Cuando yo era niña, subía al techo de mi casa para observar el cielo fijamante: esperaba que una cosa extraordinaria aconteciese…una nave espacial…quería ver extraterrestres... tenía tantas ganas. Es en este espíritu que concibo mis pinturas.
(Rita Fischer)
Mi boca quiere pronunciar, el silencio.
(Virus)
Xippas Punta del Este presenta Intemperies, una exposición que reúne la producción más reciente de Rita Fischer. Esta nueva individual en la galería está integrada por obras realizadas en múltiples soportes como son las placas de madera, el papel y las más recientes, donde retoma la tradicional tela sobre bastidor.
Estas pinturas continúan explorando los espacios de la ambigüedad y la incertidumbre. Aunque ciertos elementos visuales o la presencia de algunas formas puedan sugerir una renovada posibilidad de representar la naturaleza, el paisaje o la espesura del monte criollo, nuevamente nada parece realmente confirmar esa voluntad figurativa.
Todo ese despliegue exuberante de formas y colores nunca termina de conformar elementos que puedan sugerir una narrativa que de alguna forma podamos desentrañan o analizar.
Estas obras parecen replegarse sobre sí mismas, absorbiendo todas las palabras que las intenten describir, y a la vez proyectan una forma de belleza que el lenguaje es incapaz de verbalizar.
Aunque la artista continúa explorando en la materialidad de estas pinturas, el uso de la antigua técnica del temple le permite generar una superficie sutilmente mineral y a la vez proyectarse como una metáfora sobre la búsqueda infatigable del equilibrio, todo lo que estas obras muestran, escapa al lenguaje escrito.
Las pinturas realizadas por Rita Fischer en estos últimos años se proyectan como una promesa natural: en el futuro inventaremos un nuevo lenguaje que contenga los sinónimos más precisos y ecuánimes.
En ese sentido, quizás todo lo escrito hasta este momento parece un vano ejercicio de retórica, sin embargo, para no abandonarnos en la derrota y en la impotencia de la escritura, recordemos una fórmula de Michel Foucault que dice: la relación del lenguaje con la pintura es una relación infinita.
Para subsanar una incapacidad del lenguaje con relación a estas pinturas, acudimos una vez más a la tradición igualmente inagotable de la écfrasis, donde todo es pura ficción narrativa.
Así, este texto podría terminar por un principio: la profunda y hermética belleza de estas obras se proyecta como un ofrecimiento infinito: un universo donde la belleza (moralmente) perfecta es ecuánime, porque es la imagen perfecta de la naturaleza, es decir la de la geografía biológica, donde vida y muerte están eternamente enredadas y la cultura y su lenguaje destructor, no puede entrar.
Un espacio indefinido, sin cielo ni tierra, habitado por la pulsión infinita de la existencia que se renueva sin cesar, ofreciéndonos de esta forma, la última experiencia de lo Sublime.
La naturaleza como una divinidad déspota y humilde, que eternamente nos espera en silencio.
(Texto de Manuel Neves)












