Soy hijo de ese paisaje, porque siempre ha
estado ahí. Siempre ha estado ahí, con esas
ondulaciones, colinas, acantilados, montañas,
lejos o cercanos.

(Balthus)

En el paisaje más hermoso del mundo, donde
Ariosto hubiera enloquecido de alegría al verse
recreado con tanta inocencia de robles, cerros,
aguas y barrancos.

(Pasolini)

En una época que era real (o que parecía serlo) el verano del sano 2004 Paolo y yo llegamos a la Tuscia, pasando nuestros fines de semana en el poblado de Blera. Y fue justo ese 15 de agosto —el famoso Ferragosto italiano— que se inauguró la edición cero del festival de Blera, dedicada al primer amor. Aquí, en el Alto Lacio, una región amada por artistas internacionales.

Entre la escritura y la fotografía, así bautizaron al festival, del que fui comisario. El primer amor es una especie de nueva ventana a la vida y por ello dedicarle un entero evento parecía un buen augurio para nosotros.

El festival pretendía dar un nuevo impulso a estos espacios, queriendo crear un pequeño pero significativo polo cultural. Su contrapunto fue su compromiso contra la instalación de una antena de la RAI en la zona de Terzolo, zona rural todavía esta en estado natural, que corría el riesgo de una contaminación muy grave por ondas medias, perjudiciales para la salud del paisaje y de sus habitantes.

Fue la edición Cero y ahí se quedó. Pero sentimos que otros rumbos nos esperaban. Decidimos dejar la antigua Roma definitivamente después de una década de vivir en medio de ese hermoso caos.

Nos fuimos a vivir al Palacio Mazzatosta de Viterbo, historia visible de un pasado en el que la belleza y la función se unieron en una asociación perfecta. Nos pareció que representaba el camino a seguir para recrear el espíritu que durante las últimas 3 décadas llevó a grandes artistas de todo el mundo a amar la Tuscia.

Hablaba de esto con el histórico galerista Alberto Miralli cada vez que venía a Viterbo. Nunca he conocido a nadie que amara tanto este territorio como Alberto, sin dejar de ser extremadamente crítico. Logró perfilar una serie de lugares, algunos reales, otros simbólicos, vinculados al paisaje. Notable.

Al organizar exposiciones aquí, Donatella Valori no pudo hacer mejor que dotar al mundo del arte de un poco de didáctica. Realizó exposiciones de artistas en los castillos vecinos, explicando cómo evoluciona el arte gracias a un encuentro tácito que se produce entre maestro y alumno, entre una corriente artística y la otra. Coincidentemente, Donatella era la dueña de la casa de la que me hice cargo años después de su desaparición y donde decidimos vivir.

Traté de ver a través de la visión de Alberto y Donatella, de mirar alrededor. Tuscia, el valle de la Teverina, todo el Alto Lacio, donde los más jóvenes y menos jóvenes se ven obligados a arrastrarse a las grandes ciudades, ora a buscar salida en localidades más hospitalarias y proclives a dar espacio a sus inteligencias; inteligencias con el potencial de dar visibilidad y construir una tradición para este territorio.

Miré los lugares donde vivían los artistas, los imaginé sentados en el bar de Celleno, en Civitella d'Agliano para hablar de arte, bajo el Castillo de Balthus admirando los afrescos, en la torre de Chía escribiendo poesía, teatro, cine, en Bomarzo investigando e imaginando novelas.

El 2014 nos mudamos a Sipicciano, una fracción del Municipio de Graffignano con alrededor de mil habitantes. Enamorarse fue sencillo, la belleza del valle con sus montañas recortadas asomando el horizonte, los Calanchi, su parque, la historia que se respira paseando por el pueblo, nos convencieron, en poco tiempo, de que habíamos llegado a casa.

Aquí en Sipicciano hay una antigua torre de piedra de origen medieval. El edificio es particular y se distribuye en tres niveles. Durante unas tres décadas sirvió para la distribución de energía eléctrica, por lo que se le conoce como Torre Enel o Ex Torre Enel. Por ello se la adaptó a través de infraestructura industrial tecnológica como se puede apreciar en las fotografías de época que muestran el tendido de los cables y en los restos de material eléctrico que aún existen en el interior de la torre. Posteriormente tuvo un período de desuso y abandono. El edificio también es ilustrativo de las diferentes técnicas de construcción de los distintos períodos por los que pasó: piedra, ladrillo, hormigón. La renovación actual es una nueva capa que aplica técnicas contemporáneas, esta vez con el objetivo de convertirla en un museo y un espacio de residencia de artistas. Compramos la torre en 2020.

