Si te dijeran que hay una vía para cumplir tus objetivos pero solo tiene un 2% de éxito, ¿la tomarías? Porque, a pesar de que las estadísticas, estudios y evidencia científica muestran en abundancia que las dietas no funcionan, aún alrededor del mundo se estima que un 70% de la población, especialmente femenina, ha hecho dietas alguna vez. No obstante, el 98% de las dietas fallan, tienen efecto rebote o no sostienen resultados a lo largo del tiempo.
Entonces ¿por qué siguen siendo tan utilizadas? Porque lograron algo que el marketing consideraría un tesoro: convencieron al público de que deben pagar para hacer algo, y que si no funciona es culpa de ellos mismos y no del producto que compraron.
Vamos al centro del asunto, ¿por qué no funcionan? Primero porque las dietas se basan en un concepto temporal, siguen la idea de que uno cambia su forma de alimentarse durante un período determinado y listo, pero el cuerpo que tenemos es consecuencia de nuestros hábitos, por ende, si los cambiamos por un período, sea cual sea, en lo que volvamos a nuestros antiguos hábitos el cuerpo volverá a ser como era. Pero el problema es un poco más complejo que eso.
La mayoría de las dietas que se han instaurado en la sociedad no son dietas conscientes que incluyan cambios de hábito consistentes y ofrezcan una nutrición adecuada. La mayoría son dietas que obligan a la persona a comer muy pocas calorías, muchas menos de las que necesita, con una alimentación, en general, deficiente, que no permite a la persona estar nutrida y satisfecha, lo que conlleva a que tenga hambre y la industria de las dietas no falle en decirle que si tiene hambre es un problema de fuerza de voluntad.
Las personas tenemos una tasa metabólica basal, que es la cantidad mínima de calorías que necesita el cuerpo para funcionar, y si comemos menos este no tiene cómo cubrir las funciones básicas y empieza a acumular grasas, porque es una reacción de supervivencia: el cuerpo asume que no tenemos suficiente acceso a comida y por ende hay que guardar. Esto, por supuesto, logra el objetivo opuesto al que se busca.
Entonces, ¿por qué las personas bajan, aparentemente, de peso con estas dietas de muy pocas calorías? Porque allí tenemos que hablar sobre composición corporal. El objetivo para mejorar la salud y bajar tallas de ropa no se trata de perder peso sino de perder grasa. Hay personas muy delgadas que tienen altísimos porcentajes de grasa. El estado ideal de salud de un cuerpo es tener un nivel controlado de grasa y un alto nivel de masa muscular. Entonces, el problema de las dietas de muy pocas calorías es que no te hacen perder grasa, te hacen perder agua, y perder agua hace que la balanza se mueva hacia abajo pero no cambia de forma significativa absolutamente nada.
El 100% de las dietas “mágicas”, esas que prometen bajar mucho peso en poco tiempo, lo que hacen es deshidratarte para que la balanza baje. Y durante ese período afectas tu rendimiento, tu nutrición y además puedes tener un efecto rebote significativo, porque el cuerpo no está diseñado para tener poca comida o poca hidratación, y cuando lo hace entra en una suerte de modo de emergencia que logra justamente el efecto contrario.
Pero hay dietas que no funcionan con hambre sino controlando de forma consciente las calorías que ingieres, y en esos casos los resultados son menos peligrosos y más consistentes, pero siguen sin poder sostenerse a largo plazo. Primero porque están diseñadas para vidas que no tenemos, para entornos idealizados en los que siempre tenemos absoluto control de todo lo que comemos, no salimos, no comemos afuera y no hacemos ningún tipo de vida social. Estas dietas, además de ser insostenibles por mucho tiempo, se basan en la restricción, y siempre que hay restricción eventualmente el cuerpo busca una sobrecompensación.
Por otro lado, las dietas son uno de los principales causantes de trastornos alimenticios en el mundo. Por varios factores: primero generan la idea de que el cuerpo siempre es un proyecto en curso, algo que hay que mejorar y trabajar. Promueve una mala relación con la comida, una donde existen alimentos “buenos” y “malos”, donde si no se sigue un programa se debe sentir culpa y donde existen prohibiciones y no una verdadera promoción de alimentos saludables.
Por otro lado, no existen dietas universales. Hay recomendaciones generales sobre porciones y balance de platos, pero una mujer sana de 20 años que hace una vida activa no puede necesitar la misma dieta que un hombre de 40 con problemas de tiroides que hace una vida sedentaria. Hay muchos elementos a considerar para diseñar una alimentación que sea adecuada a cada persona y por ende si una dieta le funciona a alguien que conoces no significa que te vaya a servir también.
Globalmente, cuando se estudian las sociedades que tienen mejor control de salud en cuanto a las comidas no son las que hacen más dietas, son las que tienen mejores hábitos, y donde estos son establecidos como categoría cultural. Países que incorporan el ejercicio en sus ciudades, que normalizan hacer una vida más activa a todas las edades. Que priorizan comidas reales por encima de las procesadas, que no se basan en restricciones sino en el disfrute de platos balanceados, completos y deliciosos. Que tienen leyes que obligan a las industrias alimentarias a hacer mejores alimentos y que la cultura en torno a la comida es de disfrute y no de dificultad.
Entonces, ¿qué es lo que realmente funciona? Hacer cambios de vida, no concentrarse en bajar 10 kilos para entrar en una ropa específica sino concentrarse en hacer una vida más activa, en mejorar la musculatura, en incorporar alimentos saludables en lugar de intentar quitar o restringir los menos saludables, en armar platos equilibrados, con proteínas de calidad, frutas, verduras y carbohidratos complejos, comer de forma consciente pero no restrictiva, y con un enfoque a largo plazo que tenga asidero en la salud y en los beneficios que trae una alimentación sana para la vida. Es muy distinto hacer una dieta de dos meses para entrar en un pantalón que comer saludable y balanceado el resto de tu vida para sentirte bien, y poder tener energía para lograr lo que quieras.















