Tras una estadía de tres años en Francia, el artista Luis Roldán (Bogotá, 1955) se estableció en Milwaukee a finales de los años ochenta, un periodo que resultó determinante para la consolidación de su lenguaje abstracto. En un entorno distante de los grandes centros del arte, su trabajo se volvió más introspectivo y experimental.

Las obras de esta época —varias de las cuales conforman esta exposición en La Cometa Miami— muestran una investigación sobre lo que en pintura se conoce como los grises ópticos: zonas de color donde la mezcla no ocurre en la paleta sino en la mirada, generando vibraciones sutiles que dan profundidad a la superficie. Roldán se interesó por los matices casi imperceptibles, por la tensión entre el gesto y la contención, y por cómo el color podía construir atmósferas que son a la vez materiales y emocionales.

En 1998, Roldán se trasladó a Nueva York, donde amplió su vocabulario visual y consolidó su trayectoria internacional. Sin embargo, la etapa de Milwaukee permanece como un núcleo fundamental de su obra, un momento de silenciosa madurez donde la pintura se convierte en un territorio de reflexión.