Hay algo en la pintura que casi siempre se mantiene fuera de vista: lo que cae, lo que sobra, lo que no entra en el bastidor. En la práctica de Verónica Lehner (Cali, Colombia, 1980), estas condiciones son el punto de partida para su indagación material y llevan más de una década diciéndole qué hacer.
La pintura, en su versión más convencional, traza una frontera clara entre lo que ocurre dentro del bastidor y lo que queda afuera. El proceso se borra y la superficie se cierra. La práctica de Verónica opera en sentido contrario, pues la superficie es también índice, registro físico de lo que la produjo. En las series Superficies Múltiples e Intersecciones, construyó un método de doble imagen donde una parte trabajaba directamente, en capas sucesivas controladas; otra, accidental, que colgaba fuera del bastidor y recogía las impresiones del taller. Al estirar la tela al tamaño completo, ambas entraban en el mismo plano. La materialidad del proceso quedaba registrada en la superficie, como tiempo sedimentado, sin jerarquía entre lo que se hizo y lo que fue azar.
En De ruidos, desbordes y otras fricciones, los restos de tela que han quedado del rollo -residuo del proceso productivo, y aquello que normalmente se desecha antes de que la obra empiece- cuelgan en la galería y enmarcan el espacio mismo. Se mueven al atravesarlos y cambian según desde dónde se mire. El residuo de la pintura se convierte en dispositivo; en una estructura flexible que toma prestada la arquitectura permanente de la sala para proponer otros recorridos, otros comportamientos, otras formas de situar la percepción. Lo que antes enmarcaba una imagen ahora parece enmarcar un volumen de aire habitado.
En la serie Desdoblados, la pintura entra en los empaques que circulan por el mundo: cajas de cartón destinadas al transporte, almacenamiento, apilamiento. La caja impone sus dimensiones, su proporción, su lógica de pliegue. Pero esos contenedores no son neutros, son formas espaciales que organizan silenciosamente nuestra relación con los objetos, nuestra manera de producir, circular y olvidar. El espacio se produce en esa relación entre cuerpos, objetos y movimiento. Al plegarse en el empaque, la pintura hace visible esa producción. El residuo aquí es más perceptivo que material; lo que descartamos antes de ver.
Lo que esta exposición propone es quizás otra forma de atención, una que se sitúa en los márgenes. Verónica trabaja con lo que produce el proceso pictórico y con lo que la obra, en su forma final, normalmente expulsa. Lo que esta muestra hace visible es eso. ¿Cuánto hay en lo que no vemos?












