Las dimensiones de la modernización (tecnológica, organizativa y de actitudes) se asocian con frecuencia a un complejo de cambios más específicos que las sustentan —urbanización, aumento de alfabetización, difusión de comunicaciones de masas y participación política—. Pese a ser posible sostener que hay ciertos cambios que va asociados con un elevado grado de correlación, todavía está por determinarse empíricamente si la modernización es o no todo un conjunto, es decir, si los diversos elementos del complejo están sistemáticamente relacionados y en qué grado.1

Según las previsiones en el año 2050 el número de habitantes en las ciudades a nivel mundial llegará a los 6,000 millones aproximadamente, lo que supondrá tener que asumir, si no se está haciendo ya, grandes retos de sostenibilidad incluyendo, claro está, a las zonas urbanas. Al ser las ciudades las zonas con más densidad de población serán los lugares donde se va a librar la principal batalla contra el cambio climático, la sostenibilidad, la desigualdad y la pobreza.

Más allá de que los gobiernos e instituciones tengan un papel muy importante, no debemos olvidar que la empresa privada y, lógicamente, la iniciativa individual de cada uno de nosotros es, si cabe, más importante. Sin los recursos de todos los actores, la sostenibilidad será un imposible.

Por lo antedicho, es más que necesaria la cooperación de actores públicos y privados, individuales e institucionales para lograr el desarrollo masivo de nuevas infraestructuras, medidas sociales, actitudes, etcétera.

Planteamiento

Lo que nosotros denominamos la tierra es un elemento de la naturaleza inexorablemente entrelazado con las instituciones del hombre; la empresa más extraña de todas las emprendidas por nuestros antepasados consistió quizás en aislar la tierra y hacer de ella un mercado.2

Pero vayamos de lo general a lo particular hasta llegar al ámbito que nos afecta más de cerca, ¿qué pueden hacer las compañías de seguros para lograr esa sostenibilidad? Más adelante lo veremos, vamos a intentar contextualizar primero cual es el objetivo al que queremos llegar.

¿Qué es una ciudad sostenible? Muy sencillo, es un hábitat donde se tiene una adecuada calidad de vida y al mismo tiempo protege y cuida los recursos para no comprometer la vida de las generaciones futuras, manteniendo el nivel de la presente. Aunque hay quienes defienden que, por definición, las ciudades no pueden ser sostenibles, veremos que podemos hacer mucho para refutar esa idea.

Para empezar, las ciudades son más eficientes para vivir que otras estructuras al basarse en economías de escala, al tener mucha densidad poblacional poseen menores costes de vivienda, transportes y servicios de cualquier tipo. Es decir, una zona residencial de una ciudad no tiene por qué ser más ecológica y sostenible que el centro de una urbe. Todo se basa en la estructura de cada una de ellas y los accesos a bienes y servicios.

Se trata en definitiva de que los medios de transporte sean eficientes y ecológicos, que los accesos no entorpezcan la vida de los ciudadanos, que la energía que hace la ciudad «funcione» se vaya alejando de los combustibles fósiles, que haya más espacios públicos, que exista mayor facilidad y herramientas para teletrabajar, que las empresas no se alejen del centro y que no se masifiquen con excesivo presencialismo.

Todo ello hará que la ciudad sea más ecológica, que aumente la productividad, que se ahorre tiempo, que se reduca el estrés y la contaminación, que aumente la seguridad, que sean más equitativos y con la misma (mayor) accesibilidad, en definitiva, que todo redunde y aumente la calidad de vida.

Smart cities

La revolución digital aspira a disolver los problemas económicos del libre mercado privilegiando nuevas relaciones comerciales basadas en el conocimiento, la creatividad y la conectividad. También borrara de un plumazo el desastre del panóptico global.3

Dos ejemplos de esto, antes de pasar al papel de los seguros en todo esto, son las smart cities y las «ciudades de los 15 minutos».

