La Galería Hilario Galguera se complace en presentar la exposición Profundo México de los artistas mexicanos Gilberto Aceves Navarro (1931) y Daniel Lezama (1968), la exhibición explora la identidad nacional como una construcción mítica y territorial que une a dos generaciones fundamentales de la plá stica mexicana. Este encuentro propone una lectura del “México profundo” no solo desde su geografía física, sino como un espacio psíquico donde el paisaje, el cuerpo y el origen se entrelazan. La muestra establece un diá logo entre la síntesis gestual y la densidad simbólica, revelando las capas de una realidad que es, simultáneamente, histórica y contemporánea.

La labor de Gilberto Aceves Navarro se distingue por un trazo liberado y una energía cromática que captura la vitalidad del entorno, permitiendo que la forma surja del movimiento puro y la intuición. En contraste, Daniel Lezama construye una narrativa figurativa cargada de simbolismo y realismo psicológico, donde los elementos cotidianos se elevan a una categoría de arquetipo. Mientras Aceves busca la esencia a través de la síntesis y el ritmo, Lezama profundiza en la materialidad y la memoria, ofreciendo una visión del país que es a la vez fértil, cruda y trascendente.

El cuerpo de obra, compuesto por más de treinta piezas que transitan entre la pintura al óleo, el acrílico, la acuarela y la escultura en bronce, traza un mapa físico y alegórico de gran envergadura. La exposición recorre desde la vibración urbana de la calle de Génova y la mística ancestral de Monte Albán en las manos de Aceves Navarro, hasta los paisajes húmedos y cargados de memoria de Los jardines de Cuernavaca de Lezama. Este diálogo se vuelve especialmente íntimo en las interpretaciones del mito de Adán y Eva, donde ambos artistas reinterpretan el génesis desde una perspectiva local y descarnada: Aceves a travé s de la luz y la referencia a los grandes maestros, y Lezama mediante la representació n de una infancia que habita la tierra como si fuera el primer escenario del mundo. La inclusión de bronces como la Mujer-hongo o la Niña árbol expande esta visión hacia la materia táctil, recordándonos que el México profundo es también una entidad de bulto, peso y raíces enterradas.

La exhibición consolida el diálogo entre estos dos artistas como un testimonio de la evolución y vigencia de la pintura en el país; subraya cómo el arte mexicano continúa explorando sus raíces para generar nuevas lecturas sobre el territorio y sus mitos. Es, en esencia, un reconocimiento a la capacidad de la plástica para dar forma a la identidad colectiva a través de dos de sus lenguajes más potentes.