Anat Ebgi se complace en presentar una exposición de nuevas obras de cerámica e instalaciones del artista mexicano Alejandro García Contreras. La exposición, titulada Un río abrazando una montaña, es la primera individual del artista en la galería. Se exhibirá en 1650 Wilshire Blvd, Los Angeles, del 21 de febrero al 4 de abril. La recepción de apertura se llevará a cabo el sábado 21 de febrero de 5 a 8 p.m.

La obra creativa de Alejandro García Contreras está motivada por un diálogo entre los procesos materiales y técnicos. Sus experimentos están llenos de, y a veces formados de, iconografía simbólica que incluye flechas llameantes, espadas, serpientes, huesos y cristales. Las figuras femeninas que pueblan muchas de las obras se leen como diosas o ángeles; encarnan un poder femenino de naturaleza dual – oculta y divina – envuelto en llamas, alado, gloriosamente desnudo.

La exposición se organiza en torno a una paradoja central: un río abrazando una montaña. Esta imagen propone que lo que se mueve rodea a lo inmóvil, lo suave envuelve a lo duro y lo que fluye se adapta a lo que permanece. En la obra de García Contreras, el abrazo y la erosión se encuentran en una negociación silenciosa de fuerzas opuestas. La montaña impone su presencia y el río responde con continuidad.

Las formas verticales y ascendentes se leen como montañas: lugares de ley, adoración y arquitectura sagrada donde el velo entre el cielo y la tierra es más fino. Los esmaltes fundidos proliferantes fluyen y remodelan picos inmóviles, depositando minerales y nutriendo criaturas míticas. El artista profundiza en esta dependencia mutua, describiendo estos abrazos como algo más que un gesto: “El río y la montaña, a veces, crean un paisaje de vida. Es un acto de amor, una escena sensual entre lo que desciende y lo que resurge, eterno y trascendente. Al acariciarse, se encuentran, formando un solo paisaje.”

Las formas de bandeja, Las damas y el unicornio y Un río abrazando una montaña extienden la metáfora horizontalmente, presentando cuerpos en reposo dentro de paisajes ecológicos y míticos, donde figuras, animales y minerales coexisten sin disolverse en la monotonía. García Contreras sitúa el erotismo relacionalmente, como una negociación entre la diferencia y la continuidad. La escultura en el capelo de vidrio, titulada Maetel, pasajera de mi memoria, encierra a una mujer encapuchada con largo cabello rubio. Ella se mantiene en una calmada confidencia pero contenida, animada por estas fuerzas equilibradas.

La práctica de García Contreras de combinar elementos da como resultado formas sugerentes que exploran lo divino, lo profano, lo mágico, lo erótico y lo femenino, así como varias dimensiones tabú del propio inconsciente del espectador, promoviendo el descubrimiento de un nuevo sentido de la divinidad a través de ídolos contemporáneos. La obra del espejo, rodeada de flechas de cerámica en llamas, implica directamente al espectador: un disco solar que intensifica el encuentro, una efigie ardiente del yo. La galería se convierte en una matriz de flujos de energía intensificados por flechas en llamas suspendidas, dirigidas hacia el espejo suspendidas del techo. Instalada directamente en la pared de la galería, una telaraña hecha de pequeños eslabones de cadena está adornada con dijes y piedras preciosas. La obra propone un microcosmos de arquitectura invisible y equilibrio psíquico.

A través de sus proyectos artísticos, García Contreras explora temas inspirados en la cultura popular contemporánea, el folclore, los mitos, el ocultismo y la religión. El artista creció en Chiapas, México, una región conocida por su proximidad a la naturaleza y sus arraigadas tradiciones místicas, indígenas y esotéricas. De joven, experimentó con la magia y lo oculto. Su obra explora el inconsciente, proyectando códigos y elementos que lo habitan, recordando que el arte, en su día, funcionaba como la creación de objetos mágicos que representaban la vida y la muerte. La exposición propone un mundo moldeado por una aceptación lenta y transformadora de la diferencia.