No obstante, tardamos dos años en encontrar a alguien que pudiera recuperar la torre. La flamante ley 101—que fusionó 2 viejos subsidios para intervenciones específicas de eficiencia energética y medidas antisísmicas en los edificios, esta vez contribuyendo con el 110% de los gastos— tuvo tal acogida, que inmediatamente se volvió imposible encontrar a alguien disponible para trabajar en la torre.

In extremis, el 9 de marzo de 2023 recurrí a la aleatoriedad de Facebook:

-Nosotros: ¿Algún constructor entre los chilenos que necesite trabajar?

-Él: Hola, soy maestro albañil, llego a Italia el día 15 marzo. Pueden contar conmigo para trabajos pesados ​​o finos, soldadura, plomería, electricidad.

-Nosotros: ¿Dónde estás ahora?

-Él: En Chillán en mi casa. Tengo el vuelo el día 12, pasado mañana. Llegada a París. ¿El 15 de mayo más o menos sería la fecha de término?

-Nosotros: Mira, necesito hacer esto.

-Él: ¿Un pozo falso?

-Nosotros: Exacto. Ladrillo a la vista.

-Él: Aquí en Chillán se usan para esconder la bomba de agua o el equipo de la piscina (…) Tengo 35 años y necesito emigrar.

(Días después.)

-Él: Don Antonio, ya tengo las pasajes para Alviano, vengo de Florencia.

Hoy, la antigua Torre Enel se ha transformado, despertando su esencia medieval e industrial, para convertirse en un ícono del arte y la creatividad contemporáneos. El MicroMuseo de Arte Contemporáneo de la Tuscia, un lugar que combina electricidad, visiones artísticas y zeitgeist.

El proyecto concibe de manera original la elaboración conceptual de la relación entre la electricidad y las artes visuales contemporáneas, con el fin de provocar una reflexión actual a partir del encuentro de ambos elementos, materializados en la antigua torre de distribución eléctrica de la ciudad.

El objetivo impuesto es revivirlo dándole una nueva y brillante existencia, creando un MicroMuseo capaz de contribuir desde aquí a ese polo artístico y cultural que inspirado en la huella dejada por grandes artistas en este territorio: Balthazar Klossowski de Rola (Balthus), Enrico Castellani, Pier Paolo Pasolini, Cy Twombly, Carmen Gloria Morales, Roberto Sebastián Matta, Paul Wiedmer.

El primer artista que pensamos no podía ser otro que Iván Navarro (Santiago de Chile 1972), un artista que ha hecho de la luz su firma. Navarro utiliza la luz como materia prima, transformando objetos en esculturas eléctricas que modifican el espacio expositivo a través de la interacción visual. Entonces, ¿qué mejor que invitar a un artista como él a inaugurar esta experiencia?

Su obra es ciertamente lúdica, pero también se caracteriza por las ideas de poder, control y confinamiento. Sus instalaciones nos devuelven el misterio y el valor simbólico de la energía ancestral. El artista da a luz y desarrolla la poética de su obra, que utiliza como herramienta y guía para el observador; por tanto, la electricidad y también el sonido se convierten para Navarro en símbolos de la construcción del Poder: la realidad de nuestra experiencia se confronta así con el artefacto ilusorio y la ficción creada por el artista en busca de hipótesis que respondan a nuestras preguntas, sugiriendo diferentes salidas más allá de la apariencia de las cosas.

Fue así que el 30 de junio de 2023, el MicroMuseo abrió sus puertas al público con la obra site-specific Eccidio de Iván Navarro.

Los soñadores pueden mover montañas. La referencia es a Fitzcarraldo de Werner Herzog, una película de 1982. Es el retrato realista de un gran sueño, construir un teatro de ópera en Iquitos, un pequeño pueblo amazónico aislado del resto del mundo, para una presentación del famoso tenor Enrico Caruso.

Nuestro sueño es el MicroMuseo de Sipicciano, al que te invitamos a entrar, para sumergirte en esta unión entre la electricidad y el arte contemporáneo. Esta Torre es un homenaje a nuestra comunidad y a la energía que nos une.