Las smart cities son ciudades que apuestan por sistemas eficientes aplicados a sus infraestructuras, usando las tecnologías de la información y de la comunicación (TICS) como motores de esas infraestructuras. El objetivo es garantizar un desarrollo sostenible, una mejor gestión de los recursos disponibles y aumentar la participación de la ciudadanía. Además, incorpora una visión hacia el futuro, intentando que las generaciones venideras se encuentren los beneficios de las ciudades así conformadas.

Para que una ciudad sea realmente smart debe tener el 100% de la producción de energía renovable, un sistema de transporte interconectado y que incentive a las personas a caminar o andar en bicicleta, una eficiente red de transporte público, sistemas de reciclaje de agua, sensores inteligentes en sus servicios públicos, agricultura urbana, industrias dentro de la ciudad y viviendas sostenibles y de construcción verde. En España, de hecho, existe un Plan Nacional de Ciudades Inteligentes con un presupuesto de 152.9 millones de euros.

Cuando esta smart city contiene un plan de ordenación urbana que plantea organizar los barrios de manera que nadie tenga que desplazarse más de 15 minutos desde su casa para poder acceder a cualquier servicio básico, o incluso al trabajo, caminando, en bicicleta o en transporte público, reduciendo las emisiones derivadas de los desplazamientos, el gasto en energía disminuye radicalmente y se aumenta exponencialmente la calidad de vida.

A nivel empresarial, lo que se plantea es trabajar en coworking y que incluso las empresas abran pequeñas oficinas situadas en estos complejos donde los empleados más cercanos puedan hacer su jornada, siempre que no teletrabajen, claro está. Y, por cierto, dotándose de las herramientas adecuadas para poder teletrabajar. Hoy día muchas compañías se plantean la reducción del teletrabajo simplemente por una razón: desde el teletrabajo forzado por la pandemia no han incorporado herramientas para mejorarlo, potenciarlo y monitorizarlo. Es muy sencillo, si no avanzan en este sentido, quedaran retrasadas para siempre, planteándose incluso su viabilidad como compañías de futuro.

Seguros y viviendas sostenibles

Las nuevas versiones de este mismo hotel son clarificadoras. Llegas y accedes a tu habitación sin llaves. Todo va por reconocimiento facial, y la temperatura ambiente se monitoriza tomando la referencia del calor de tu cuerpo. No se debe llamar a recepción, eso se hace por un medio digital con tu teléfono que activa una aplicación al entrar al hotel.4

Pero, volviendo a las «smart cities de 15 minutos», el concepto fue originado por el urbanista Clarence Perry como un modelo más desarrollado de comunidad vecinal. La puesta al día surgió en París y ya hay ciudades europeas como Copenhague o Barcelona trabajando en su planificación.

Evidentemente, las empresas de seguros tienen mucho que decir en el desarrollo de este modelo, no sólo en proveer de seguros a todos estos riesgos, sino también de colaborar a su desarrollo y mantenimiento. Por eso, el mundo del seguro multirriesgo sufrirá un cambio, que, aunque ya empezó hace años, ahora va a ser más abrupto, para pasar de asegurar el riesgo o mantenerlo.

Y, claro está, donde de una forma más directa tendrán, lo quieran o no, un papel preponderante, ya lo están teniendo de hecho, es en ayudar a «crear» la casa del «futuro» (inmediato).

Para empezar, sin olvidar el diseño, está en un primer plano la eficiencia y la sostenibilidad que, de entrada, tiene que ver con el diseño de la casa. Una casa eficiente debe serlo desde que se planifica su construcción, tener la orientación que más eficaz la haga dependiendo de donde este situada, e incluso, que cada fachada sea de un material diferente dependiendo si le da mucho el sol, si es una zona fría, si tiene muchas horas de luz, etc., incluso proveyendo las llamadas «fachadas ventiladas». De hecho, ya existen estudios de arquitectura que tienen estos elementos para que, antes de saber cómo se va a calentar, enfriar o ventilar la casa, esta sea eficiente.

