandemia de 2020 fue el punto de quiebre. "Me encerré en casa, me subí mucho de peso y empecé a ver grupos de ciclismo por Facebook", recuerda. Su primera salida fue con los Ciclomaníacos —"muy tranquilo, a veces me aburría"—, así que decidió explorar sola. Intentó subir a Chiguata por Mariano Melgar y no llegó ni a la mitad. "No me rendí: otro día intenté llegar al cruce del Cementerio, luego más allá. Convencí al tío que vivía conmigo de comprar una bici —estaba gordito, igual que yo— y juntos seguimos".

Su primera bicicleta, una montañera moradita sin suspensión, se rompió en una bajada a la Vizcacha: "El aro se hizo añicos". Pero un primo le vendió otra de segunda mano por 200 soles —la que aún guarda hoy, con la palanquita original—, una de ruta antigua, pero útil para su propósito de gloria.

El salto al deporte competitivo: cuando alguien le dijo "tienes buena resistencia"

En 2021, a los 22 años, corrió su primera Vuelta a los Pueblitos (competencia de MTB) —y se cayó en la peligrosa bajada a Mosopuquio, con cicatrices que aún lleva en la piel, me cuenta que se levantó, se borró la tierra y terminó en séptima posición. Esa fue su primera competencia.

Pero vendrían más experiencias, esta vez, en rutera. Fue en un grupo de ruteros donde Jorge, un amigo, le dijo lo que cambiaría su vida: "Oye, Ale, tienes buena resistencia". Le prestó una bicicleta para su segunda competencia en Hunter, un circuito alrededor de la municipalidad. Allí, al pasar por unos ojos de gato, se le rompió el timón y abandonó. Pero mientras miraba a los ciclistas con uniformes, preguntó a una chica: "¿Son un club? ¿Entrenan?".

El profesor Manuel Chávez le abrió las puertas del club de la Liga de Hunter. "Me dijo que entrenáramos martes y jueves, pero tuve clases y fui al siguiente jueves", cuenta.

Pocos días después, le anunció: "El fin de semana hay una carrera en Mollendo, la doble clásica". Alejandra se resistió: "Es muy larga, no tengo zapatos ni bici". Manuel le respondió con firmeza: "No te preocupes, te prestaré lo necesario". Le dio unos zapatos Sidi que le quedaban bien y le arregló una bicicleta, quedando en tercer lugar.

Del nacional ganado en caos al bolivariano: cristalizando sueños

El 2023 fue el año del despegue. Ganó su primer nacional de ruta en Lima, en un caos que parecía insalvable: los másters alcanzaron a las mujeres justo un kilómetro antes de la meta. "Todo estaba revuelto, los jueces no sabían qué hacer. Seguí a Mariana Rojas —la campeona anterior— entre los chicos, no sé cómo, y cuando vi la meta sprinté con todo mi esfuerzo", recuerda. Dante, su mecánico, estaba al llanto cuando la vio cruzar: "¡Ganaste Ale, ganaste!". Ella no lo creyó hasta que vio la foto —la diferencia con Mariana era apenas una rueda.

Luego fue a Bolivia a correr una vuelta de cinco días —sin equipo, sin patrocinio, "solo con mi maleta y la fe"— y quedó tercera. "Las etapas eran de 115 kilómetros, muy exigentes, pero me defendí. Ese viaje me dio la fuerza para creer que podía llegar a los Bolivarianos".

La preparación para Lima 2024 no fue fácil. Hubo presiones con la federación, cambios de entrenador, problemas con el alojamiento en Lima hasta que Flor Lewis (otra destacada ciclista) le abrió su casa. Con Angélica Quintero, su entrenadora colombiana (excorredora de pista), se enfocó en el velódromo y ganó cuatro medallas de oro en el nacional de 2024.

En diciembre de 2025, en los Bolivarianos, compitió en tres modalidades: velocidad por equipo, el ómnium y la ruta. Llegar a esta justa deportiva fue un verdadero reto, para ella, pero lo logró y pudo representar con los colores patrios peruanos a todo el país.

El ómnium: el remontaje que movió al público y llenó de lágrimas a Alejandra

En el ómnium —prueba de cuatro etapas que define la mejor ciclista de pista— comenzó mal. En la tempo (40 vueltas donde se puntúa cada vuelta), los técnicos le pusieron un avance demasiado duro y le sacaron tres vueltas. "Estaba muy enojada, pensé que había perdido todo. La adrenalina se me fue, me sentí vacía", confiesa. Pero su entrenadora le dijo: "Tranquila, la tarde es otra historia".

Y así fue. En la eliminación —donde se quita a la última rueda cada cinco vueltas— casi elimina a Lilibeth Chacón, una de las mejores de Venezuela. En la última etapa, la por punto (80 vueltas con sprints cada diez), decidió arriesgarse: "Intenté escapar varias veces, pero las colombianas y chilenas me agarraron. Pero en una oportunidad lo logré: saqué una vuelta, luego otra, y gané dos sprints. Cuando gané la última vuelta, todo el público gritaba —yo lloraba, sentí el alivio de dos años de trabajo, de sacrificios, de noches sin dormir por entrenar".

En esta prueba Alejandra terminó con ciento tres puntos, después de empezar con menos seis: un remonte que se convirtió en uno de los momentos más emocionantes del ciclismo bolivariano.

En la ruta, fue gregaria de Mariana Rojas. "Las colombianas —entre ellas Juliana Londoño, campeona mundial ómnium 2023— dominaron todo, hicieron el 1-2-3. Pero llegué a la meta con el último aliento, me ubiqué bien y ayudé a Mariana. Esa sensación de haber llegado ahí, a pesar de todo, no se compara con nada", comenta mientras hablamos.

2026: la mira puesta en la gloria internacional

Hoy, Alejandra es becaria del CAR de Lima y se prepara con ahínco para los retos que vienen en 2026:

  • Panamericano de Pista: Febrero, en Chile.

  • Panamericano de Ruta: Marzo, en Colombia.

  • Juegos Odesur (Juegos Sudamericanos): Septiembre, en Argentina.

  • Copas UCI de Pista: Varias fechas a lo largo del año, con el objetivo de acumular puntos para futuras clasificaciones mundiales.

"Mi enfoque va por la pista, pero quiero tener fondo para la ruta. Sé que el nivel es muy alto, pero ya demostré que puedo remontar, que puedo luchar contra todo", dice con firmeza.

"El sueño es posible si lo quieres con todas tus fuerzas"

Alejandra no olvida sus raíces en Andaray, y su mensaje a las niñas que quieren seguir su camino es claro y emocionante:

"Si realmente quieres estar en la bicicleta o en cualquier deporte, tienes que ser muy disciplinada. Nadie te da nada —hay que buscarte los medios, hacer sacrificios, estudiar, entrenar aunque te duela. Cuando uno desea algo con todo el corazón, encuentra una y otra forma de hacerlo. No se acaba el mundo si las cosas no salen como esperas —siempre aparece algo más, siempre hay una segunda oportunidad. Yo empecé a los 22 años, cuando muchos ya están entrenando desde niñas, y llegué a los Bolivarianos. Si yo lo hice, tú también puedes".

De usar la bici de su tío a hurtadillas a desafiar a campeonas del mundo en el velódromo y la ruta, Alejandra Huamaní es la prueba viviente de que el sueño, acompañado de esfuerzo y fe, puede sobrepasar cualquier límite.