Después, es importante saber cuáles van a ser sus fuentes de energía, y no será plenamente una casa sostenible si el 100% de su energía no es renovable. Incluso hay que pensar en cómo sacamos los residuos de las viviendas, cómo es el sistema de evacuación de agua sucia y de basuras, compresión neumática de la misma, etc.

No voy aquí a repetirme con cuestiones planteadas en otros artículos sobre el Internet de las cosas (IoT), el Big Data o la Inteligencia Artificial (AI), pero si mencionaré la necesidad en estas viviendas de multitud de sensores inalámbricos que pueden analizar datos y optimizar procesos en líneas de electricidad, tuberías de agua, carreteras, otras edificaciones y, a su vez, estar interconectados con el resto de la smart city. Es decir, casas automatizadas que forman parte de un todo automatizado (smart city).

Mencionaré ahora un tipo de casa sostenible que algunos han dado en llamar «casa hobbit». Totalmente ecológicas, integradas en el paisaje —urbano, en este caso—, con materiales ecológicos y reciclados donde, al estar totalmente conectada, se climatiza poniendo la calefacción o el aire acondicionado, bajando o subiendo persianas, u otros cierres y accesos, autónomamente e, incluso, poniendo una iluminación adecuada para el momento del día que sea, el periodo del año, etcétera.

Es decir, no solo hablamos de programar nosotros mismos nuestra vivienda, sino de que la misma vivienda sea inteligente y se gestione mejor de lo que nosotros lo haríamos.

Una vez visto todo esto, volvemos a la pregunta de qué pueden hacer las aseguradoras y los servicios de asistencia en este contexto. Muy sencillo, proveer a los asegurados de los medios materiales y de servicio para poder tener «a mano» este tipo de servicios que, por supuesto, en primer lugar, pasan por un buen asesoramiento.

Claro está que no será posible «hacer desaparecer» a todas las viviendas existentes para hacer un reset del parque inmobiliario. Ahí es donde deben las compañías de seguros entrar a ayudar, aconsejar y hacer posible. Cosas como tener un buen aislamiento en la vivienda, facilitando herramientas o materiales para que esto sea posible, aislando cada parte de la casa con un material diferente, si fuese necesario. Instalar fuentes de energía que utilicen combustibles naturales, colocar sistemas de acumulación de agua caliente que mejoren le eficiencia de los existentes, adaptar los sistemas de iluminación para, no solo ahorra energía, sino para mejorar en confort, etcétera. Y es que debemos acostumbrarnos a la idea de que absolutamente todo puede ser automatizado.

Por cierto, si queremos saber que una vivienda es más o menos sostenible, podemos intentar certificarla como vivienda ecológica. Hay varias instituciones a nivel mundial que se ocupan de esto. Las más prestigiadas internacionalmente son Passivhaus, del Instituto alemán de Edificación y Medio Ambiente, Liderazgo en Diseño Energético y Ambiental (LEED) de Estados Unidos, Minergie de Suiza, el Método de evaluación y certificación de la sostenibilidad de la edificación (BREAM) del Reino Unido, el Estándar de Alta Calidad Ambiental (HQE) de Francia, la Certificación Verde Green Building Council España (GBCe) de España.

Como conclusión y, aunque no lo creamos, lograr que nuestra vivienda convencional sea poco a poco una smart home no es tan complicado, y en este ámbito las compañías aseguradoras tienen mucho que decir y mucho campo que explorar para mejorar la experiencia de cliente de sus asegurados.

Notas

1 Bill, J. A. y Hardgrave, R. L. (1992). Modernización y desarrollo político en: Carnero Arbat, T. (ed.), Modernización, desarrollo político y cambio social. Madrid: Alianza. p. 126.
2 Polanyi, K. (1989). La gran transformación. Critica al liberalismo económico. Madrid: La Piqueta. p. 289.
3 Rendueles, C. (2013). Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital. Madrid: Capitán Swing. p. 35.
4 Vidal, M. (2019). La era de la humanidad. Hacia la quinta revolución industrial. Barcelona: Deusto. p. 123.